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    Una esperanza de vida mejor

    El 5 de agosto de 2016, Carola Olavarría puso los cimientos de Mamá Cultiva, Paraná. Fue después de participar de una charla para interiorizar sobre los usos del cannabis medicinal. Hoy, a esta asociación acuden no sólo madres, sino personas que tienen alguna patología y encuentran en el aceite de cannabis un alivio a sus padecimientos o al de un ser querido.

     

    Gabriela Gómez del Río / [email protected]

     

    Carola Olavarría tiene 39 años, nació en La Plata pero vive en Paraná desde los 6 años. Es mamá de mellizos, Máximo y Valentino, de 18; y de Abril, de 16. Su hija padece Síndrome de Rett, una enfermedad genética, y es la razón por la que en agosto de 2016, Carola fue invitada a participar de una charla para conocer los beneficios del aceite de cannabis en tratamientos medicinales. De ese encuentro surgió Mamá Cultiva Paraná y luego en distintos puntos de la provincia.

    Al mes siguiente, esta mamá había depositado sus esperanzas de mejorar la calidad de vida de su hija, en un gotero que le habían regalado. Mientras tanto, Carola iniciaba el cultivo de sus primeras semillas entre el miedo y las esperanzas, por estar haciendo algo que era ilegal y por lo que podía llegar a ir presa; pero a la vez, animada por los efectos que lograban esas gotas de aceite en Abril.

    Durante el diálogo con MUY, Carola dijo: “Cuando conocimos el cannabis medicinal fue mágico. Abril ya no nos miraba, no se movía, era como tener una planta en la casa, y cuando comenzamos, a los días empezó a comunicarse de nuevo”.

    Carola Olavarría, referente de Mamá Cultiva Entre Ríos. Fotos: Juliana Faggi.

    –¿Cómo llegaste a conocer los beneficios del cannabis medicinal?

    –Abril tiene Síndrome de Rett, es genético y recién a los tres años tuvimos el diagnóstico. Mientras tanto, desde los tres meses hasta el día de hoy hizo terapias e iba a la escuela, siempre fue tratada.

    Yo desconocía completamente el beneficio del cannabis. Fui a una charla invitada por la abuela paterna, y empezamos con toda la travesía durante todos estos años. Me empecé a interiorizar, a buscar más información, a juntarnos entre madres.

    El cannabis medicinal nos cayó del cielo. Yo no conocía ni la planta de cannabis, lo que era una semilla, tuve que aprender a cultivar, empezar desde cero y mientras tanto, porque el cannabis medicinal tiene un proceso de nueve meses, prácticamente una planta regular hasta la cosecha. Aprender a hacer todo, a hacer aceite, viajar porque había talleres en otros lugares. Acá no había mucho, entonces era interiorizarse, ver cómo podíamos ayudar a otro, conseguir semillas que ni siquiera las conocía.

     

    De esa charla en la que participó Carola, surgió Mamá Cultiva en Paraná, el 5 de agosto de 2016. “Estaba Carolina Gaillard (diputada) y un equipo médico; y también contábamos con el testimonio de Mamá Cultiva en el país. La gente necesita no solamente que nos hablen de la parte científica, sino también de los efectos que causa en la persona”.

    –¿Después de esa charla, cómo continuó el tratamiento con Abril?

    –En septiembre de 2016, ella comenzó el tratamiento con un gotero que me donaron desde Buenos Aires. Lo primero que noté fue la conexión, que era lo que nosotros queríamos, y las convulsiones cesaron un montón, no se le terminaron porque no se curan, pero son más esporádicas y la recuperación es más rápida. Ya van seis años de ese tratamiento.

     

    –¿Qué pasó cuando volviste a un consultorio médico con Abril?

    –Cuando volvimos en diciembre con su neurólogo, Solana Silveyra, le hizo un electroencefalograma y salió normal, el mejor en 11 años en ese momento, y él la alentó a que continuara. Es más, desde ese momento empezó a acompañar a los pacientes con el tratamiento y estas terapias.

    Nosotros fuimos al médico a decirle: “Mirá esto, este gotero le está haciendo perfecto, yo la veo bien”.

     

    –Del boca en boca para replicar tratamientos con cannabis que funcionaban en otras personas…

    –Claro, antes el médico era el que te decía: “Dale esto”, acá nosotros fuimos y dijimos “es esto”.

     

    –Un largo camino que no debe haber sido fácil en sus comienzos…

    –En ese momento era todo tabú. La neuróloga que la atendía no estaba de acuerdo, así que fue una decisión más que nada personal. No fue fácil durante diez años. Abril siempre tomó un anticonvulsivo, después se le cambió porque el organismo hace acostumbramiento. Cuando empezó con la neuróloga estuvo mal medicada, y se le acrecentaron muchísimo las convulsiones, la epilepsia y la conducta de ella. Empezó a disociar, a desconectarse, a estar agresiva, a autoagredirse, dormía muchísimo, babeaba, se lastimaba.

    Cuando conocimos el cannabis medicinal fue mágico, porque ya no nos miraba, no se movía, era como tener una planta en la casa prácticamente, muchas horas al día. Tuvimos que sacarle la medicación convencional porque era adictiva, nos llevó un mes casi con abstinencia. Empezamos con el cannabis y a los días ya había dejado de babear, empezó a comunicarse de nuevo, una cosa que antes hacía pero que por la medicación había dejado de hacer. Tuvimos que “sacarnos el chip”, sobre que los médicos siempre tienen la razón o que todo lo que digan se debe tomar al pie de la letra, cuando la que convive las 24 horas del día sos vos, y podés tomar una decisión teniendo en cuenta qué querés para tu hija.

     

    –Unos primeros momentos al margen de la ley…

    –Era no sólo de dónde saco el aceite, cómo lo consigo, sino también hablar de la legalidad en ese momento, porque nosotras estábamos cultivando algo que era ilegal para todos, y podíamos ir presas si alguien nos denunciaba. Entonces, fue rarísimo y empezamos con la lucha en octubre de la Ley de Cannabis Medicinal, que se sancionó. Fui al Congreso para la sanción, estuve ahí participando como representante de las mamás porque era la que podía viajar.

     

    La Ley

    La Ley 27.350, aprobada por la Cámara de Diputados el 6 de mayo pasado, autoriza el uso terapéutico y paliativo del cannabis.

    –Llegaron a la tan ansiada Ley de cannabis medicinal…

    –Pedimos la Ley de cannabis medicinal, pero no estábamos pidiendo permiso, estábamos haciendo esto y necesitábamos esta ley porque no nos queríamos esconder. Nosotros no estábamos pidiendo una autorización, pedíamos una legalización, que era la diferencia. Hubo muchos proyectos durante muchos años sobre la marihuana, pero nunca de la parte medicinal, siempre fue de la parte recreativa.

     

    –¿Qué es lo que están pidiendo ahora que ya está la ley?

    –Todavía sigue habiendo allanamientos con personas que tienen el Reprocann (Registro del Programa Cannabis), sigue habiendo detenidos, buscamos que eso no suceda. Si bien no está abierto para que todo el mundo cultive, ni lo recreativo para consumir y solamente lo medicinal, todavía hay muchas cosas por hacer. Te limitan a nueve plantas en flora, pero te agarra un hongo en seis plantas y te quedaste sin la medicación de todo un año. Aparte siempre estás ayudando a alguien, siempre tenés un familiar, un amigo, un conocido que necesita de forma urgente, aceite. Más en casos extremos, como son los de la parte oncológica, que los ayuda muchísimo en cuanto a la quimio y a los rayos X.

     

    –¿Qué consideran que tendría que contemplar la ley?

    –Una legalización absoluta, no todo el mundo puede acceder al Reprocann. No todos los médicos quieren firmar, porque cuando esto sucede te reprochan que es la autorización para cultivar en tu hogar. Hay un trámite que se hace a través del médico que tiene que inscribirse en la red, y vos vinculás a tu médico con el paciente. Hay una vinculación que a veces no sucede porque el médico no lo quiere hacer, entonces tenés que buscar por otro lado, que sucede muchísimo, un médico cualquiera, le contás y accede, si le pagás.

    Además, pedimos que el cannabis medicinal esté en la currícula de la facultad, por ejemplo, de salud, en enfermería, como una materia para que ya salgan con esos conocimientos.

    Solidaridad

    –Una luz de esperanza para un montón de gente que se acerca a Mamá Cultiva…

    –Sí, se podría decir, pero uno lo que trata es de ayudar a la persona que lo necesite, de explicarle y de estar a disposición por si necesita algo. Uno busca la forma de ayudar, ya sea en las reuniones o en forma virtual, como nos pasó en la pandemia.

     

    –Aprender a cultivar, a hacer aceite y cremas, ¿cómo evaluás el resultado?

    –Resultó bien, no todas las semillas que ponemos crecen. Tuvimos que aprender a diferenciar el macho, la hembra, saber por qué se nos morían, qué pasaba con el calor, el verano, conocer la cepa. A saber que hay diferentes semillas y que cada una responde diferente en los organismos. Entonces, si ya sé cultivar, empezamos a hacer las reuniones para que otras personas se pudieran acercar. En su momento, se hablaba solamente de las mamás con los chiquitos peleando por la ley, pero nos dimos cuenta que en realidad ayuda a muchísimas patologías más, como la fibromialgia, a las personas oncológicas, la artrosis y la artritis, así como muchísimas cosas que abarca hasta la migraña.

    A los talleres va mucha gente, que no sabe ni dónde conseguir semillas, como nos pasaba a nosotros. Hoy con las nuevas leyes, con el banco de semillas, la actividad se abrió más y los médicos acompañan más también. Hace seis años nadie quería acompañar, tenían mucho miedo y desconocimiento.

    El cultivo, una terapia

    –¿Cómo te llevás con el cultivo?

    –Es una terapia para los que cultivamos, porque desde el momento en que la semilla brotó, germinó, empezás a controlar que crezca todo. Al principio era una locura, era levantarme y estar mirándolas, que las hojitas, que la tierra, que no le falte agua. No solamente hacemos aceite de cannabis, también hacemos lo que es crema. Hay gente que tiene un dolor focalizado, por ejemplo, una cirugía de rodilla, el ciático, o sea, no necesitan consumir.

    Con los talleres ayudamos a que las personas puedan empoderarse para que no dependan de otras personas. Nosotros sabemos de la calidad de la planta cuando uno cultiva, no le vas a poner nada que pueda impedir que tenga sus nutrientes, que perjudique a la persona que después lo va a consumir, en mi caso mi hija.

     

    –¿Cuánto tiempo demanda desde que se planta la semilla hasta la obtención del aceite?

    –Desde que vos ponés la semilla como diez meses. Es un montón, pero siempre tratamos de que cuando cosechemos, tengamos para diez meses. Esta por ejemplo, entro en flora porque está un poco confundida, –explica Carola, señalando unos pequeños cogollitos de la planta, que está sobre la mesa del comedor.

     

    –¿Quiere decir que está un poco confundida?

    –Como hace mucho calor, ella cree que ya está en tiempo de flora porque empieza a tener más horas de luz solar. En cambio esta otra, –dice Carola mientras muestra una segunda planta–, está más orientada. Cuando estén esos cogollitos que se van a cerrar. chiquitos maduran, los corto y la planta revegeta y me vuelve a dar una cosecha más, por la época en la que estamos. Después, esta planta ya está, cortamos y listo.

     

    –¿Por qué recomendarías el cannabis medicinal?

    –Hay que acercarse a buscar información, animarse a cultivar porque no solamente ayuda a muchas patologías, ayuda muchísimas cuestiones de salud. En cuanto a la conducta, el autismo, la ansiedad. Nos ha pasado que ha venido gente del psicólogo, el psiquiatra, que les han aconsejado buscar aceite de cannabis antes de utilizar una medicación fuerte. Te va a ayudar a relajar, a dormir, a descansar, a estar más tranquilo.

     

    Para más información

    Mamá Cultiva cuenta con 60 miembros en Paraná, que se reúnen y participan de distintas actividades que se difunden a través de Facebook. Para contactarse a través de la red social, Mamá Cultiva Entre Ríos.

     

     

     

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