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viernes, diciembre 2, 2022
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    La batería, desde donde la ciudad agazapaba su defensa

    Donde termina y empieza Alameda de la Federación, sobre la barranca-balcón al río, existe un terreno denominado La Batería. Es una plataforma natural para instalar un punto de defensa en tiempos tumultuosos. Transformado, hoy sigue allí, al pie del Monumento a Urquiza, desde donde ofrece una vista privilegiada del río y del Puerto Viejo.

     

    Griselda De Paoli

    [email protected]

    Como dijimos en el artículo del sábado 11 de noviembre de 2022, al desmontarse las baterías de Rosario, algunos elementos de éstas fueron remitidos a Paraná y otros a Santa Fe, “entre ellos 600 bombas de su arsenal, mientras el resto sirvió para la de Punta Gorda”, según consigna Oscar Ensinck, en su trabajo El río Paraná en nuestra historia.

    La vigilia de nuestro Puerto Viejo desde la barranca, debe haber comenzado a identificar el espacio que cobrará real sentido funcional al colocarse allí tres cañones, para la época de la guerra del Paraguay.

    Un proyecto grandioso para la ciudad, planteó (1877) la formación de una gran alameda en la planicie de la barranca sobre el río, siguiendo el trazo que habían marcado las carretas desde el puerto al centro de la Bajada. Partía precisamente desde el lugar en que estuvo emplazada la antigua batería, aún hoy sitio extraordinario de la ciudad.

    Allí se instaló, por ejemplo, en1887, una exposición de productos industriales, agrícolas y naturales de Entre Ríos y del país, iniciándose de tal manera la primera muestra general organizada en la provincia, que exhibió la riqueza de nuestro suelo y del afán progresista de los entrerrianos.

    Un poco después, el intendente Jaime Baucis solicitó a Dolores Costa, la viuda de Urquiza, la donación de este predio para planificar una plaza pública en homenaje al General. A esta donación se suman otras que darán inicio a nuestro Parque Urquiza, diseñado por Thays, que fue inaugurado en 1895.

    Como es costumbre, nos interesa apelar al relato memorioso, la crónica mediada por la voz o la pluma de algún vecino, el rescate de la experiencia común, y la mirada desde lo vivido sobre el espacio público y el patrimonio común. En la presentación de la reedición (2020) del libro de Amaro Villanueva “Intimidades monumentales de Paraná”, Franco Giorda, sostiene que “al señalar lo que está a la vista de todos con estilo y criterio propios”, Villanueva “plantea la posibilidad de renovar el significado de lo habitual. Sus textos otorgan un sentido a las cosas, al entorno y a la ciudad toda”.

    En el extremo oeste de Alameda de la Federación se erige un balcón fenomenal para disfrutar de una panorámica ribereña.

    Cadenas de valor

    En palabras de Amaro Villanueva, “el sitio donde está emplazado este gran monumento y sus inmediatos alrededores constituyeron el núcleo primitivo del Parque Urquiza, que hoy se extiende magníficamente, con intenciones de llegar cualquier día hasta Puerto Nuevo. Es el lugar más elevado de la ciudad”.

    “Este sitio se conocía antiguamente por “La Batería” –me informan. Y es que aquí estuvo emplazada la batería de cañones que defendía el puerto y el acceso a la ciudad por vía fluvial, en tiempos difíciles y sangrientos que se llevó la historia.

    “Durante la guerra del Paraguay, esa batería constaba de tres cañones. Entonces estaba emplazado aquí también un rancho, para la dotación de servidores de esas piezas. Aquí fue fusilado un italiano cuyo nombre he olvidado, marinero de un buque de cabotaje, por haber asesinado a una mujer que vivía en las cercanías de estas barrancas.

    “Las risas y voces animadas que el viento trae de la cercana rotonda, donde se baila, se bebe cerveza y se dicen palabras de amor, ignora y no quieren saber nada del drama de aquel marinero italiano que vino a dejar su pasión y sus huesos por estos lugares. Eran otros tiempos”.

    Postales del ayer

    Continúa Villanueva. “Por esta avenida circulaban las patrullas militares y las de los buques de guerra extranjeros surtos en el puerto Viejo, que venían a resguardar la ciudad por la noche cuando Paraná dejó de ser la capital de la República, que fue trasladada a Buenos Aires. Se temían desórdenes y atentados y atropellos. El gobierno de la ciudad acababa de pasar a manos de la Municipalidad, que se declaró en sesión permanente, bajo la presidencia del doctor Pedro Lucas Funes, quedando dependientes de ella todas las tropas de la ciudad, cuyo contingente principal lo constituía el primer Batallón de Guardias Nacionales, al mando del corones don Domingo Comas.

    “¿Domingo Comas? –pregunto ¿No querrá decir, usted, Saturnino?

    -No. Aquí la familia Comas ha sido tan antigua como numerosa. Pero le diré que Saturnino Comas era teniente del missmo batallón que comandaba don Domingo ¿Por qué se acordó de Saturnino?

    –Pues, amigo: ¡por nada! …Estoy sospechando que aquí, en La Batería, haya estado nada menos que Francisco de Quevedo y Villegas, “el mayor afluente de la lengua castellana”, como lo llamara el pintor Eduardo Schiaffino ¡Mire!

    “Y extraigo de mi bolsillo un pequeño volumen encuadernado en pasta española, in octavo, con el lomo en filigrana de oro que envuelve unas áureas letras donde se lee: Sueños y discursos. Es una edición del siglo XVIII, impresa en Barcelona, que un amigo me acaba de traer de Villaguay, donde la encontró en el rancho de un criollo cuyo nombre ignoro. En la primera página, debajo de donde dice: ‘Sueños y discursos, o desvelos soñolientos de verdades soñadas descubridoras de abusos, vicios y engaños, en todos los oficios y Estados del mundo’, por don Francisco de Quevedo y Villegas, Caballero de la orden de San-Tiago, se lee en hermosa letra cursiva, acompañada de una elegante y varonil rúbrica: Saturnino Comas. No hay duda de que el primitivo dueño de este gratísimo volumen tiene que haber sido el teniente de Guardias Nacionales, a quien alguna vez debió tocarle hacer guardia aquí, en La Batería, y que habrá acompañado su vigilia, en el rancho de la guarnición, leyendo a Quevedo bajo la soñolienta luz de un candil de grasa de potro.

    “Mis amigos se quedan entusiasmados con el hallazgo y yo con la primera noticia del militar entrerriano que fue propietario de este libro que me enorgullece por su antigüedad y por los subrayados que le hizo el dueño. Vuelve el pequeño volumen de los Sueños a mi bolsillo. Nos alejamos del sitio que antiguamente se llamó La Batería”.

    AL MARGEN

    Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected], [email protected] y/o [email protected].

     

     

     

     

     

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