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miércoles, febrero 1, 2023
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    El regreso de Lula al poder: una elección para recordar

    Resuelto el ballotage en favor de Lula Da Silva, este jueves comenzó el proceso de transición en Brasil. El responsable asignado como emisario de la nueva gestión es el vicepresidente electo Geraldo Alckmin, acompañado por la presidente del PT, Gleisi Hoffmann. El punto central: revisar el presupuesto federal 2023 para garantizar la inclusión de prioridades fijadas por el electo primer mandatario.

     

    Fanny Maidana (*)

    [email protected]

     

    El domingo pasado fue un día histórico en el país vecino de Brasil. A las 19.56, con casi el 99% de las secciones electorales contabilizadas, el Tribunal Superior Electoral (TSE) informó que la elección estaba matemáticamente definida: Luiz Inácio Lula da Silva era el nuevo presidente electo del Brasil.

    Este resultado lo convirtió en el primer candidato en alcanzar tres mandatos presidenciales. Bolsonaro, por su parte, es el primer presidente que compitiendo por su reelección –instituto incorporado al sistema político brasilero en 1997- perdió la renovación del mandato.

    Ambos protagonizaron la elección más reñida de la historia del Brasil. Con la totalidad de las secciones electorales escrutadas, Lula da Silva obtuvo 60.345.999 votos (50,90%), mientras Bolsonaro consiguió 58.206.354 apoyos (49,10%). Una ventaja de apenas 2.139.645 voluntades marcó el triunfo del líder del Partido de los Trabajadores (PT).

    Estos comicios superaron las marcas de polarización que se había registrado entre Dilma Rousseff (PT) y Aécio Neves (PSDB) en 2014 (casi 3,5 millones de votos de diferencia) y el segundo turno de la presidencial de 1989, cuando Fernando Collor de Mello (PRN) derrotó al propio Lula por algo más de 4 millones de votos.

    El líder del PT también se convirtió este domingo en el candidato presidencial más votado de la historia de Brasil, rompiendo su propio récord de 58.295.042 votos, que alcanzó en el segundo turno de 2006, cuando venció a Geraldo Alckmin (PSDB), su compañero de fórmula en esta elección.

    Ambos candidatos presidenciales ganaron en 13 estados, pero Jair Bolsonaro además triunfó en Brasilia, el Distrito Federal. Solo el estado de Amapá, en el norte de Brasil, cambió su preferencia a favor del líder del Partido Liberal (PL), siendo que en la primera vuelta Lula había resultado ganador en ese distrito.

    Tal como se esperaba, el nivel de abstencionismo poco se redujo (cayó solo un 0,38%): en efecto, la participación electoral trepó de 79,05% a 79,43%. Por cierto, esta situación era de esperar dado que, en una elección con rasgos tan polarizados, ¿qué motivación para asistir a emitir su voto tendrían aquellos electores que no habían participado en el primer turno? Pocas, escasas, nulas.

    Hay un dato más, que pasó relativamente desapercibido por el triunfo de Lula y los hechos posteriores. En un artículo anterior, señalamos que la posibilidad de que Jair Bolsonaro revirtiera el resultado de la primera vuelta era difícil, pero no imposible. La elección del domingo 30 de octubre dejó muy clara la potencialidad electoral del líder del Partido Liberal (PL).

    Al observar el desempeño comparado de los dos principales candidatos entre el primer y el segundo turno, se evidencia una ventaja de Bolsonaro, que sumó casi un 6% más de voluntades (poco más de 7 millones de votos) en el ballotage. Claramente, logró captar mayor cantidad de simpatías de parte de aquellos electores habían votado por otros candidatos y que debieron reorientar sus preferencias entre la elección general y la segunda vuelta.

    No obstante, la ventaja de 5 puntos porcentuales conseguida por Lula en la elección general del 2 de octubre pasado, le permitió mantenerse a la cabeza, a pesar de sumar un 2,47% de apoyos (algo más de 3 millones de votos) en el segundo turno. Ayudó a mejorar el desempeño, no solo la consolidación del bastión petista del Nordeste, sino también un aumento de apoyos para la Lista 13 en estados como Minas Gerais, San Pablo y Río de Janeiro.

     

    Para el olvido

    Históricos también fueron los acontecimientos que se sucedieron como consecuencia del resultado electoral.

    El silencio atroz de Bolsonaro durante casi 48 horas posteriores a conocerse el resultado que marcó el retorno de Lula, hace mucho ruido en términos de institucionalidad democrática. Recuerda la cruzada desesperada de Donald Trump por resistir en el poder en enero de 2021.

    Jair Messias Bolsonaro desempolvó un argumento que había caído en desuso en el último mes: utilizó el ‘fantasma’ del fraude electoral y de los manejos dudosos por parte del TSE para justificar su derrota. Era una estrategia que se había convertido en un ‘caballito de batalla’ antes del primer turno, cuando las encuestas no le favorecían y lo colocaban hasta diez puntos por debajo del líder del PT. Sin embargo, ante el desempeño que obtuvo en el primer turno, este artilugio había sido desplazado.

    Los simpatizantes de Bolsonaro salieron a la calle a manifestar su rechazo a los resultados del ballotage, realizando bloqueos de rutas en veinte estados del país y obstaculizando ingresos a aeropuertos y terminales de ómnibus. Sin embargo, la intención de resistir no prosperó y tras las palabras y llamamientos del propio Bolsonaro, sus acciones comenzaron a disolverse al promediar la semana.

    Desafíos múltiples

    El discurso de Lula del domingo por la noche fue de concordia, de pacificación, un llamado a la unidad nacional. Ante una elección con los niveles de polarización elevados, era la única salida posible.

    Contó también con un fuerte contenido religioso –agradeció a Dios por considerarse un privilegiado al observar de dónde salió y dónde ha llegado, citó al Papa Francisco, se denominó un “resucitado” y habló del amor al prójimo como pilar para la construcción de un nuevo pacto social.

    Antes de esa rueda de prensa se comunicó con cada uno de los referentes de los diez partidos que apoyaron su candidatura en este segundo turno. Les agradeció y lo convocó a trabajar juntos.

    Simone Tebet, candidata a la presidencia por el MDB en el primer turno -que apoyó abiertamente a Lula para el segundo-, suena ya entre una de las firmes candidatas a ocupar un ministerio.

    La economía es el principal tema de impacto social que el nuevo gobierno deberá afrontar. La inflación es uno de los asuntos más urgentes por estos días, estimándose que llegará al 10% anual. También tienen relevancia en la agenda del nuevo presidente la creación de empleos y la lucha contra la pobreza.

    La cuestión ambiental con foco en la Amazonia, fue otro de los temas que el Primer Mandatario electo mencionó en su discurso. Se comprometió a combatir la deforestación reforzando la vigilancia y las acciones de cooperación internacional –de inversiones e investigación- para la protección de esta región del Brasil.

    Construir

    Lula tiene grandes desafíos en términos de gobernabilidad. Tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado Federal la tendencia se muestra favorable a partidos afines ideológicamente al bolsonarismo. Construir consensos en estos espacios de representación colegiada será una ardua tarea. Para ello, deberá orientar la estrategia hacia los partidos que conforman el centrão (sin posicionamiento ideológico fuerte).

    La política exterior también demandará esfuerzos para reposicionar a Brasil en los foros internacionales y reforzar su vínculo con Europa y Estados Unidos. Deberá oxigenar el diálogo con sus socios del MERCOSUR. Ya dio las primeras muestras de esto el pasado lunes cuando recibió a Alberto Fernández y prometió visitar la Argentina.

    Por otro lado, el regreso de Lula plantea un interrogante: ¿qué posición tomará el nuevo gobierno respecto de China? Xi Jinping lo felicitó y expresó su deseo de llevar a otro nivel estratégico la relación bilateral entre ambos países. Lo cierto es que Brasil no firmó el acuerdo de la Franja y la Ruta de la Seda, aún formando parte del bloque BRICS.

    Una incógnita final que queda por descifrar es cómo capitalizará y gestionará Jair Bolsonaro su crecimiento electoral desde la oposición. Tal vez sea, por las características del involucrado, algo difícil de responder de forma inmediata.

     

    (*) Dra. en Ciencia Política (UNR)

     

     

     

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