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“Los cirqueros de escuela o los callejeros con carpa”

La Asociación Civil Teatro del Bardo lleva adelante un proyecto a través de la carpa de teatro y circo La Moringa. Junto al ciclo Cultura Encendida, gestado por el gobierno de Entre Ríos, realizan –a sala llena y a la gorra– presentaciones en distintos puntos de la provincia. Hoy, última función en Valle María.

 

›Ezequiel Re

 

“Es acá, es acá”, grita con desenfado mediante un megáfono Juan Kohner, personificando a un payaso que invita en la calle a grandes y chicos a acercarse a La Moringa. En realidad es una forma de romper el hielo de quienes forman la cola para ingresar al Circo, ese mundo lleno de ilusiones, y magia. Es un humor sano, que despierta risas y va formando el clima de circo en Valle María (a 30 kilómetros de Paraná), la pequeña localidad que recibió con los brazos abiertos la propuesta que la Asociación Civil Teatro del Bardo lleva adelante con el gobierno de la provincia a través del programa Cultura Encendida.

 

Rulo o el payaso Mío Mío (Nahuel Pisani) es el encargado de reforzar el clima cirquero siendo la carta de presentación a los números de destrezas que sobrevolarán el ambiente por más de una hora. A escena sale Bety (Sofía Luz Re) con su acto de hula, simpatía y música (también venderá pochoclos y acomodará la escenografía para otros actos de circo o teatro). Los artistas, que entrenan, estudian y muchas veces pasan la gorra en una plaza o en un semáforo (arte callejero) para subsistir, encontraron en la carpa que los cobija la forma de poder desarrollarse y sumar experiencia, ante el público y como equipo.

 

A LA GORRA

 

Kohner es el nexo entre carpa y circo. Y así cuenta la historia: “Es una relación que se funda en estas últimas temporadas. El proyecto de La Moringa nace de la Asociación Civil Teatro Del Bardo que está cumpliendo 20 años de grupo, que le da origen a este y otros proyectos. La Moringa es uno de ellos y que sin el apoyo de algún socio particular sería imposible gestionarlo.

 

Hacemos otras temporadas de forma independiente pero este tipo de apoyo es fundamental para que el espacio pueda llegar y el público tenga posibilidad de acceso. La idea de que el trabajo fuese a la gorra un poco se funda en esa relación y convoca a otro tipo de público, sobre todo por la manera particular que está el país hoy en día y donde lo primero que relega la gente es su recreación. En particular, nosotros tuvimos esa primera experiencia muy potente durante las vacaciones de invierno, en la que llegamos a un acuerdo para coproducir con la Secretaría de Turismo y Cultura de la provincia, a cargo de Carolina Gaillard, el Festival Invernal en La Moringa que ya tenía dos ediciones de manera independiente con el apoyo del Instituto Nacional del Teatro. El apoyo del Estado provincial da la posibilidad de generar mayor cantidad de funciones. En esa oportunidad estuvimos en un predio maravilloso que fue el Parque Berduc”.

 

“El proyecto La Moringa nace de la Asociación Civil Teatro Del Bardo”, explica Juan Kohner.

 

En su balance, dice que “fue el puntapié para darle continuidad a esa relación que creemos que es fructífera porque el Estado pone donde hay que poner. Si bien es una iniciativa autogestionada, un espacio cultural que se mueva por la provincia necesita de un socio como en este caso, el Estado provincial. El balance es positivo y estamos convencidos de que este tipo de lugares del interior de la provincia son los que reciben con mayor agrado la propuesta. La carpa arrastra consigo esta cosa mágica, medio ancestral histórica, y que en Valle María se vivió con mucha intensidad y que es cuando el circo llegaba y era especial porque la gente lo esperaba. La relación con el municipio ha sido importante, el predio es excelente, se logró un patio de comidas donde la gente ve una función y se quede en el patio de comidas armada por emprendedores regionales esperando la segunda función”.

 

Julieta, Daniel, Sofía y Nahuel, parte del staff de La Moringa. FOTO: Juan Martín Casalla.

 

VIVENCIAS DE LOS ARTISTAS

 

Las funciones son de jueves a domingo y el éxito ha sido total. No solamente por la presencia de grandes y niños, sino porque el público es de Valle María, pero también de muchas localidades de la región. Pequeños que conviven con la experiencia del circo en su pueblo. Pero los artistas multiplican su función. El resto de la semana hacen promociones, entrenan, estudian, pero además se encargan de mantener la carpa reluciente. Ellos mismos la lavan, por ejemplo.

 

En el medio de esas actividades, Daniela Farfala se toma un recreo y comenta sobre esta experiencia: “Tengo 23 años y llegué al circo esta temporada. Soy de Paraná, pero vivo en Rosario donde estudio en la Escuela Municipal de Artes Urbanas (Emau) en la disciplina aérea de trapecio fijo. Ahora estoy haciendo un número de hula con luces. En Valle María encontramos calidez de los espectadores y del grupo de quienes integramos La Moringa. Hay compañerismo y predisposición para ayudarnos. El público es espectacular, lleno de aplausos, te miran en la calle y te saludan asombrados. Es muy positiva la presencia de la carpa en el interior de la provincia”.

 

Sofía Luz Re habla con pasión del circo y la carpa La Moringa. “Estuve desde el comienzo. Siempre participé, al principio en 2015 como público, ya en 2016 empezamos a trabajar con Juan Kohner en la obra Carlitos y Bety y ahí nace mi personaje. Me gusta estar acá y aportar lo que puedo. De a poco me fui sumando más y más. En Valle María estoy muy contenta, aprendiendo un montón de cosas, por ejemplo cómo montar la carpa que es todo un trabajo. Lo que más me mueve es que es una comunidad con comunicación y amor puro para seguir trascendiendo culturalmente en la sociedad”.

 

MUNDO DE ILUSIÓN

 

Colón era el puntapié inicial para la temporada. Pero la creciente del río Uruguay obligó a levantar la carpa. “Se superó la amargura por no poder estar en Colón, pero acá la gente demuestra la felicidad que estemos con ellos. Caminamos por la calle y nos saludan. Estamos contenidos. Hay una chica que se acercó y que se llama Ani. Su sueño es ser payasa y vender globos. Viene con una peluca de colores y está muy contenta de acompañarnos”.

 

Sobre el futuro asegura que esto recién comienza. “Tenemos muchos sueños. Por ejemplo, conseguir un colectivo para viajar más y acercarnos a otras localidades, también participar de convenciones de circo donde creces mucho porque el propio cirquero es el público”.

 

Como sus compañeros, terminando la función debe pasar la gorra, la forma de percibir un ingreso.

 

“Con la gorra –enfatiza– suceden muchas cosas. Al no cobrar entrada sentimos que es una inclusión social, pero dependemos de lo que puedan acercar porque como se dice en las funciones con aplausos no almorzamos. Sabemos de la situación difícil que se vive por eso cada uno es libre de poder aportar lo que puede. La gorra es una forma de que se tome conciencia de la economía que nos atraviesa”.

 

El circo despierta sonrisas en los niños, que con asombro miran la destreza de los artistas. Y en los adultos el circo juguetea con la nostalgia y los recuerdos. Porque “había una vez un circo que alegraba siempre el corazón, lleno de color, mundo de ilusión, lleno de alegría y emoción”. Pero… “es acá, es acá”. El circo y sus muecas de alegría volvieron en esa carpa llena de hermosos sentimientos. Con ustedes, los artistas…

 

Este domingo, en Valle María, será la última función de La Moringa

 

›“El circo revoluciona lugares”

 

Su apodo es Rulo, pero el nombre artístico es Payaso Mío Mío. Se trata de Nahuel Pisani, quien nació en Santo Tomé, pero vivió durante 10 años en Paraná para radicarse actualmente en Rosario. “Estando en Paraná –cuenta– me vinculé con el circo y el proyecto de La Moringa. Vivo del arte y el circo. Durante el año soy profesor de circo en Centros de Día en Villa Gobernador Gálvez donde se desarrollan actividades para jóvenes. Después estoy en distintos eventos callejeros a la gorra o en eventos donde soy contratado haciendo disciplinas de circo como clown, malabares, acrobacias. Se puede vivir del arte, pero como cualquier otro oficio, buscándole la vuelta y reinventándose. De una sola forma con el arte no se puede vivir”.

 

Luego destacó la experiencia que viven en Valle María: “No somos de familia tradicional de circo, este formato para ellos sería normal, compartir dentro de la carpa con quien sería tu familia de trabajo, y en cada pueblo que van compartir un lugar, dejar algo, tomar algo del lugar, vincularse con amistades nuevas y luego mantenerlas en el recuerdo y la nostalgia de poder volver. Lo considero el sueño del pibe. Como dirían las familias tradicionales somos los cirqueros de escuela o los callejeros con carpa.

 

Estamos aprendiendo eso que a ellos les llegó por tradición. Me llevo mucho para la vida personal, por el rol social del circo, por lo que generamos en los lugares que llegamos. Sabía que el circo revoluciona lugares, pero al no estar dentro de una carpa no lo había vivido de esa forma”.

 

Luego concluyó: “Me encantaría que esto se multiplique, seguir creciendo y profesionalizándonos y poder llevar este proyecto a localidades no tan grandes, pero que necesitan que la cultura se acerque a ellos. Y para nosotros es importante hacernos fuertes en lugares pequeños. Somos una carpa para 300 personas, tampoco somos un gran circo por eso creemos que está bueno llegar a este tipo de poblaciones donde está el hambre de consumir cultura”.

 

 

›La frase

 

“Todo payaso o clown tiene que tener su experiencia callejera, embarrarse las chalupas, romperse la garganta, sentirse sin contención, cambiar miedo por adrenalina y transformar las risas en orgullo y monedas. Después la calle se transformará en muchos lugares y te permitirá transitarlos con la seguridad de quien durmió feliz en una cama de piedras” (Manual y Guía del Payaso Callejero, escrito por el Payaso Chacovachi”).