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    Un tesoro ancestral bajo nuestros pies

    Enterrada o a la vista por la constante acción del río, hay una riqueza arqueológica incalculable en el Pre Delta del Paraná, vinculada a las culturas chaná y guaraní. Mientras procuran detectar esos objetos y establecer relaciones más sustanciosas con aquello que se sabe sobre los pueblos originarios, los investigadores comparten sus hallazgos y métodos con la comunidad, en un diálogo enriquecedor para unos y otros.

     

    Mónica Borgogno  / [email protected]

     

    Nuestras comunidades están asentadas sobre un rico patrimonio arqueológico. Muchas veces estos objetos de la cultura chaná o guaraní son minusvalorados por desconocimiento, cuando alguien los halla en una excavación ocasional. Mientras va en búsqueda de esos legados soterrados, un grupo de investigadores promueve encuentros en escuelas para despertar la curiosidad de los más chicos y, también, enseñar cómo preservar los tesoros que se pudieran localizar.

    En el ida y vuelta, comprueban que sus conocimientos sobre las antiguas comunidades entran en diálogo con un saber actual no sistematizado que forma parte del cotidiano desafío de vivir y que los niños y adolescentes recibieron de sus padres, sin solemnidad alguna. Así, los expertos ayudan a enriquecer la existencia de alumnos, estudiantes y docentes y la comunidad educativa les comparte secretos ancestrales que agregan valor a sus producciones científicas.

    Los protagonistas de esta historia integran el Centro de Investigación Científica y de Transferencia Tecnológica a la Producción, con sede en Diamante, un espacio que depende de Conicet, del Gobierno de la provincia y la Universidad Autónoma de Entre Ríos.

    En efecto, grupos de especialistas de diferentes disciplinas salen al territorio a compartir sus experiencias y abren las puertas y ventanas de sus laboratorios, ya sea para contribuir en la tarea de derribar mitos en torno a la ciencia, dejar sembrado el interés en futuros investigadores e indirectamente, multiplicar el número de voluntades científicas en la región. Y lo hacen con un respeto y un deseo por transmitir lo aprendido, que cada encuentro genera una corriente de valoración muy importante.

    La doctora Milagros Colobig, diamantina, es una de las personas que se desempeña en este Centro. Hace un tiempo, junto a su colega, Soledad Ramos, visitaron la Escuela Secundaria Nº 19 Manuel Belgrano de Las Masitas, una pequeña comarca de población rural dispersa, a unos 37 kilómetros de la llamada Ciudad Blanca, para dictar el taller de arqueología titulado “¿Qué sabemos de los Chaná?”.

    Como es sabido, la formulación de interrogantes es el puntapié para comenzar a buscar respuestas, aprender, compartir saberes, generar conocimientos, o bien, abrir nuevas preguntas.

    En comunicación con EL DIARIO, Colobig, antropóloga especialista en arqueobotánica, contó acerca de los proyectos en curso, que desembocaron en la actividad con los escolares. “Tenemos varias líneas de investigación. Ahora dirijo una de Uader, que se denomina Abordaje multidisciplinario para la historia de ocupaciones arqueológicas en las cuencas de los ríos Paraná y Uruguay en Entre Ríos, con integrantes del laboratorio de Arqueología y Paleobotánica de Centro de Investigación Científica y de Transferencia Tecnológica a la Producción e investigadores externos de otras universidades”, informó, antes de agregar que “empezó el año pasado, nos queda este año y uno más por delante aún. Hacemos diversos trabajos como excavaciones arqueológicas, buscamos nuevos sitios arqueológicos y una parte importante, es la extensión y comunicación de lo que estamos haciendo, la interacción con la comunidad”. En ese marco es que llegaron hasta la Escuela secundaria del paraje Las Masitas, cerca de Las Cuevas, departamento Diamante, “una zona que está dentro de nuestra área de estudio”, explicó.

    “Queríamos dialogar con los docentes y alumnos, saber si tenían conocimiento de sus antepasados en este lugar o algunas referencias de la cultura chaná. En Las Masitas viven relativamente aislados; si bien están muy cerca de Diamante, no hay transporte público que llegue hasta ahí y es difícil el acceso. Notamos que es una comunidad muy conectada con su entorno, saben mucho de plantas, animales, técnicas de pesca, conocimientos que son sumamente importantes para nosotros”, resaltó Colobig. Es que la tarea de quienes se dedican a investigar, se nutre de esa habilidad para escuchar lo que acontece en derredor. Luego viene la interpretación, la traducción de los datos, las hipótesis, los procesos, la comunicación.

     

    Recuperar

    Otra parte de la propuesta con los estudiantes, tuvo que ver con mostrar y contar cómo se investiga. Para eso, hicieron “una simulación de excavación para enseñar técnicas y metodologías propias de la investigación arqueológica. Tanto docentes como estudiantes se mostraron muy interesados en hacer proyectos en común, tanto que de ese taller surgió un trabajo para participar de las instancias de Feria de Ciencias”, comentó la entrevistada.

    Las investigadoras también aprovecharon el encuentro para poner el acento en la preservación del patrimonio arqueológico, y la protección de los materiales o restos de culturas originarias, hallados en la zona. “Es crucial para nuestros proyectos que la comunidad valore estos materiales; conservarlos para un futuro, y de nuestra parte, transmitir a las nuevas generaciones la importancia de preservar. Por eso abordamos el tema de la ley de patrimonio arqueológico y paleontológico vigente, para que la gente sepa que si encuentra un material no puede llevárselo a su casa”, expresó, al tiempo que agregó, que “por cierto, hay mucho desconocimiento sobre este tema”.

    En efecto, la norma vigente señala en uno de sus artículos que “toda persona física o jurídica que practicase excavaciones con el objeto de efectuar trabajos de construcción, agrícolas, industriales u otros de índole semejante, está obligada a denunciar al organismo competente el descubrimiento del yacimiento y de cualquier objeto arqueológico o resto paleontológico que se encontrare en las excavaciones, siendo responsable de su conservación hasta que el organismo competente tome intervención y se haga cargo de los mismos”.

     

    Ancestral

    Según comentó Colobig, los jóvenes estudiantes se mostraron muy interesados en el vínculo estrecho que la cultura chaná tenía con el medio ambiente. “Hablamos de las técnicas de pesca de estos pueblos originarios que para los alumnos les eran muy familiares, acerca de cómo se distribuían en el espacio, o cómo confeccionaban la cerámica. Como los alumnos de Las Masitas saben muy bien donde está la arcilla para hacer vasijas, fueron, buscaron y modelaron algunas piezas con los profesores de arte y de tecnología”, dijo la entrevistada.

    En suma, la jornada tuvo muy buena aceptación y repercusión. Las investigadoras quieren volver y la comunidad educativa, quiso profundizar la temática.

     

    Escuchar y observar

    En los últimos días de octubre, cuando se celebre a nivel nacional la semana de la Ciencia y la Tecnología, el Centro de Investigaciones abrirá sus puertas para que las escuelas puedan visitar las instalaciones y hablar con los científicos y científicas que allí trabajan.

    Observar lo minúsculo, valorar lo remoto, los restos, traducir lo que se encuentra en las profundidades del suelo que se pisa, es inherente a la tarea de los arqueólogos.

    Desde el Laboratorio de Arqueología del Cicyttp, cada uno con su recorrido y especialidad, hacen distintos tipos de análisis. El equipo está integrado por Rodrigo Costa Angrizani, Clara Scabuzzo, Soledad Ramos, Victoria Coll Moritan y María de los Milagros Colobig; en el que también participan estudiantes y becarios como Claudio Schimpf, Priscila Azzolina, Samira Clauss, Ludmila Ceruzze y Zoe Amarillo.

    “Yo estoy en análisis arqueobotánico, es decir, la parte botánica de los restos arqueológicos que se encuentran tanto en vasijas -raspando las vasijas en las adherencias-, como en el sedimento del sitio, que son los llamados fitolitos, unas partículas silíceas muy pequeñas pero muy resistentes. Gracias a esa resistencia podemos recuperar, estudiar al microscopio y saber más acerca del uso de ciertas sustancias. Porque las plantas se degradan con el tiempo sobre todo en nuestros ambientes que son muy húmedos. También tenemos una especialista que se encarga de analizar carbones arqueológicos, por caso. Por eso se habla de la memoria del suelo”, detalló Colobig.

    Enseguida brindó detalles de la organización y metodología de observación y estudio que encaran a diario. “En los sitios arqueológicos se va excavando, se hace un pozo que se va segmentando en profundidad cada 5 cm. Es una labor muy lenta y minuciosa, a medida que se va bajando se van encontrando distintas capas y niveles. Nosotros en particular buscamos niveles de ocupación humana donde hay materiales, restos de animales que han consumido, o cerámicas. Luego analizamos si el ambiente era parecido al actual o no: el nuestro era más tropical que el de hoy. Había plantas que hoy ya no están: descubrimos registro de algunas palmeras cuyo límite se ha corrido más al norte”.

    Interpretaciones

    Ante la consulta de cuáles son los indicios de la existencia de culturas de hace 2.000 años atrás, Colobig precisó que “la representación de cabezas de loros en los restos de cerámicas hallados, nos estaría indicando que tal vez la presencia de esas aves era más abundante que en la actualidad. Es muy poco un período de 2.000 años para la arqueología. Si hablamos de historia del ambiente no es una historia tan larga. Vamos hasta esa profundidad histórica nosotros, pero hay historias paleontológicas que van más allá en el tiempo”.

    Cómo distinguir e identificar la presencia chaná de la guaraní que habitaron estas tierras, se le propuso. “En la cultura chaná la cerámica era diferente; la característica es que en sus modelados hacían cabezas de animales; la cerámica era más gruesa. Mientras que los guaraníes fabricaban vasijas de volumen más grande. De todos modos, de los chaná tenemos registro de hace 2.000 años y los guaraníes llegaron poco antes de la conquista española a estos territorios”.

    Por otra parte, añadió que, desde el año pasado, comenzaron a hacer excavaciones en un sector alto del Parque Nacional Pre Delta, donde se toparon con abundante material arqueológico. “Veníamos trabajando en zonas costeras, así que es algo nuevo para nosotros. Si bien está cerca del río no está sobre el margen y por lo tanto la zona tiene características diferentes”, comentó, al añadir que “está todo por estudiarse allí, no hay registro previo de esa área”. En ese sentido, indicó que “empezamos a excavar en 2021 y encontramos restos de cerámica”.

    De repente, a Colobig le brotó el deseo de compartir. “Lo más pronto posible queremos comunicar estos saberes para que los docentes puedan trabajar con material local, de primera mano”, dijo. “Nos pasa que vemos profesores de arte que trabajan guardas o decoraciones que no son entrerrianas y nos confiesan que no saben de dónde leer y aprender esa información”, remató.

     

    Experimentar, investigar, preservar

    La docente de Historia Eugenia Ricle, de la Escuela del paraje Las Masitas, explicó a EL DIARIO que a comienzos de este año iniciaron el proyecto “Los Chaná Timbú como patrimonio cultural del Paraná”, a raíz de hallazgos de restos materiales de la cultura aborigen en zona de islas que acercó un ex alumno. El paso siguiente fue convocar a Milagros Colobig, para que les pudiera brindar sus conocimientos sobre la ciencia arqueológica y, en particular, sobre los Chaná. “Esa tarde hicimos la simulación de una excavación arqueológica y Milagros analizó las piezas que teníamos en la escuela; también los animó a cuidarlas y valorarlas como parte de la cultura e historia del pueblo. Los estudiantes y sus familias son conocedores de que esos restos están en las islas y que muchos han sido descuidados, regalados, rotos, por eso queremos lograr que los miren con otros ojos, como parte valiosa de su pasado”, subrayó.

    Acto seguido, Historia y Geografía trabajaron diferentes aspectos para conocer mejor la historia, la cultura y la forma de vida de los Chaná. “Recurrimos a material de divulgación científica, como el libro de Mariano Bonomo, Historia prehispánica de Entre Ríos, pero no siempre se encuentra material para el abordaje de estas temáticas en las escuelas. Nuestros estudiantes están motivados porque ellos conocen bien el ambiente y añaden información y nos enseñan sobre aquello que ‘no está en los libros’. Después nos llegó la invitación a participar en la Feria de Educación 2022, y presentamos nuestro proyecto, con nuestras investigaciones y nuestros hallazgos”, relató.

    La Feria de Ciencias “implicó un gran esfuerzo y trabajo en equipo ya que era una experiencia nueva para nuestra institución escolar”, remarcó Ricle.

     

     

     

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