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martes, diciembre 6, 2022
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    El desafío de fomentar la cultura del pensamiento

    La docente y especialista en educación Laura Lewin pasó como un vendaval por Paraná. Dejó una estela de conceptos y provocó movimientos y esperanzas de cambio y transformación posibles, entre los más de 800 docentes y directivos que la escucharon en el taller que dictó el miércoles pasado en el Centro Provincial de Convenciones.

     

    Redacción EL DIARIO / [email protected]

     

    Laura Lewin, autora del libro Que enseñes no significa que aprendan, entre otras publicaciones, estuvo en Paraná dictando un taller en el Centro Provincial de Convenciones. Invitada por el Grupo Petersen y la Fundación Banco de Entre Ríos, desarrolló un encuentro delante de unos 800 docentes y directivos de toda la provincia de Entre Ríos que participaron de la propuesta.

    Con mucho humor, la especialista en educación, brindó una serie de conceptos que hizo pensar, mover y jugar a los presentes.

    EL DIARIO aprovechó para hacerle algunas preguntas. Cuáles son, a su criterio, las principales claves para facilitar los aprendizajes en las aulas, fue una de ellas.

    “Lo primero es el vínculo docente y alumno y entre los alumnos. Las emociones interactúan con las habilidades cognitivas y pueden afectar la capacidad de tomar decisiones, de razonar, de recordar, y hasta la disposición a aprender.  Todo aprendizaje tiene una base emocional, por lo tanto el vínculo es muy importante para poder aprender. No importa la estrategia que utilice el docente, si no puede establecer una conexión emocional con el alumno, no va a aprender. La relación alumno-docente es clave para que el alumno logre llegar a su mayor potencial”, puntualizó para enseguida agregar: “El docente tiene que ser un facilitador, un custodio de la autoestima de los alumnos, tiene que generar un aula sana, donde nadie pueda interferir negativamente en los aprendizajes del otro y en todo caso, propiciar el aprendizaje colaborativo y el pensamiento crítico y creativo. Recordemos que el rol del docente ya no es el de transmitir contenidos, tan propio de una clase tradicional, sino lograr que los mismos alumnos puedan llegar a las respuestas”.

    Según la docente, otro punto importante pasa por revisar “la matriz curricular, para enseñar a pensar a los alumnos. Los estudiantes tienen que saber para qué aprenden lo que aprenden, poder encontrarle un sentido”.

    Más adelante hizo hincapié en algunas consideraciones respecto a la tecnología: “Debemos usar la tecnología como medio: las herramientas tecnológicas deben ser un medio, no un fin. La información digital se mueve a la velocidad de la luz. La comunicación cambió y la manera de aprender debe adecuarse. Desde chiquitos, nuestros alumnos juegan con videojuegos, usan celulares, navegan en internet, están activos en las redes sociales. Es decir, para ellos la tecnología es algo de todos los días y debe ser utilizada para que la transmisión de la información y el aprendizaje sean más interesantes y fáciles de incorporar. Los alumnos deben tener acceso a todo tipo de contenidos para personalizar sus trayectorias escolares, para avanzar con sus propios ritmos y para practicar o profundizar tanto como deseen en los contenidos curriculares”.

    SUJETOS AUTÓNOMOS. Asimismo también se detuvo en los espacios de aprendizaje, pues “afectan el aprendizaje de los alumnos” y en ese sentido sugirió: “Salir de la estructura estática del aula tradicional y pasar a lugares de aprendizaje flexibles, que permitan agrupamientos y faciliten un trabajo autónomo, interdisciplinario o acorde a la necesidad del momento. Este siglo demanda que incorporemos nuevos conceptos en relación con el tiempo y el espacio”, remarcó.

    “El desafío de este siglo es ayudar a nuestros alumnos a pensar de maneras diferentes, a desafiar nuevas inteligencias, y esto se logra con una cultura del pensamiento en las aulas. Es decir, cuando el pensamiento individual y colectivo se valora, se hace visible y se promueve activamente como parte de la experiencia cotidiana de todo el grupo. Se trata de priorizar la profundidad del pensamiento por sobre la velocidad de respuesta. Si preparamos a los chicos para pensar, les damos las herramientas para que puedan resolver y tomar mejores decisiones dentro del aula y fuera de ella”, señaló Lewin.

    Pensar es complicado

     Cómo enseñar a pensar, se le consultó. “No podemos pensar si creemos que alguien nos va a poner en ridículo o simplemente no le interesa escuchar lo que decimos. Tampoco podemos pensar si creemos que tal vez otros son más inteligentes y podrían contestar algo mejor o cuestionarnos porque no están de acuerdo con nosotros. ¡Hay que animar a nuestros alumnos a pensar! Por eso, debemos hablar de aulas sanas. Nadie que tenga miedo puede desplegar todo su potencial creativo”, fue su respuesta.

    Acto seguido compartió su concepto acerca de “un aula sana”. Se trata de un espacio de aprendizaje libre de amenazas y estigmatizaciones; esto significa que nadie tiene miedo a ser criticado o humillado por hacer una pregunta, levantar la mano o responder una consigna. Es un lugar donde se naturalizan, se desdramatizan y se capitalizan los errores, por entender que esto es parte del proceso de aprendizaje. Un aula sana es un lugar en el que nada malo debería pasar, donde el docente es custodio de la autoestima de sus alumnos”, concluyó Lewin.

     

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