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    Gustavo Reynoso, un talento que refleja el Litoral en los sonidos del bandoneón

    A los siete años, en Aranguren, descubrió el bandoneón y no lo dejó más. Radicado en Paraná desde 2008, transita un camino para mostrar el chamamé. “Nos inscribimos en una cadena que tiene como referentes a Luis Bertolotti, Abelardo Dimota, y otros”, dijo a EL DIARIO el compositor que este año presentó su CD “Huellas Mansas” con el trio que integra con los guitarristas Abelardo Coronel Osuna y Amadeo Dri.

     

    CARLOS MARIN

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    Hace 25 años Gustavo Reynoso se encontró por primera vez con ese instrumento de color negro, con botones nacarados y un fuelle guardado dentro de una caja en su casa. Desde entonces el bandoneón ha sido una presencia permanente en la vida de este músico y compositor nacido en Aranguren hace 32 años.
    Desde sus primeros escarceos hasta este presente en que ha compartido giras con Raúl Barboza y el recordado Guillermo Zarba, este entrerriano a carta cabal se ha trazado un destino comprometido con la música de su terruño. Un horizonte en el que ha señalado rumbo con dos trabajos discográficos dedicados a la música del Litoral y que se amplió recientemente a la composición de bandas sonoras para producciones audiovisuales.

    Con su trío, conformado junto a los guitarristas Abelardo Coronel Osuna y Amadeo Dri, recorre escenarios para dar a conocer el material que ha plasmado en sus discos “Por siempre querencia” y el más reciente “Huellas mansas”.

    “Hay una correspondencia de la música que uno hace con el lugar en el cual vive y se forma” sostiene. Por eso “la gente que me ha escuchado, recalca la idea de que transmito el paisaje”, aseguró en una entrevista con EL DIARIO.

    “Hay una correspondencia de la música que uno hace con el lugar en el cual vive y se forma” sostiene el bandonenista.

    ENCUENTRO DECISIVO

    Formado en el hacer de la música popular, Reynoso forma parte de una nueva pléyade de jóvenes talentos de la provincia que han insuflado nuevo impulso a la música del Litoral y la región.

    Todo comenzó por la fascinación que tenía por ese bandoneón que había encontrado oculto en su casa. La relación que se estableció entre aquel niño y el instrumento dio un gran paso en 2000. En ese momento se abrió una Escuela municipal de música, en Aranguren. “Decidí ir a estudiar por mi cuenta” dice. Tenía nueve años. Allí recibió sus primeras orientaciones. “Tomé clases con el profesor Norberto Gronner, que enseñaba acordeón e hizo lo posible para que pudiese aprender”, recuerda.

    Esa etapa se extendió hasta 2006. Luego siguió con Javier Smith y Julio Videla, que se habían formado en Crespo, con Osvaldo Chiapesoni y en Paraná, con Raúl Varelli. “Ellos me encaminaron”, acepta el bandonenista. Y agrega que, paralelamente, se fogueó “tocando con otros músicos de Aranguren, en encuentros con grupos dedicados a la música popular”.

    Esa, confía, fue su infuencia más fuerte. “En mi pueblo había dos o tres conjuntos de música del Litoral y se presentaban en el Club Cultural, donde también se armaban guitarreadas. Yo vivía enfrente. A mi me gustaba ir a esos encuentros, así que a veces me escapaba de casa para ir”, desliza. Y confía enseguida: “Me sentía bien haciendo esa música. Era la manera que me podía expresar a gusto. Y ya lo veía como una forma de poder trabajar y así vivir de eso que me gustaba”.

    Al terminar la escuela secundaria -y contrariando el deseo familiar- decidió radicarse en Paraná para estudiar en la Escuela de música Constancio Carminio. La experiencia reafirmó sus convicciones.

    “En la casa de mi familia no se escuchaba mucha música. De hecho cuando tomé la decisión de dedicarme a ésto fue una lucha encarar ese proyecto como modo de vida. Mi familia no estaba de acuerdo”, cuenta.

    CRECIMIENTO Y PROYECCIÓN

    La llegada a la capital de la provincia señaló el inicio de la etapa profesional. Y tras seis años de estudio, y de participar en diversos proyectos, logró dar forma a su propia propuesta artística. “Nos presentamos en festivales y nos fue bien”, recuerda. En ese período obtuvo primeros premios en el Festival Nacional del mate, en 2009 -en Paraná-; en el Encuentro Entrerriano de Folclore, en Villaguay, en 2009 y 2010, y en el Festival Nacional del Chamamé del Norte Entrerriano, en Federal, en 2010. Fueron, destaca, momentos clave para ratificar el recorrido que se había trazado y que fue construyéndose en el hacer.

    “En esos años tuve un paso por nuestra música característica, como el tango, y por el Folclore”, destaca. Y agrega que en Paraná se vinculó a la música latinoamericana y al repertorio clásico.

    Luego su paso por el Movimiento de Música Entrerriana De costa a costa, “fue una etapa de mucha actividad; de definiciones para el marco formal de mi propuesta”, reconoce. Y señala la salida, en 2016, del CD “Por siempre querencia” como un acontecimiento muy importante.

    En casi 15 años desde sus primeras incursiones en Paraná, Reynoso integró más de 35 proyectos y propuestas musicales. Ha podido hacer música para espectáculos de ballet, y se ha presentado en escenarios de Corea del Sur, Emiratos Árabes, Chile, Francia, Estados Unidos e Italia.

    En su trayectoria hay dos momentos que recuerda especialmente. Uno es el concierto, en noviembre de 2016, en el que participó como integrante del grupo Guillermo Zarba para presentar el CD “Los tiempos del agua”, en un concierto en la sede de la Filarmónica Antonio Laudamo, en Messina (Italia). “Mi trabajo con Zarba, me aportó otra manera de considerar la música, tal como la concebía”. Y contribuyó a su crecimiento personal. “Trabajar con Guillermo me llevó a otras alturas” reconoce.

    El otro es la gira que concretó a comienzos de este año con Raúl Barboza. En enero y febrero pasados, Reynoso fue invitado por el célebre acordeonista para compartir el escenario en una gira por festivales del país. “Nos presentamos en Corrientes, Chaco, Paraná, Federal y Rosario. Fue una sorpresa muy linda en lo artístico y también en lo laboral”, destaca el bandoneonista que había estudiado en 2009 con Barboza y que en 2011 había sido convidado a compartir el escenario con él en el Teatro 3 de Febrero.

    “Pasaron 10 años y en enero me encontré con esa sorpresa hermosa, la invitación a reencontrarnos para tocar. Ha sido una experiencia inolvidable”, subraya.

    SEGUIR, PESE A TODO

    Los logros, sin embargo, no se traducen en la posibilidad de sostenerse económicamente. “El camino del músico profesional es algo más bien inestable en relación a otros oficios”, expresa. “Cuesta vivir y difundir lo que uno hace porque hay una vorágine de música que llega por los medios masivos que tapa lo que tenemos en la zona y así pasa en gran medida con lo que refiere a productos artísticos”, agrega.

    Pese a las dificultades, el músico ha sostenido un camino coherente. A  partir de 2013 se dedicó a pleno a su proyecto central: el Gustavo Reynoso trío. La iniciativa -que el bandoneonista comparte junto a los guitarristas Abelardo Coronel Osuna y Amadeo Dri- transita ya hacia sus diez años e implicó “una multiplicidad de cosas que hay que hacer para sostener el grupo, la propuesta, y la idea artística”.

    El trío fue creado con la consigna de revalorizar y difundir la propuesta de los músicos entrerrianos que son referencia en el chamamé, ritmo que ha sido reconocido por la UNESCO como patrimonio de la Humanidad.

    “Nos inscribimos en una cadena que tiene como eslabones previos a Luis Bertolotti, Abelardo Dimota, Andrés Cañete, Eduardo Mongelós, Francisco Casís, Ramón Merlo y muchos otros”, dice el compositor que concretó su segundo CD “Huellas Mansas”, gracias al apoyo del Instituto Nacional de la Música, que le otorgó el subsidio para su concreción.

    “El disco llegó en Pandemia, así que recién este año comenzamos a presentarlo de modo presencial”, contó a EL DIARIO. Y precisó que con ese propósito brindó conciertos en Federación, Nogoyá, Concordia, Maciá, Paraná y también en localidades de otras provincias, entre ellas en Firmat (Santa Fe) y en La Plata y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

    Como compositor, el bandonenista reconoce que permanentemente está investigando. Sus trabajos siempre están muy ligados a paisajes, a vivencias propias, a la gente y su búsqueda hace hincapié en las raíces, en la identidad.

    “Hay una correspondencia directa de la música que uno hace con el lugar en el cual vive y crece. Creo que eso es lo que me sucedió. Y es lo que trato de hacer prevalecer. Hasta ahora creo que me ha dado resultado”, reflexiona Reynoso antes de concluir: “la gente que me ha escuchado, recalca la idea de que transmito el paisaje de esta parte del mundo en mis músicas”.

    “Cuesta vivir y difundir lo que uno hace porque hay una vorágine de música que llega por los medios masivos que tapa lo que tenemos en la zona” aseguró Reynoso a EL DIARIO.

     

    CRECER SIN OLVIDAR LA RAÍZ

    Compañero de ruta en el camino de la comarca al mundo, el bandoneón ha sido para Gustavo Reynoso un poderoso instrumento en su propuesta de proyectar la música del terruño al mundo.

    “Aunque no ha sido un proyecto conciente, no puedo negar que todo el recorrido que tengo me ha llevado a transitar un lenguaje estético actual. Así que en mi propuesta puede decirse que existe ese registro de ubicar a la música del litoral en diálogo con otras del mundo”, plantea.

    De todos modos, aclara: “soy muy criterioso. Me interesa que lo que compongo no pierda el origen; priorizo que siempre esté el génesis de cada especie musical, el marco histórico y antropológico, de vivencias que tengo con cada música”.

    Para el artista “aunque haya que vestir los sonidos tradicionales con los ropajes nuevos de estéticas más universales”, las claves identitarias que definen esa música y la distinguen, tienen que estar presentes y ser reconocibles para el oyente.

     

    HALLAZGOS Y DESAFÍOS

    -¿Qué te cautivó del bandoneón?

    -Los sonidos. La cuestión tímbrica es lo más atrapante que tiene este instrumento. Cuando me conecté por primera vez, a los siete años, la primera vez que lo ví y luego cuando lo escuché, fue una sorpresa que me marcó para todo lo que ha venido después.

    -¿Qué caminos creativos te ha permitido desarrollar?

    -En el bandoneón he encontrado una manera de desarrollar algunas ideas vinculadas a un modo personal de interpretar música de esta zona y es lo que define mi lenguaje. A través del bandoneón se pueden pintar muchos paisajes. Por eso es parte de la música argentina en general. Está muy presente en casi todas las regiones del país. No hay duda que es un instrumento vinculado al tango; es rioplantense. Pero también llegó al Litoral y al Noroeste.

    -¿Hay interés por aprender bandoneón?

    -Trabajo desde hace bastante y en estos diez años que me dedico a la enseñanza he tenido unos veinte alumnos. Las experiencias son muy buenas. Los alumnos han quedado encantados, especialmente por la tímbrica. Pero estudiar este instrumento es difícil. Hay que dedicarle bastante tiempo antes de poder comenzar a hacer música. Por eso hay muchísimos más alumnos de guitarra y de acordeón, porque son de más facil acceso. Y se producen a nivel industrial. En ese sentido creo que sería importantísimo que tanto desde el Estado como desde el ámbito privado se generen apoyos para que existan posibilidades de acceder al bandoneón. Lo ideal sería que se diesen facilidades para adquirirlo. Y para estudiarlo. Porque es un instrumento que está ligado a nuestro pueblo, a su historia. Creo que de alguna manera eso aportaría a la soberanía nacional desde lo cultural. Se que han instrumentado proyectos de bandoneones para niños, proyectos de instrumentos MIDI, digitales, de manera que quienes deseen comenzar puedan tener un primer contacto para ver si funciona. De todas formas tengo que reconocer que el abordaje del estudio del instrumento es bastante complejo en relación a otros.

    COMPAÑÍA PERMANENTE

    -¿Qué significado tiene el bandoneón en tu vida?

    -Es una compañía inseparable. Ha estado conmigo durante la mayor parte de mi vida.

    Comencé a estudiar a los nueve años. Tengo 32. Ha sido el canal para expresarme, para transmitir y compartir lo que siento. También un modo de crecer y aprender no sólo en lo musical sino en diferentes aspectos.

    Bandoneón es pasión, porque está en todos los órdenes de la vida. Con los amigos, la familia, el trabajo, en el estudio, en el hacer, en tu día libre. Pasión por el instrumento, por aprender, por brindarle a la gente lo mejor que pueda extraer de él. Y pasión por mantener viva una llama para que no se apague.

     

     

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