18.8 C
Paraná
viernes, diciembre 2, 2022
  • Cultura
  • Muy
Más

    La huella misteriosa de García Lorca en Salto

    La vida que le arrebató un batallón de fusilamiento a los 40 años, le alcanzó a Federico García Lorca para producir una obra de notable influencia en la poesía, la prosa y la dramaturgia española del siglo XX. Su existencia desafiante estuvo inflamada de vínculos literarios, amistosos y amorosos, que llegaron hasta el Río de la Plata. En Salto, vecina a Concordia, una serie de relatos fortalece el mito sobre el destino de su cadáver.

     

    Gustavo Labriola

    [email protected]

    Federico García Lorca, un vate recordado y admirado, generó en vida, numerosos afectos y amores. Algunos consumados, otros envueltos en un criterioso manto de dudas y misterio.

    Cuando lo asesinaron, el 18 de agosto de 1936, sus verdugos no pudieron evitar que brote la semilla rebelde de obras cumbres tales como Romancero gitano, Bodas de Sangre o La casa de Bernarda Alba. Era una persona valiente, de definiciones claras. “El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equivocadas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y el sentimiento del hombre”, supo decir.

    Sus biógrafos destacan que una estada de 18 días durante febrero de 1934, en Uruguay, le sirvió a García Lorca para entender que su producción trascendía los límites de España. De allí la importancia de ese viaje, que incluyó tertulias, conferencias, entrevistas y encuentros.

    De entre tantas relaciones que conformó el exuberante García Lorca, hay una peculiar. En El amante uruguayo, el escritor peruano Santiago Roncagliolo alude a una vinculación entre el escritor uruguayo, oriundo de Salto, Enrique Amorim y Federico García Lorca. La historia que se cuenta está plagada de hechos y situaciones no verdaderamente probadas; entre ellas la propia relación amorosa de los escritores.

    Santiago Roncagliolo refiere que se acercó a la historia de García Lorca y Amorim por escritores granadinos que lo interesaron por una versión que había trascendido respecto al hurto de los restos del escritor español por parte de Amorim y su traslado y final deposición en una urna enterrada junto al monumento que se erige en la ciudad salteña.

    Amorim era miembro de una familia de ganaderos, autor de cuentos y novelas. Algunos, como La carreta, su libro más conocido y exitoso, vinculados con el ámbito rural. Se acercó a ideas de izquierda, incluso en 1947 se afilió al Partido Comunista. En una de sus habituales visitas a Buenos Aires se había vinculado con el grupo de Boedo. Mantuvo correspondencia con Jacinto Benavente y se decía amigo de Jorge Luis Borges, con quien estaba emparentado, dado que la esposa de Amorim, Esther Haedo, era prima de Borges. Enterado de la visita de Federico García Lorca al Río de la Plata, lo conoció en Montevideo, y según se cuenta, quedó prendado de él, a nivel artístico, y que, incluso, habría comenzado una relación amorosa.

    Desafiante, García Lorca dejó una estela de misterio en el Río de la Plata.

    Peripecias

    El libro relata no solo la supuesta relación entre ambos, sino también algunas anécdotas personales del autor uruguayo, como que se habría hecho pasar por Jean Paul Sartre en una incomprobable reunión de Picasso y Chaplin en Francia. Reunión que confirma Chaplin en sus memorias, manifestando que, en la misma, había tres personas: Picasso, él mismo y Jean Paul Sartre, lo que podría confirmar la sustitución de personalidad afirmada por Amorim, más allá de que la diferencia física entre ambos era más que notoria. O la convocatoria en su chalet Las Nubes, en Salto, a una reunión de dirigentes comunistas en 1948 entre los que se encontraría Pablo Neruda y Luis Carlos Pretes, para establecer la estrategia del Partido frente a la represión de los gobiernos sudamericanos, y el desarrollo de una Internacional Comunista.

    Amorim había gestionado la construcción de un monumento a Horacio Quiroga, otro salteño, a quien había conocido en Buenos Aires; e incluso lo había visitado un mes antes de su suicidio en el Hospital de Clínicas donde estaba internado. Las cenizas del autor de Cuentos de amor, locura y muerte, fueron llevadas a Salto por Amorim.

    La trama de El amante uruguayo, se torna interesante por la magnética personalidad de Amorim y en particular por las circunstancias que se produjeron en la inauguración del monumento a García Lorca en la zona de Piedra Alta en la Costanera Sur, de Salto, el 6 de diciembre de 1953, aniversario de la fecha del asesinato del granadino. En esa zona de Salto se encuentra también el monumento a Quiroga y otro dedicado a Víctor Lima.

    El monumento -un monolito compuesto por un muro rectangular- cuenta en su frente con la transcripción de versos que Antonio Machado suscribió con motivo de la muerte de García Lorca, con características de epitafio. “Labrad, amigo, de piedra y sueño, en el Alhambra, un túmulo al poeta, sobre una fuente donde llore el agua, y eternamente diga: el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!”.

    A 9.865 kilómetros de la tierra natal de García Lorca, el de Salto fue el primer monumento en realizarse en su memoria. Según se puede probar en diarios de la época, Amorim organizó una multitudinaria ceremonia para ese evento, con características de homenaje fúnebre. Entre una multitud de personas participó la extraordinaria actriz Margarita Xirgu, que se encontraba exiliada en Buenos Aires, conjuntamente con miembros de la Comedia Nacional Uruguaya entre las que estaría China Zorrilla, recitando tres fragmentos (entre ellos, el final) de Bodas de Sangre.

    En esa ocasión, al dirigirse Amorim a los concurrentes, tuvo palabras que sonaron (y suenan) enigmáticas. “Aquí, en este modesto pliegue del suelo que me tendrá preso para siempre, está Federico”, lo que podría dar a entender que en una misteriosa caja blanca enterrada detrás del monumento se encuentran los restos.

    De izquierda a derecha, Enrique Amorim, García Lorca, Juan José Amorim y Luis Pedro Mondino, en Salto.

    Enigmas

    Ian Gibson, el más conocido de los biógrafos de García Lorca, quien había participado en las excavaciones en la fosa común del paraje de Fuente Grande, en Alfacar, a 9 kilómetros de Granada, y en las que no se encontró ni los restos del autor español ni de ninguna otra persona, niega absolutamente la versión de Amorin, por considerar que para poder llevar a cabo semejante acción, se debía contar con la autorización de Francisco Franco para sacar los restos de España, algo impensable, en opinión del autor, porque una operación de tal envergadura habría sido imposible de silenciar.

    La historia que relata Roncagliolo en su libro, con las ambigüedades y falta de confirmación a la que la ausencia de los protagonistas obliga, es no obstante una atrapante crónica de una época en la que los intelectuales tenían una vida muy activa y productiva, tanto que fueron forjando las mejores páginas del siglo XX.

    Por fuera de toda especulación, si bien a ciencia cierta no se conoce dónde han ido a parar los restos de García Lorca, su legado anida en cada espíritu sensible que se descubre conmovido con la obra magnánima de Federico.

     

     

     

    RESUMEN DEPORTIVO

    Lo más leído

    Agroclave