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viernes, diciembre 2, 2022
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    Los medios pueden aportar a la prevención del suicidio

    Si los medios de comunicación abordaran el suicidio en toda su complejidad, serían un apoyo formidable para las tareas de prevención y posvención que realizan grupos de voluntarios a lo largo y lo ancho de la provincia. EL DIARIO conversó al respecto con el especialista en el tema, Sergio Brodsky, integrante de la Red Provincial de Prevención del Suicidio.

     

    Valeria Robin

    [email protected]

     

    A la compleja problemática del suicidio se agrega el tratamiento que del tema hacen los medios. Volver sobre los criterios de noticiabilidad y preguntarse qué objetivos persiguen determinados abordajes, fue la propuesta que EL DIARIO le realizó a Sergio Brodsky, integrante de la Red Provincial de Prevención del Suicidio y referente de la ONG Lazos en Red, un grupo de voluntarios para la prevención del suicidio creado por la Asamblea de Salud Mental y Derechos Humanos de Concordia.

    Lo que sigue es un extracto del diálogo mantenido.

    –En los hechos se percibe una tensión entre el interés de algunos medios y el tratamiento de los llamados suicidios particulares.

    –Es cierto; hay muchos medios que abordan estas cuestiones desde el morbo. Pero también hay que decir que es creciente el interés de los comunicadores por capacitarse en la temática y su abordaje adecuado. Como representantes de la Red Entrerriana de Prevención del Suicidio hemos compartido jornadas de análisis y debate con periodistas y propietarios de medios de comunicación donde debatimos acerca de los criterios de noticiabilidad.

    –Como consumidor ¿cómo debe ser encarado el tema?

    –En principio, deberíamos definir qué es una noticia; y cuándo un acontecimiento tiene interés público. Desde mi punto de vista, un suicidio particular no es una noticia. Pensemos, sin ir más lejos, en la cantidad de eventos que protagonizan las personas y que, sin embargo, no llegan a los medios. Bueno, para mí un suicidio particular es uno de esos hechos que deben quedar circunscriptos al círculo íntimo del sujeto en cuestión.

    No podemos dejar de ver que existe una morbosidad ante los suicidios. De hecho, pesa sobre esta forma de muerte una fuerte condena social y religiosa, desde siempre. Aún hoy, muchas personas interpretan el suicidio como una afrenta a Dios. Hasta hace poco ciertas religiones se negaban a dar los oficios religiosos a los familiares de personas que se quitaron la vida; y las tumbas de los suicidas eran ubicadas en lugares apartados de los cementerios, como un acto de discriminación.

    Es conveniente que los medios reflexionen la manera en que abordan los casos de suicidio.

    Debates

    –Al mismo tiempo, el suicidio sigue siendo un tema tabú.

    –Es cierto. Penosamente lo que deja el suicidio son muchas preguntas sin respuesta y un profundo sentimiento de culpa. Cuando la autodeterminación acontece, las personas más cercanas sienten una especie de vergüenza por la mirada prejuiciosa de los demás, que suelen adjudicar al hecho razones puntuales, olvidándose de que se trata de un fenómeno policausal.

    La muerte por suicidio es un hecho penoso reservado a cada sujeto y su familia. Hay que entender que se trata de un fenómeno doloroso para el entorno de la persona que se quita la vida, de manera que, exhibirlo en público como si fuera un espectáculo de circo es atentar en buena medida contra la angustia y la tristeza que puede estar pasando un grupo de personas.

    El psicoanalista francés Jacques Lacan fue quien señaló que existe una fascinación morbosa en torno al suicidio, lo que podría llevar a algunos medios -que no atienden las cuestiones éticas de la profesión- a intentar sacar provecho exhibiendo al suicidio particular como un tema de interés social.

    Insisto. A mí no me parece una noticia. No entiendo cuál es el valor periodístico de la cobertura de los suicidios particulares. Sí son temas noticiables las estadísticas sobre el suicidio a nivel local, provincial y nacional; la investigación del porqué de esas estadísticas, para intentar un análisis de alguna profundidad; o cuáles son las políticas públicas que desarrolla el Estado en relación a la prevención del suicidio.

    –La cobertura de un suicidio parece violentar a la víctima y a su entorno.

    –Comparto. Brindar detalles sobre cómo se produjo la muerte o revelar intimidades adjudicándole un estatuto de causa a la determinación es una falta de respeto hacia la víctima y sus familiares. Se vulnera innecesariamente la privacidad, como cuando se publican fotos del cadáver. Al mismo tiempo, no se es enteramente consciente de que ciertas publicaciones inducen al suicidio a personas que están vulnerables a él. Es lo que se llama efecto Werther.

    –¿A qué refiere?

    –Una conducta suicida puede precipitar otros intentos en personas con características similares a la víctima, lo que se conoce como suicidio por imitación o efecto Werther.

    Este fenómeno toma el nombre de la novela Las penas del joven Werther de Johann Wolfgang von Goethe, publicada en 1774. En esa historia hay un suicidio que en su momento desencadenó que algunos lectores lo imitasen.

    La noción es recuperada por el sociólogo norteamericano David Philips, para describir el efecto dominó que pueden producir algunas publicaciones en los medios de comunicación. Situaciones como estas condujeron a la Organización Mundial de la Salud a elaborar un protocolo con sugerencias de tratamiento, en el caso de que los medios creyeran que la noticia de un suicidio es publicable.

    Dentro de esas sugerencias de la OMS, aparecen las de no publicar en la tapa, no simplificar la notica, no difundir el método, no mostrar fotos; es decir, una serie de cuestiones que parecen de sentido común pero que no siempre son tenidas en cuenta.

    La Red Provincial de Prevención del Suicidio promueve un tratamiento respetuoso del tema. FOTO: Sergio Ruíz.

    Abordaje

    –¿Qué debieran hacer los medios de comunicación cuando se produce un suicidio, más allá de no publicar detalles?

    –Como dijimos, lo primero es no transformar en noticia lo que no es. Ahora, si los medios abordan el tema con profundidad, pueden aliarse con intervenciones que se vayan dando en la posvención del suicidio. Me refiero a la puesta en operación de dispositivos y estrategias de prevención que procuren evitar que se produzcan nuevos suicidios.

    En paralelo, producido el suicidio, la peor decisión es no habilitar espacios para que los familiares, los compañeros de trabajo o de estudio de la persona que se quitó la vida puedan compartir lo que piensan y lo que sienten, y sean asistidos por un profesional especializado.

    Abrir espacios de circulación de la palabra es vital para elaborar lo traumático del suicidio. Es preciso abordar de alguna manera lo conmovedor de la situación para el entorno: poder hablar de lo que sienten, que quienes lo deseen puedan expresarse sin sentirse juzgados. Tengamos en cuenta que al suicidio sobrevienen la culpa y el enigma, tal como enseñó Sigmund Freud.

    Entonces, poner en palabras lo que se acaba de experimentar favorece el procesamiento y la elaboración del trauma que genera un suicidio. Y, a la vez, se está en mejores condiciones de superar la culpa, la vergüenza, y el miedo de que se vuelva a producir.

    –¿Esa asistencia de la que habla es intuitiva o es una materia que se aprende?

    –Se aprende. Hay una capacitación que está contemplada en la ley, pero que no se ha desarrollado lo suficiente en las escuelas. Se trata de aprender a guiar respetuosamente estas conversaciones llenas de angustia, incomprensión y frustración, para que circule la palabra ante lo traumático y sea posible la elaboración.

    En ese sentido, es importante promover los factores protectores del suicidio, sobre todo alentar, estimular, y enseñar a los jóvenes y sus familias a pedir ayuda ante situaciones difíciles.

    Apoyándome en mi experiencia, quiero hacer un agregado especial. Hay que enseñar a los varones a que tienen derecho a expresar sus emociones. Pienso en este momento que acaso no sea azaroso que, según las estadísticas, por cada mujer que se quita la vida haya cuatro varones que lo hagan.

    Hay una práctica que la cultura instauró en los varones que los deshumaniza, que los empuja a convencerse de que los hombres no lloran, que deben ser fuertes, que no deben pedir ayuda, que tienen que aguantárselas solo. Lo que vemos es que, ante situaciones de angustia, de dolor, de tristeza, los varones que están atravesados por esta perspectiva no encuentran la manera de resolver las situaciones inquietantes como la de un suicidio.

    La función de la escuela, entonces, es cuestionar este discurso, desmontarlo. Y, en cambio, proponer otros tipos de interpretación, mucho más humana, en la que estén habilitados a expresar con total libertad lo que sienten o lo que piensan.

    Otra función de las instituciones es detectar situaciones de riesgo de suicidio, sobre todo cuando un suicidio ha sido consumado, porque, como dijimos, puede poner en riesgo a personas con ideas suicidas.

    Los medios tienen mucho que aportar en la prevención y posvención del suicidio.

    Esferas de acción

    –¿Qué vínculos existen entre Lazos en Red y el Programa Provincial de Prevención del Suicidio?

    –Nuestra ONG está constituida por grupos de voluntarios que trabajan en distintas localidades de la provincia. Muchas veces los pedidos de ayuda que recibimos nos desbordan, entonces, solemos remitirlos al programa provincial, que es el organismo instituido por el Estado para abordar esta problemática y que cuenta con un presupuesto específico.

    La verdad es que cuando recorremos las escuelas encontramos que están muy solos, desorientados, angustiados. Nosotros damos una mano, pero la responsabilidad es del Estado.

    –¿Ser parte del círculo de proximidad de una persona que se suicidó es un factor de riesgo?

    –Sí. Y explico por qué. Confluyen varios factores, que es bueno repasar. Por un lado, una determinación de esas características genera una incertidumbre muy grande. Mucha culpa también, vergüenza. Así, puede ocurrir que las personas del entorno prefieran no hablar del tema, incluso entre ellas. Entonces, si en alguna persona se presentaran las condiciones de riesgo de suicidio (depresión, adicciones, falta de sentido de la vida) no sería raro que las personas se quieran convencer de que la decisión del suicida podría haber sido la suya.

    Por eso es importante que desde el sector público se entienda que debe haber políticas concretas de contención, porque además es una forma de prevenir el suicidio. Insisto en este punto porque puede que haya gente que piense que el suicidio no se puede prevenir.

    Ese trabajo de abrir el juego a que cada cual exprese cómo está viviendo el momento traumático, puede permitirle a una persona entrenada detectar si la pauta cultural que indujo a alguien a quitarse la vida -como forma de afrontar una coyuntura- no es compartida por otros miembros del grupo cercano.

    Para decirlo de otra manera, es importante que en una familia haya espacios de análisis que estén guiados con criterios de comprensión y contención, porque el suicidio deja a todos inmersos en una situación muy angustiante. Y, además, como indican las estadísticas, la familia de primer orden corre riesgo de suicidio.

    Se recomienda que profesionales y estudiantes de la comunicación analicen la noticiabilidad de lo que transmiten.

    –Todas estas dimensiones no aparecen en los tratamientos periodísticos ligeros que hacen algunos medios.

    –Eso es justamente lo que nos preocupa, sobre todo por la influencia que tienen los medios en la constitución de la conciencia social. Pero al mismo tiempo quiero destacar que hay ejemplos concretos de medios que están preocupados por la temática. Me refiero a FM Sol, de Los Charrúas; FM 100 y FM Integración, de Federal, que nos han brindado un espacio para informar sobre la temática. En esas participaciones informamos porqué el suicidio se puede prevenir; cuáles son los indicadores de riesgo, cómo pueden intervenir las personas de la comunidad para prevenir o dar aviso ante una situación de riesgo de suicidio, y cuáles son los lugares donde se puede concurrir por asistencia.

    Así como criticamos a los comunicadores cuando hacen un tratamiento inadecuado de la problemática del suicidio, es conveniente destacar las estrategias de comunicación de Walter Schvintt, de Los Charruas; de Osvaldo Carbonel, y Antonio. E. Silveyra, de Federal.

    En ese sentido, realizaremos tres programas para Radio Uner Concordia, que ojalá se distribuyan en las otras emisoras que tiene el sistema, en Concepción de Uruguay y en Paraná.

    La experiencia nos indica que en las localidades donde trabajamos la prevención del suicidio con una visión integral -como en Los Charrúas y Federal- los resultados son muy buenos, gracias a la intervención permanente que realizamos en la comunidad. Por eso lamentamos que el programa provincial no tenga una mejor respuesta, porque vemos que hay un campo enorme de trabajo.

     

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