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viernes, diciembre 2, 2022
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    Bajada Grande, hasta donde llegaba el tren y los sueños

    De los muchos procesos de inmigración, rescatamos uno acontecido en el siglo XX. Nos ayuda a imaginar una época muy diferente, el relato en primera persona de una descendente de italianos que llegó a Paraná siendo una niña. La recibió Bajada Grande, con su puerto, su río ancho y la estación donde terminaba el recorrido del tren.

     

    Griselda De Paoli / [email protected]

     

    En realidad, los ritmos migratorios de nuestra provincia no siempre encajan exactamente con los de la Nación. Por ejemplo, mientras el período 1897-1901 podría ser considerado de baja a nivel nacional, para Entre Ríos es un período de alta, en que ingresan 6.077 extranjeros a la provincia. Es el momento en que se extiende la red ferroviaria, se fomenta el arraigo de la población rural y se dictan algunas disposiciones que permitían la enajenación de tierras fiscales y la parcelación de las mismas.

    El período en que mayor cantidad de inmigrantes entran a la provincia es el que va de 1904 a 1912 y ya resultaba difícil contrarrestar la tendencia al urbanismo. Tal vez el último año significativo en cuanto al número de inmigrantes fue 1927 ya que la crisis del ‘30 agudizó la merma de afluencia en los años siguientes.

    En el caso de los italianos los testimonios recogidos marcan una clara tendencia a la superación de la actividad agrícola y a la diversificación laboral, aportando al proceso de urbanización insertándose como comerciantes, artesanos, industriales, profesionales o propietarios de talleres.

    La última inmigración italiana se produce al fin de la Segunda Guerra y llega alejándose del escenario tenebroso y en busca de la posibilidad de insertarse en otro contexto o la de reunirse con algún familiar ya establecido o simplemente apelar al contacto con sus connacionales ya instalados.

     

    Testimonio

    Poniéndole calor humano a esta breve recreación, la voz de un protagonista, registrada en una entrevista, en 1986, nos describe en primera persona una historia de vida inmigrante que seguramente ha de tener muchos ribetes en común con la de otros protagonistas de los mismos tiempos y espacios.

    “Llegué al país en 1924 en el vapor Formosa. Yo venía con toda la familia. Mi padre, mi madre y cinco hermanos, uno de ellos falleció al año de llegar. En aquel tiempo no había cura para la aftosa. ¿Por qué elegimos la Argentina? Teníamos acá un tío, hermano de mi padre, el cual se comunicaba periódicamente con él. Mi padre tenía los papeles para ir a Francia, pero recibe carta de mi tío (diciendo) que acá había trabajo, que podía venir, que le daban casa para la familia y así fue. Cambió los papeles y le escribió a mi tío que vivía en Paraná, en Bajada Grande y allí llegamos nosotros, adonde termina el ferrocarril. Ahí estaba la familia Vuconich, le dieron casa y trabajo. Nosotros éramos chiquititos.

    “En aquel entonces, hablo del año 1924, había muchos grupos de distintas nacionalidades. Yo era pequeño, seis años; los cumplí en el barco y me acuerdo todavía de un grupo grande, enorme de árabes que cantaban, árabes o sirio libaneses; y nosotros éramos un grupo bastante numeroso de italianos. En general, eran familias, en ese entonces había posibilidades y eran grupos familiares. Distinto fue la del ‘39 que primero vinieron ellos a tomar trabajo, a conseguir empleo y luego llamaban a su gente. También ocurrió antes, pero en menor medida.

    “Nuestros padres entraron enseguida en contacto con otros italianos y más llegando a Bajada Grande, aislado de la ciudad de Paraná, en realidad no hubo contacto. De a poco, se fue conectando con gente de su región, o sea de la Provincia de Udine, de la región del Friuli, mejor dicho.

     

    Etapas

    “Después de una cuarentena que hubo en el barco y de un mes en el Hotel de Inmigrantes, tomamos el tren en Lacroze, hizo una parada en Paraná y llegamos a Bajada Grande un mes de febrero; calor terrible, langostas que tapaban el sol. Mi padre se puso a llorar. Mirando la gente que venía de trabajar de la cantera con esos sombreritos en pico, con un chiripá de lona, ranchitos, gente que estaba tomando mate. Mi padre creía que fumaban. Mira qué pipa decía. Bueno. Era una desazón terrible, una época de calor, Bajada Grande, sesenta y dos años atrás. Qué pudo haber pensado mi padre. Pero enseguida comenzó a trabajar picando piedras.

    “Después de la guerra del 39 al 45, llega un grupo nuevo inmigratorio italiano y ahí ya no hubo zonas destinadas como la vieja inmigración de la Ley Avellaneda, en la cual le decían señores acá tienen Resistencia, le damos tierras, trabajen, o Colonia Caroya por ejemplo donde iban los de mi región o acá a San Benito. La mayoría venía independientemente, muchos con oficios, otros sin oficio, algunos profesionales, en Europa era muy difícil la vida y venían a buscar nuevos horizontes. La mayoría eran jóvenes que tenían alguna aspiración y sin ninguna posibilidad de prosperar allí, hasta que vino el Plan Marshall que destinó mucho dinero que lo supieron administrar bien y ahí tenemos la prueba de lo que es Italia ahora.

    “Todos fueron adonde tenían algún pariente, por todo el país. Eligieron lugares donde empezaba a prosperar la industria y había trabajo. Venían completamente desilusionados y con la idea de radicarse definitivamente en la Argentina. De esta última inmigración regresaron muy pocos. Yo tengo amigos que empezaron como albañiles y terminaron siendo empresarios constructores y así hay empresas de electricidad, de metalurgia. De aquellos, regresaron muy pocos. Ahora (1986), la prosperidad que hay allá ha hecho que los hijos de muchos de ellos se hayan ido. Los reconocen las leyes, a los mayores la jubilación.

    “Hoy soy jubilado, fui sastre de medida, tuve 41 años una sastrería de medida abierta y siempre algún cliente me consigo y participo en la comisión de las tres instituciones de la colectividad: la Sociedad Italiana, la Dante y la Friulana. El gobierno italiano me ha premiado, tengo el Caballerato y un diploma de la Dante Alighieri de Benemerencia”.

    AL MARGEN

    Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected] [email protected] y/o [email protected]

     

     

     

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