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sábado, diciembre 3, 2022
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    Una ciencia pensada para el desarrollo local y sustentable

    Siempre es constructivo reflexionar acerca de los sistemas científicos nacionales. Sujetos a vaivenes políticos, sociales y económicos, están estrictamente vinculados al desarrollo de los países. En la entrevista con el especialista Federico Ariel se repasó también la influencia en el campo de dos perspectivas emergentes: la de género y la ambiental.

     

    Víctor Fleitas

    [email protected]

     

    El martes 27, desde las 19, en la Facultad de Ciencias Económicas (Urquiza 552) habrá una disertación sobre “Política científica y financiamiento estratégico ¿Qué ciencia queremos?” a cargo del investigador del CONICET, Federico Ariel.

    El encuentro es organizado por el Centro Susana Froy, que de esta manera hace su presentación en sociedad.

    EL DIARIO entrevistó a quien estará a cargo de la conferencia sobre este asunto que, aunque no forme parte de las conversaciones cotidianas, resulta central para el desarrollo y la profesión del país y la región.

    Como se sabe, el académico ha sido siempre un campo de disputas: el laboratorio y la extensión; el modelo primario y el industrial; la perspectiva eurocéntrica/americana o la vertiente latinoamericanista. “¿Qué caracterización hace de este proceso y cómo se posiciona?”, se le preguntó en principio. “A lo largo de estos años, se han debatido todas estas dualidades. En algunos casos han dado lugar a síntesis superadoras. Necesitamos (y podemos) estar al frente de la vanguardia científica a nivel mundial, para poder dominar soberanamente las tecnologías que instrumentemos en pos del desarrollo sostenible de nuestra sociedad”, prologó Federico Ariel.

     

    –¿A qué se refiere cuando habla de vanguardia científica?

    –Tanto a la ciencia básica como a la aplicada, entendidas como un continuo inseparable e ineludible. Nos urge producir conocimiento básico y general en diferentes disciplinas, para que surjan capacidades técnicas que solucionen nuevos (y viejos) problemas.

    En este sentido, entiendo que las dualidades deben integrarse en procesos más complejos para pensar la ciencia que queremos. Por ejemplo, que sea de vanguardia y tenga circulación internacional, pero, a la vez, que genere un impacto local. En el mismo sentido, que garantice el respaldo de la comunidad científica y académica y a la vez que de cuenta de una perspectiva de aplicación en nuevas tecnologías que agreguen valor al empleo y mejoren la calidad de vida de nuestros pueblos. No se trata de dilemas sino de perspectivas integradas, todas necesarias para fundar una sociedad basada en el conocimiento.

    El investigador Federico Ariel disertará el martes en Paraná.

    Entornos

    –¿Qué lugar ocupan las comunidades humanas en esta alternativa en la que se inscribe?

    –Nuestro modelo científico-tecnológico no es perfecto, claramente, pero es perfectible. Pertenezco a una generación que está integrando de manera transversal y relevante dos perspectivas muy importantes: la de género y la ambiental. No podemos saltear estas cuestiones al diseñar estrategias científicas o tecnológicas.

    Debemos abogar por un sistema más igualitario en un sentido amplio de la palabra, conquistando nuevos derechos y expandiendo las fronteras de integración en un sector que no necesariamente escapó a las lógicas de la dominación cultural, económica y patriarcal.

    A su vez no nos queda margen para pensar tecnologías sin preservar el ambiente y la salud humana. Simplemente, no hay más tiempo. Y, en este contexto, la comunidad científica enfrenta el gran desafío de sostener o incluso aumentar la eficiencia de los procesos productivos y generar riqueza, pero de manera sostenible.

    Ambiente e Industria podrían presentarse entonces como un nuevo dilema, pero confío en que será la creatividad científica la que pueda ofrecer las soluciones que necesitamos en este momento de la historia. Desde mi punto de vista, sostener que el avance de la tecnología requiere inevitablemente de un alto sacrificio del ambiente y la salud, demuestra una gran carencia de creatividad y responsabilidad científica.

    –¿La suya es una postura personal o es parte de un colectivo y en ese caso quiénes lo constituyen?

    –Prefiero expresar mis opiniones como una postura personal, aunque el debate se da dentro de muchos colectivos de científicos y científicas en todo el país. Varios de ellos agrupados en el Frente Federal de Ciencia y Universidad, en el que he participado activamente. El debate viene creciendo, felizmente, y es necesario. Algunas de estas organizaciones surgieron en 2015, ante la promesa de campaña del entonces candidato a presidente, Mauricio Macri, de duplicar la inversión en Ciencia y Tecnología, como si se tratara de un rasgo cultural aislado y separable de un programa económico que propiciaba la dependencia.

    Sabíamos que la promesa era una mentira, y lamentablemente lo comprobamos en sus cuatro años de gobierno, en los que se paralizaron las obras, y se hizo caer dramáticamente el presupuesto destinado al sector. Esas decisiones afectaron la ampliación del sistema científico, expulsaron a jóvenes investigadores e investigadoras, y descontinuaron los grandes proyectos nacionales de energía, satélites y radares, entre otras tragedias.

    La comunidad científica es heterogénea y diversa en cuanto a las posturas políticas. Lo que no podemos permitirnos es ignorar evidencias ni privarnos del debate, que siempre debe ser bienvenido.

    Evaluación

    –¿Qué de la actual política científica no lo satisface?

    –La situación del sistema científico argentino dio un vuelco sustantivo en 2003 cuando la cartera se encontraba bajo la órbita del entonces ministro de Educación, Daniel Filmus. El incremento significativo de recursos para el sector permitió sistematizar el ingreso a la carrera de investigación científica del CONICET, programar un aumento en el número de investigadores e investigadoras por cantidad de habitantes, y regularizar la oferta de becas doctorales y postdoctorales.

    Este proceso se vio acompañado de un plan de ampliación de infraestructura y resurgimiento de otros Institutos Nacionales como el de Tecnología Agropecuaria y el de Tecnología Industrial. El sostenido crecimiento desencadenó que en 2007 surja la necesidad de crear por primera vez un Ministerio de Ciencia y Tecnología. Contábamos ya con una masa crítica y una capacidad instalada que lo ameritaba.

    Sin embargo, los frutos del desarrollo científico se esperan a mediano y largo plazo, para lo cual se requiere de financiamiento sostenido y estratégico. Como se dijo, el financiamiento se vio fuertemente disminuido entre 2015 y 2019, incluyendo la degradación del Ministerio de Ciencia en Secretaría, como también ocurrió con el de Trabajo, Salud, y Cultura.

    Desde el último cambio de gobierno el área recuperó el rango de Ministerio y se han logrado varios hitos trascendentes para el sector.

    –¿Alcanza con estas distinciones formales?

    –No, ni las distinciones formales ni las leyes. Durante la gestión de Roberto Salvarezza, se aprobó la Ley de Financiamiento de Ciencia y Tecnología, que permite proyectar el incremento de la inversión hasta 2030. Pero no podemos olvidar que la existente Ley de Financiamiento Educativo fue sistemáticamente ignorada durante el gobierno anterior.

    Necesitamos no sólo de leyes que sostengan un programa a largo plazo, sino de consenso político y social que garantice la inversión en ciencias de manera coherente con el proyecto de país que queremos. En ese sentido, también reclamamos honestidad intelectual de parte de la dirigencia política. Cada candidato o candidata a cargos electivos debe sincerar sus planes respecto a cada sector y convencer a su electorado con lo que efectivamente piensa hacer. Resulta inaceptable que se prometa, por ejemplo, duplicar la inversión en Ciencia y Técnica, cuando los objetivos reales son antagónicos.

    En estos últimos años, y sobre todo desde la aprobación de la Ley de Financiamiento, se ha invertido en infraestructura, se han diversificado las herramientas de financiamiento de proyectos científicos y tecnológicos y se ha promovido la vinculación público-privada y la transferencia tecnológica. La lógica de estas asociaciones se está escribiendo, no hay fórmulas mágicas, y seguramente habrá que ir corrigiendo el rumbo. Pero claramente el horizonte es el correcto.

    En este contexto, se están realizando esfuerzos muy importantes en descentralizar el sistema científico (hoy principalmente concentrado en el AMBA, Rosario y Córdoba), lo cual abre buenas oportunidades para las provincias en cuanto a la tracción de recursos para establecer y fortalecer polos científico-tecnológicos, contribuyendo con inversiones locales.

    La Provincia de Santa Fe, por ejemplo, cuenta con un plan de inversión complementario al nacional para fortalecer el ecosistema innovador local. La federalización del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología implica una enorme transferencia directa de recursos del Estado Nacional a las provincias, así como el paso fundamental para la sofisticación de las economías regionales y la creación de puestos de trabajo de calidad.

    Red federal

    –¿Hay ejemplos que pueda consignar?

    –Grandes programas como Pampa Azul, destinado al estudio integrado e interdisciplinario del Mar Argentino, recobró su impulso bajo la coordinación del Dr. Juan Emilio Sala. También nuevos Proyectos Interinstitucionales fueron creados con objetivos muy ambiciosos. Uno de ellos es de particular relevancia para el Litoral argentino, liderado por la Dra. Melina Devercelli, investigadora del CONICET y actual subgerenta del Centro Regional Litoral del Instituto Nacional del Agua.

    Este Proyecto integra múltiples instituciones y abarca el estudio de la cuenca de los ríos Paraguay y Paraná, desde la caracterización de los microorganismos hasta la interacción de las poblaciones y actividades productivas a lo largo de ambos ríos. Perspectivas sociales, económicas, fisicoquímicas, biológicas e incluso meteorológicas, son integradas para una mejor comprensión del gran socio-ecosistema Paraguay-Paraná, lo que permitirá ofrecer evidencia científica para la toma de decisiones políticas. Se trata de un trabajo loable en tiempos de discusión sobre la soberanía de la navegabilidad de los ríos, así como por la urgencia ante los cada vez más recurrentes incendios en el delta del Paraná.

    Otras leyes que se han aprobado recientemente permiten consolidar las reglas del juego para los diferentes actores del sistema: la Ley de Economía del Conocimiento, y la Ley de Promoción de la Bio y Nanotecnología. Ambas leyes habilitan el estímulo a la inversión privada y la vinculación con el sector científico para agregar valor a las distintas cadenas productivas. Si bien falta resolver problemas estructurales que afectan al sector, las nuevas herramientas de financiamiento del Ministerio de Ciencia y la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación vienen dando buenas señales de un desarrollo tecnológico más dinamizado.

    La cuestión ambiental interpela las maneras en las que se hace ciencia en Argentina.

    –¿Hay alguna iniciativa de financiamiento que quiera destacar?

    –El Programa de Ciencia y Tecnología contra el Hambre, del que fui beneficiario y nos permitió como equipo de investigación dar un salto cualitativo en la transformación de nuestros descubrimientos científicos en desarrollos tecnológicos para la agricultura sustentable. Actualmente, existe una nueva convocatoria de Alimentos saludables, asociada a la Ley de Etiquetado Frontal, que permitirá financiar desarrollos científico-tecnológicos destinados a mejorar la calidad de alimentos o algún eslabón de la cadena productiva.

    En los últimos años también se retomaron los grandes proyectos de energía, incluyendo nuevos desafíos como la producción de hidrógeno verde y la industrialización local del litio extraído en el norte del país. Sin ir más lejos, fuimos testigos de la gran apuesta al sector en tiempos de pandemia, cuyos desarrollos vimos plasmados en kits de diagnóstico, vigilancia epidemiológica, barbijos basados en nanotecnología y el desarrollo de vacunas. Varias de estas soluciones tecnológicas surgieron de laboratorios que normalmente se han destacado en sus aportes a la ciencia básica y la generación de conocimiento. Valga el ejemplo para saldar el falso dilema entre Ciencia y Tecnología.

    La mayor presencia de la mujer en el campo científico tensiona las perspectivas tradicionales.

    Un camino arduo

    Federico Ariel es Licenciado en Biotecnología y Dr. en Ciencias Biológicas por la Universidad Nacional del Litoral. En 2011 obtuvo una beca de la Unión Europea para realizar un postdoctorado en Francia, donde se especializó en el campo de la Epigenética vegetal y los ARNs no codificantes. En 2016 regresó a la Argentina y comenzó a dirigir su grupo de investigación en el Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, en Santa Fe.

    En los últimos años ha sido distinguido con los premios Estímulo de la Academia Nacional de Cs. Exactas, Físicas y Naturales (2018), Fima Leloir (2019), Hermann Burmeister de la Academia Nacional de Ciencias (2020) y el Young Investigator Award de MDPI, Suiza (2021). Actualmente, es Investigador Independiente del CONICET y docente de la UNL. Además, se desempeña como representante del CONICET en el Directorio de la empresa Y-TEC (de YPF y CONICET), es miembro del Consejo de Administración de la Fundación Argentina de Nanotecnología, integra el Consejo Asesor del Programa RAICES de repatriación de científicos, y es co-presidente de la Academia Joven de Argentina, todos cargos ejercidos ad honorem.

     

     

     

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