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jueves, octubre 6, 2022
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    Inventos ingeniosos, una marca identitaria entre los argentinos

    La capacidad de sobreponerse a las dificultades y encontrar soluciones realizables que resuelvan problemas concretos es una de las características que la cultura argentina puede exhibir como propia de su identidad. Con suceso incluso mundial o como gesto absolutamente anónimo, son numerosos los ejemplos de cómo ese ingenio puede aplicarse a la invención de objetos, mecanismos y dispositivos de los más diversos.

     

     

    Rubén I. Bourlot / [email protected]

     

    El 29 de septiembre se celebra en la Argentina el Día del Inventor en honor a Ladislao José Biró, desarrollador de la birome, uno de los más destacados de los treinta productos que desarrolló. La lista de inventos argentinos es amplia e incluye entre los más destacados al dulce de leche, al bypass coronario de René Favaloro, al corazón artificial de Domingo Liotta en colaboración con Denton Cooley y a la identificación de personas por sus huellas digitales de Vucetich.

    La inventiva argentina tiene miles de ingenios que no necesariamente pasaron por el registro de patentes. Es más, se conoce a los argentinos por el “lo’ atamos con alambre”, una expresión generalmente peyorativa, sinónimo de improvisación, pero que debe ser reivindicada como una manifestación de la creatividad para brindar soluciones a problemas cotidianos.

    Abundan los ejemplos. A fines de la década del ’30 estalló la Segunda gran guerra europea (1939-1945). Una de sus consecuencias fue la interrupción de las exportaciones de manufacturas a países que dependían de las mismas. En el caso de nuestro país los automotores y máquinas experimentaron la falta de repuestos. Inmediatamente los modestos talleres existentes comenzaron a fabricar repuestos y otras manufacturas convirtiéndose en fábricas para sustituir las importaciones.

    En Entre Ríos, con escaso desarrollo industrial, la inventiva se dio principalmente en el área rural donde el chacarero apeló a la tan mentada creatividad para cubrir sus necesidades y en algunos casos para dar lugar a la “viveza criolla” o no tan criolla.

     

    El triciclo de Joujón

    Un ejemplo de picardía fue el invento de Joujón (también llamado Yiyón) Bouet de San José, departamento Colón. Hace varias décadas, cuando la mayoría de los vehículos que circulaban eran de tracción a sangre (carro sulkys, jardineras), la municipalidad local promulgó una ordenanza disponiendo el patentamiento y cobro de una tasa a los carruajes de “dos y cuatro ruedas”. Rápido de reflejos Joujón, que era un hábil artesano, detectó la laguna legal y construyó un vehículo con tres ruedas para quedar eximido de la obligación de tributar. Tanto caló en la memoria popular la avivada de Joujón que en 2017 una ordenanza municipal designó un pasaje público de la ciudad con su nombre.

    Otro invento puesto al servicio de la economía chacarera fue el del mecánico Eugenio Comte que tenía un taller y herrería en la zona rural del departamento Uruguay. Hasta hace medio siglo el kerosene era un combustible de uso popular en zonas sin electricidad ni gas y por lo tanto su precio estaba subsidiado. Como era mucho más económico que la nafta muchos propietarios de utilitarios adaptados para carga liviana -viejos automóviles Ford T, Chevrolet, Whippet- sustituían este combustible por kerosene. Pero había un inconveniente. Este hidrocarburo necesitaba que el motor estuviera caliente para funcionar bien. Comte apeló a su ingenio para que el mismo llegara precalentado al carburador mediante una serpentina que rodeaba el caño de escape. Vecinos de la zona decían que el invento daba buenos resultados.

    Comte tenía inventada también una parrilla variable para patio y se dice que diseñó una “máquina para matar loros en sus nidos”, que para los agricultores eran un verdadero flagelo.

    Otro vecino de la zona, Gerardo Gradizuela, fabricó una desmalezadora autopropulsada (hoy ya existen en el mercado) adaptando un noble motor “Villa”. Otra chacarero, Enrique Jourdán, fabricó un “tractor” con un motor “Villa” montado sobre un chasis de Ford T que le resultaba muy útil para laborar su campo.

    Una añeja publicación de la década del ‘40 nos acerca el testimonio de Alfonso Mudry, propietario de una chacra en la colonia San José, que concibió varias maquinarias para uso en su establecimiento. Entre otras una canaleteadora de chapas para techos, una bomba pulverizadora para aplicar plaguicidas así como una emulsionadora de aceites para preparar los mismos. Otros inventos eran un carpidor de nueve zapas para eliminar malezas y una agujereadora de hierro.

    El original auto anfibio

    El 13 de febrero de 1929 los vecinos de Paraná observaban asombrados el paso triunfal de un raro automóvil que derramaba sobre el pavimento restos del agua del río Paraná que acababa de atravesar. Era el invento de Eugenio Bebión, un paranaense, que construyó el primer auto anfibio del mundo y lo patentó en 1928. Hasta ese momento los únicos vehículos anfibios que se habían fabricado eran para uso militar.

    Las crónicas de la época informaban que la travesía por el río duró dos horas desde Santa Fe. El propio Bebión explicaba su invento. “Circula como cualquier otro auto por las calles de la ciudad y tiene la ventaja de que con un golpe de palanca bajan unos flotadores y se entra en el agua. Se hace un breve cambio con otra palanca y en lugar de moverse las ruedas se mueve la hélice que lleva debajo del eje posterior. Y ya estamos navegando”, señaló.

    El vehículo podía trasladar hasta ocho pasajeros y una carga de tres mil kilos. Contaba con dos flotadores móviles ubicados en los lados. Después de esta primera experiencia se perdió la pista de este original vehículo y también de su inventor.

    Agreguemos a modo de colofón que circula el mito acerca del origen entrerriano de la popular bebida cola cuya fórmula explota una firma estadounidense. Se trataría de la Chichibirria (la de la bolita) -se dice también que es la primera gaseosa fabricada en el país- creada por el inmigrante italiano Felipe Lupi, en su sodería instalada en Lucas González.

     

    Para seguir leyendo

    – Más temas sobre nuestra región en la revista digital Ramos Generales, disponible en http://lasolapaentrerriana.blogspot.com/

     

     

     

     

     

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