11.4 C
Paraná
viernes, octubre 7, 2022
  • Sociedad
  • Muy
Más

    El silencioso renacer de un custodio de la historia

    Si por un lado la cultura digital multiplica las posibilidades de circulación y almacenaje de material con valor histórico, por otro la obsolescencia de dispositivos re productores amenaza con impedir el acceso al patrimonio de instituciones, familias y ciudadanos. Así tesoros de la historia institucional pero también detalles de la cambiante vida cotidiana reclaman una acción oportuna y estratégica de organismos como el Archivo General de la Nación.

     

    Desde la época en que los documentos se guardaban en sobres y se registraban a mano en ficheros hasta el actual proceso de digitalización y difusión de un acervo de hasta 400 años de antigüedad, el Archivo General de la Nación trabaja en custodiar la historia del país y en democratizar su acceso, notablemente expandido por las redes sociales. El reto de la hora pasa por seguir archivando, pero también en difundir la riqueza del patrimonio.

    Así las cosas, un registro sonoro inédito de la poeta Alfonsina Storni, la colección de una de las primeras casas de fotografía en el país, y una filmación histórica de la multitud que concurrió al velorio del expresidente Hipólito Yrigoyen son algunos de los registros “atesorados” del Archivo General de la Nacional. Su titular, Pablo Fontdevila, acepta ser parte de un desafío magnífico en los que las nociones de lo fugaz y lo permanente mutan, gracias al impacto de la cultura digital.

    De todos modos, lejos de lo que puede llegar a creerse, en el AGN no se conservan únicamente las memorias de grandes próceres argentinos, sino también -y mayormente- recuerdos de figuras populares y la cotidianidad de la gente común, en un acervo que reúne tanto documentos públicos como fondos privados.

    Este organismo, además de ser “custodio de los documentos que tienen que ver con la historia, la memoria y los derechos del pueblo argentino”, tiene como misión garantizar el acceso y la difusión de esta documentación histórica.

    “La difusión es una tarea que asume cada vez un rol más importante, que se suma a las tareas habituales de los archivadores”, explicó Fontdevila. Fue entonces cuando el director del AGN recordó que clásicamente “los archivos eran consultados presencialmente por especialistas, historiadores, investigadores e intelectuales que buceaban en el pasado”.

    Sin embargo, cada vez más, aquello que fue siempre “nicho de especialistas”, llama la atención y “despierta una gran curiosidad” en el público en general, a partir de las publicaciones en redes sociales, especialmente las fotografías y los videos.

    “Paisano cantándole a su china junto al Monumento al Resero en el barrio de Mataderos, 1939”, reza un epígrafe de una de las fotos rotuladas como “románticas”, que integra una incontable cantidad de fotografías de diversas temáticas, como urbanismo, trabajadores, industria argentina, artistas, deportistas, policiales, populares, curiosidades, arquitectura y publicidades.

    “En general, me parece que el pasado tiene un atractivo particular, tal vez por la vertiginosidad que tiene el tiempo en el cambio de tecnologías, soportes y de la cultura también”, expresó Fontdevila y agregó: “Ese contraste genera una enorme curiosidad y se refleja en la presencia que el archivo tiene en las redes”.

    “La archivística está pasando por un buen momento y se va a potenciar con la incorporación de tecnología que le permita conservar, clasificar y acceder mejor al gran público, que es el objetivo que nos impone la ley de acceso a la información pública: facilitar al pueblo argentino el conocimiento de la historia”, aseguró el entrevistado.

    Legados

    Los más antiguos de esos documentos superan los 400 años y están en diferentes formatos: en papel, papel fotográfico, fotografía sobre vidrio, audios, video y sus distintas versiones como el fílmico de acetato, vinilos y cintas de distinta composición, que “dan cuenta de la historia de estas tecnologías”.

    En cuanto a su preservación, esta constelación de archivos está sometida “a todas las incógnitas que va generando la evolución vertiginosa de la tecnología”.

    “Empezamos a notar que hay CD’s que ya no podemos leer, hay casetes que no tenemos con qué reproducirlos y que esos soportes muy rápidamente pasan al olvido y van perdiendo posibilidades de acceso”, señaló Fontdevila y agregó que el objetivo es “garantizar su conservación en medio de un proceso sistemático de migración”, a partir del cual se pasa de una generación de tecnología a la siguiente constantemente.

    Asimismo, el director del AGN destacó que la digitalización facilitó el acceso a los tres servicios más solicitados por la población en general: certificaciones de registro migratorio, para tramitar la doble nacionalidad; decretos antiguos; sucesiones y escrituras; y documentos judiciales, solicitados para grandes procesos como el juicio por la masacre de Napalpí, en el que se aportó material allí preservado, en una enorme oportunidad de mostrar que “hay una preservación de derechos además de documentos”.

    En esa línea, resaltó las distintas experiencias emergentes de “archivos populares”, que también suponen una custodia a la historia y los derechos de comunidades específicas, como el Archivo de la Memoria Trans o el Archivo de la Memoria Popular, que recupera la historia del barrio Papa Francisco (ex Villa 20), en Lugano.

    “Esas experiencias van de la mano de la conquista de derechos reales en la sociedad, porque los que estaban invisibilizados no solamente no podían tener un archivo sino tampoco expresarse siquiera de una manera libre a través de las diversas alternativas de expresión”, concluyó Fontdevila.

     

    La historia y los archivos

    El Archivo General de la Nación (AGN) fue fundado en 1821 como el Archivo General de la provincia de Buenos Aires. Tras la federalización de la ciudad de Buenos Aires en 1880, el organismo pasó a tener su nombre actual y fue emplazado en el edificio donde en el pasado había funcionado el antiguo Congreso Nacional y hoy se ubica la AFIP. En 1950, las autoridades del AGN mudaron el archivo a la sede actual de la avenida Alem 246, un edificio proyectado por el arquitecto Arturo Prins, de estilo academicista y construido en 1920 para el Banco Hipotecario Nacional.

    Aguateros, en una época en que nadie imaginaba que el agua potable podía llegar a través de una red pública.

    El AGN alberga una valiosísima colección de documentos fotográficos, audiovisuales y escritos que lo coloca como uno de los principales repositorios de América Latina, de hecho el patrimonio documental del Virreinato de la Plata pertenece al programa de la Unesco: Memoria del Mundo.

    Este organismo, dependiente del Ministerio del Interior, recibe a docentes, investigadores, alumnos y al público en general de lunes a viernes de 10 a 17. Con la única condición de ser mayor de 18 y presentar un documento de identidad, las personas pueden acceder de forma gratuita al invaluable acervo que preserva la memoria del país.

    El Departamento de Documentos Fotográficos del AGN cuenta con cerca de un millón de fotos a disposición de cualquier persona que quiera consultarlas, donde quedaron retratados distintos momentos y personajes de la historia.

    Una de ellas es la de Julieta Lanteri, una inmigrante italiana que se convirtió en la quinta médica recibida en la Argentina. Pero no es eso por lo que una foto suya quedó en la historia. Lanteri fue pionera en los inicios del feminismo y de las incipientes organizaciones feministas que buscaban la igualdad cívica.

    En 1911, basándose en una convocatoria para actualizar el padrón electoral para las elecciones municipales en Buenos Aires -en donde no se especificaba que los votantes tenían que ser hombres- Lanteri se convirtió en la primera mujer en emitir su voto en la Argentina y en Sudamérica, varias décadas antes de la aprobación del voto femenino en 1947.

    También hay una imagen de Dolores Candelaria Mora Vega, oriunda de Tucumán. Ella es una referente de la escultura argentina. Una de sus obras más destacadas es la Fuente Monumental Las Nereidas, un complejo escultórico hecho en mármol que representa el nacimiento de la diosa del amor, Venus, custodiada por tres tritones y elevada por dos nereidas.

    La obra fue objeto de controversias debido a la desnudez de las estatuas que Lola Mora logró conjugar con gracia, y luego de su inauguración en 1903 la fuente terminó por ser emplazada en su ubicación actual de Costanera Sur.

    El documento de identidad de Carlos Gardel, donde consta que es argentino naturalizado, nacido en el Uruguay.

    Visitas ilustres

    En otro retrato, Albert Einstein brinda una conferencia en el Colegio Nacional Buenos Aires en abril de 1925. Invitado por la Universidad de Buenos Aires y la Sociedad Hebraica Argentina, el ganador del Premio Nobel en Física (1921) y el creador de la teoría de la relatividad, Einstein, llegó al Puerto de Buenos Aires un 24 de marzo de 1925, acompañado por su esposa Elsa para brindar conferencias en diversos ámbitos en relación a su celebérrima teoría.

    Albert Einstein, en una de las disertaciones que brindó en Buenos Aires.

    En su estadía en la Argentina, el mundialmente famoso científico dio doce conferencias en el Colegio Nacional Buenos Aires, en la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, en las universidades de Buenos Aires, La Plata y Córdoba.

    Otra fotografía relevante es la que registra la llegada del Graf Zeppelin a Buenos Aires. El dirigible más exitoso de la historia fue creado en Alemania en 1928, dio la vuelta al mundo en 28 días y fue el primer servicio de vuelos comerciales transatlánticos del mundo.

    Este “barco en el cielo” llegó a Buenos Aires procedente de Brasil el primero de julio de 1934, con 64 personas a bordo y aterrizó en Campo de Mayo a las 8.47 am. Luego de intercambiar correspondencia y del embarque de pasajeros despegó, sobrevoló la ciudad por dos horas y partió rumbo a Montevideo.

    Hay postales simpáticas, como la de los aguateros que posan para la foto. En efecto, durante la era colonial hasta principios del siglo XX, las personas en las grandes ciudades del país se abastecían de agua a través de los aljibes y fundamentalmente por medio de los aguateros.

    En Buenos Aires había pocos aljibes y el agua de los pozos en general estaba contaminada, por lo que la labor del aguatero era crucial. Los aguateros llegaban hasta la orilla del Río de la Plata y ríos aledaños con una carreta acarreada por una mula, cargaban el agua en los barriles que llevaban en la carreta y la distribuían por las calles.

     

    Alto en el cielo

    Una fotografía muy demandada es la del Obelisco en plena construcción. A principios del siglo XX, la ciudad comenzaba a cobrar un lenguaje monumentalista que se evidencia en las edificaciones construidas entre 1870 y 1930, pero que también se refleja en el ensanche de sus avenidas, en el trazado de la Avenida de Mayo, que constituye el Eje Cívico, y en la creación de Diagonal Norte y Diagonal Sur.

    El Obelisco, creado para honrar los 400 años de la primera fundación de la ciudad por Pedro de Mendoza, tardó 60 días en construirse en 1936, a cargo del arquitecto tucumano Alberto Prebisch, y fue emplazado en donde estuvo la Iglesia San Nicolás de Bari (que dio nombre al barrio de San Nicolás). Con el tiempo, debido a su monumentalidad y a su ubicación estratégica, se convirtió en un ícono de la Ciudad y de la Argentina.

    El Obelisco en construcción es parte del patrimonio del Archivo.

    Entre los máximos atractivos figura la foto del pasaporte de Carlos Gardel. El aclamado cantautor nacionalizado argentino Carlos Gardel dejó un amplio legado en el ámbito de la música y el tango en particular que lo llevaron a convertirse en una de las personalidades más icónicas del país. Pero tras su imprevista muerte en un accidente aéreo en Colombia, Gardel dejó también un misterio que llevaría varias décadas en resolverse: el origen de su nacionalidad.

    Luego de diez años de investigación, búsqueda de información y entrevistas, Juan Carlos Esteban, Georges Galopa y Monique Ruffié revelaron al mundo que el cantante habría nacido el 11 de diciembre de 1890, en Toulouse (Francia) bajo el nombre de Charles Romuald Gardes.

    Sin embargo, los restos de su pasaporte indican que nació en Uruguay. Es que, siendo inmigrante indocumentado en la Argentina, previo a una gira por Europa, para no acudir a la embajada francesa (país con el que no tenía un sentimiento patriótico), el cantante decidió inscribirse en el consulado uruguayo, donde se registró como Carlos Gardel (su nombre artístico), nacido en Tacuarembó, Uruguay.

     

    El AGN en las redes sociales

    El Archivo General de la Nación tiene cuentas de Twitter y de Facebook a través de las cuales periódicamente publica fotos que se relacionan con las efemérides, con paralelismos con la actualidad o simplemente fotos que contrastan el presente con el pasado.

    También el AGN utiliza las redes para publicitar distintas conferencias o charlas que se realizan su edificio.

     

     

    RESUMEN DEPORTIVO

    Lo más leído

    Agroclave