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viernes, octubre 7, 2022
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    Fitz Gerald, senda espectral hacia una Nogoyá pretérita

    Una calle céntrica de Nogoyá honra la dedicación de un médico que supo destacarse en un contexto sanitario crítico. Hoy es una referencia vial insoslayable para una ciudad con sueños de progreso.

     

    Valentina Rey Stronati

    [email protected]

     

     

    La suerte de muchas calles suele quedar atada a instituciones a las que le dan cobijo. Algo de eso ocurre en Nogoyá con Fitz Gerald y el Club Sirio Libanés. Hacia 1954 la institución deportiva se mudó al tramo medio de Fitz Gerald, convirtiéndose en una referencia inevitable.

    “Sí, la ubico; es la calle del Sirio”, es la respuesta habitual al preguntarles a los vecinos por Fitz Gerald.

    En las décadas del ’60, ’70 y ’80, el Club Sirio Libanés abrió sus brazos para que lleguen a la ciudad artistas de la talla de Estela Raval y Los Cinco Latinos, Ramón Bautista “Palito” Ortega, Los Palmeras, y Los Iracundos.

    Estos sucesos marcaron un antes y un después para el club y la barriada. De esa manera mientras se practicaban distintos deportes comenzaron a organizarse festivales musicales con el objetivo de recaudar fondos, y todo salió mejor de lo esperado.

    Así, en el imaginario, la identidad del club quedó asociada al deporte y la celebración: la práctica del fútbol, del básquetbol, de las bochas, y del pádel, junto a la organización de maratones, los bailes de fin de año, de egresados, y de carnaval.

    Hoy día las fiestas sociales y privadas se siguen haciendo, aunque no con el atractivo de otras épocas. Y en cuanto a los deportes, la oferta es más amplia que años atrás.

    Pero la calle no es solo el club. Recorrer Fitz Gerald, cuyo sentido de circulación se mantuvo siempre igual, de sur a norte, es como regresar por momentos al pasado: la calle es una sucesión de residencias con características arquitectónicas que, en general, a nadie se le ocurriría aplicar si hoy construyera desde cero.  Se puede intuir desde la calle que las viviendas tienen ambientes amplios, y una organización espacial más bien lineal. Es decir, si hay nuevos vecinos en Fitz Gerald no es porque se haya comprado un lote, sino porque una casa ya construida se heredó o se adquirió.

    Fitz Gerald tiene otras referencias. El hospital de la ciudad, San Blas, está ubicado en los primeros metros de esta arteria. Es como el arranque de una serie de singularidades: un pequeño santuario con la imagen de Jesús; tiendas, almacenes y comercios; una colorida verdulería y una aromática pizzería.

    El perfil de Fitz Gerald es bastante tradicional. Hay una generosa distancia entre cordones, la vereda tiene un ancho respetable, sin lugar para el césped; y, cada tanto, buscan su lugar árboles cuya copa es más alta que el techo de las viviendas, de una sola planta.

    La calle cruza también el reconocido Paseo España, uno de los pulmones de Nogoyá. Allí, la sonoridad está dominada por el canto de las aves, y la risa de niños que no paran de jugar.

    Tres cuadras antes de que Fitz Gerald culmine, el Club Deportivo hace su aparición con las extensas dimensiones que poseen su cancha de basquetbol y de pelota paleta. Llegando al final, luego de transitar viviendas capaces de transmitir una cálida sensación hogareña, un terreno baldío sirve de punto verde, gracias a un container en el cual pueden colocarse residuos para reciclar.

     

    Presencias

    En la conversación con vecinos emerge como un evento relevante la pavimentación de la calle. Una de las que recuerda es Zunilda Cardoso, una memoriosa vecina de la zona, que reside en Fitz Gerald desde 1971. “La llegada del asfalto fue un proceso bastante largo, sobre todo porque ese año fue muy lluvioso y eso hizo que se demoraran los trabajos”, recordó. Fue entonces cuando indicó que “todo era campo en ese momento y la calle no era tan céntrica como ahora”.

    Mientras barre unas hojas amarillentas que acaban de caer del árbol, repasa en su interior postales del hoy y del ayer. En ese carrusel, pareciera ser parte de una misma galería la tranquilidad de la siesta, y los ruidos de quienes van y vienen en busca de productos y servicios, durante el horario comercial.

    Zunilda no conoce con precisión las razones por las cuales esta calle se llama Jorge Eduardo Máximo Fitz Gerald; pero puede identificar sin esfuerzo nombres, apellidos y ciclos vitales de todo aquello que le da vida.

    La entrevistada intuyó que Fitz Gerald debe haber sido alguien significativo para la ciudad. Y no se equivocó.

    Durante la década de 1870 la viruela hizo estragos entre los habitantes de Nogoyá. Para ese entonces, el general Justo José de Urquiza ya había proclamado al lugar de las aguas bravas como ciudad, puntualmente en 1851, lo cual indica que los habitantes no eran solo unos pocos. El hecho de que Fitz Gerald residiera en la comarca desde 1869, fue una suerte para los nogoyaenses, ya que estuvo a cargo del operativo de vacunación que registró resultados satisfactorios.

    De hecho, según el Libro de Actas 1873 a 1879, el 23 de marzo de 1878 la Corporación Municipal agradeció la devoción con que Fitz Gerald había desempeñado sus funciones. Y 44 años más tarde, el 28 de agosto de 1922, el Concejo Deliberante de Nogoyá resolvió que una calle de la ciudad llevara su nombre.

    Algunas construcciones de Fitz Gerald nos hablan de cómo fue Nogoyá en otras épocas.

    Los 13 carteles nomencladores que lo proyectan, es un reconocimiento suficiente hacia la generosidad y el sentido profesional de Eduardo Máximo Fitz Gerald.

     

    Razón de ser

    Originalmente, este material fue un trabajo práctico del Taller de Especialización I: Redacción, que se dicta en el segundo año de la Licenciatura en Comunicación Social de la UNER. La carrera se cursa en la Facultad de Ciencias de la Educación.

    EL DIARIO ha accedido a difundir una selección de estos materiales porque entiende que están en sintonía con la idea de construir ciudadanía y sentido de pertenencia.

     

    RESUMEN DEPORTIVO

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