18.3 C
Paraná
miércoles, octubre 5, 2022
  • Sociedad
  • Muy
Más

    Los libros tienen un templo en la ochava que fulgura

    En las librerías, el factor humano le saca ventaja a la inteligencia artificial. Aunque hayan cambiado las reglas del juego, los libreros siguen desarrollando un oficio inspirador. Indudablemente no se trata de un comercio más ya que los suyos son los escaparates de la cultura, de la que es un actor promotor y movilizador. En este sentido, Pedrín Demonte es toda referencia en la ciudad.

     

    Griselda De Paoli / [email protected]

    No podemos dejar de considerar que las librerías tienen una trayectoria compartida con el lector y la práctica de estrategias para que el libro llegue a las manos de aquel que está en su búsqueda. A pesar de nuevos caminos que se proponen hoy para la lectura, siguen no solo vivas sino fortalecidas para dar respuesta a las demandas de aquel público que sigue prefiriendo el contacto físico con el libro y esa exquisita sensación en la yema de los dedos, al dar vuelta las páginas.

    Cada librería es un microcosmos, un espacio único, habitado por libros y por personas tan articuladas con ellos, que pueden guiarnos con un alto grado de certeza hasta aquellos que han de ayudarnos a develar incógnitas, a conocer cosas nuevas, a aproximarnos a otras lejanas en el tiempo, a contestar las preguntas que nos interpelan.

    La vida de Pedro Demonte está atravesada por los libros, como lector y como librero.
    Fotos: Sergio Ruiz. EL DIARIO.

     

    En Paraná, a comienzos del siglo XX había 15 librerías y 8 imprentas. Era un número importante. Por nombrar algunas: Alsina, Florenza, Rossel, Radío, Varela, Sors. En el 26 eran aún más: dos propagandas nos hablan de algunas que no estaban por aquel entonces: Predassi y Ursini y a poco de andar, en la década siguiente, se suma otra.

    Seguramente los nombres de los dueños de librerías mencionados suenan familiares a más de un lector de esta nota y es que, con frecuencia, el librero es un vecino conocido de la ciudad, tanto como su librería, cuya historia se enlaza con la de la ciudad y no es para menos.

    En este caso nos referiremos a la librería en funcionamiento más antigua de Paraná. Quien nos cuenta acerca de ella es Pedro Demonte en una entrevista realizada en 2013 en el marco del Proyecto “200 Años. Rescate de la Memoria de Paraná”, realizado por la Red de Museos Pedagógicos de la FHA y CS-Uader. Es interesante trazar puentes de entendimiento entre el presente y ese momento, una década atrás.

    “Soy Pedro Demonte, propietario de ‘El Templo del Libro’. Estoy a cargo del negocio hace 45 años. Lamentablemente mi padre murió joven y me hice cargo yo del negocio, que ya cumplió 76 años (el registro, recordemos, es de 2013). Se inauguró en el año 1937, en esta misma esquina. Mi padre nació acá, en esta misma casa. La librería se inició sobre esta parte (la habitación de entrada) y luego se amplió. Mi padre empezó vendiendo libros, traía libros de Europa y vendía a los alumnos del Instituto. Profesores que eran estudiantes en esa época: Badano, Arce, Beatriz Bosch, Turi. Después, en el año 1937 se afincó ya aquí en la esquina; él trabajaba en el Instituto, primero como Bibliotecario y allí, cuando se recibió de Contador, pasó a la tesorería.” ´

    Retrospectiva

    Pedrín Demonte revive recuerdos imborrables.  “Yo nací en esta casa, cuando ya funcionaba la Librería, en el año 1945. Veía atender a la gente, se llenaba esto de alumnos del Profesorado, de la Escuela Normal. Empecé repartiendo libros en bicicleta a los ocho años, hacía de mandadero para llevar los libros que pedían por teléfono.

    “Siempre se trabajó, además de los textos para los alumnos terciarios, infantiles, diccionarios, libros para el secundario, y después se anexó todo lo que es papelería.

    Mi Padre como bibliotecario, tenía esa afinidad con el libro y leía mucho, de tocar el libro ya medio que sabía lo que contenía, cómo era, con hojearlo nomás, como que tuviera una especie de vibración el libro.

    “Yo me hice cargo de la librería cuando falleció mi Padre, en el año 1969. Iba a la Facultad y cuando murió él me hice cargo. Cambiamos pocas cosas, algunas aberturas, hicimos vidriera que no tenía antes. Los clientes conocidos tenían cuenta corriente. Los profesores siempre tenían su cuentita, Turi, Arce: consumían muchos libros. Sigue habiendo clientes que consumen muchos libros, (Guillermo) Alfieri, (Adolfo) Golz.

    “Acá a 30 metros estaba Guillermo Saraví, enfrente estaba Mario Monti, a dos cuadras Beatriz Bosch, por aquí nomas Beades, el profesor de geografía. Juan L. estuvo por aquí desde que se inició la librería, mi hermano le llevaba los libros cuando él vivía en calle Santiago del Estero; yo después le llevé a calle Torres, me acuerdo que tenía como veinte gatos. Fumaba en pipa. Marcelino Román y Amaro Villanueva se sentaban con mi papá acá en la puerta. Guillermo Saraví también.

    “Con mis amigos jugábamos a la pelota aquí en la media cuadra, te estoy hablando de 1957 o 1958; mirá hoy el tráfico, sería imposible, no sé si para bien o para mal.”

     

    Los cambios

    Demonte aporta datos sobre la comunidad de libreros. “En la época de los ‘50 había por lo menos veinticinco librerías, no sé si competían, pero hubo una época en que abrías un libro y era de El Templo del libro. La librería más cerca era La cueva de oro, y estaban también Radío, La Cultura en calle San Martín, La Selecta que estuvo en calle Urquiza entre Buenos Aires y San Martín cerca del bar Splendid y después se fue a calle Buenos Aires. Estaba también la Fénix, en San Martín y 25 de Junio. El de los libreros siempre fue un grupo unido. Recuerdo que, para el día del Librero, que es el 30 de noviembre, íbamos a la quinta de Pacher – de la Selecta – y pasábamos un día completo ahí, nos juntábamos con los viajantes que venían y todos los libreros. Hace unos diez años atrás el número de librerías empezó a disminuir, cerró La Cultura, la Selecta.

    “Aún hoy, llegan los libros y ya sabemos a quién le puede interesar cada uno, qué tema le interesa a cada cliente, por el trato de años que uno tiene con ellos.”

    AL MARGEN

    Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected] [email protected] y/o [email protected]

     

     

    RESUMEN DEPORTIVO

    Lo más leído

    Agroclave