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viernes, octubre 7, 2022
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    Una vida joven: Horacio «Negro» Ramos

    Horacio “Negro” Ramos es un personaje de la ciudad de Paraná. Se lo considera el primer relacionista público de la capital provincial, actividad que comenzó a desarrollar sin proponérselo en los 80. El “Negro” se entusiasmó con la idea de convocar amigos y conocidos para que concurran a La Belle Epoque, y así empezó a organizar fiestas y eventos.

     

    Gabriela Gómez del Río / [email protected]

     

    Horacio “Negro” Ramos es de Paraná, nació un 2 de noviembre y no confiesa de qué año. Está orgulloso y feliz de vivir en la ciudad. Portador de una popularidad que forjó en los 80, cuando era el principal responsable de distribuir invitaciones para disfrutar de los boliches. Impecable en su vestir, con una sonrisa amplia y franca, al “Negro” se lo puede ver en el microcentro, charlando con amigos.

    La actividad comenzó cuando los dueños de La Belle Epoque lo convocaron para que organice una fiesta con el objeto de llevar gente a la boîte, que en ese entonces tenía muy pocos asistentes. La convocatoria del “Negro” fue un éxito y quisieron repetirla. Fue así que Horacio pasó a ser el responsable de la organización de fiestas y eventos en el boliche céntrico, el más exclusivo y lujoso, ubicado en calle Urquiza y San Martín. Luego vendrían Danhes, Cangrejo, desfiles con personalidades y una lista interminable de eventos y fiestas, que estrecharon lazos de amistad que aún perduran. Durante el diálogo con MUY, confió: “Tengo el sello de relacionista público, me gratifica mucho cuando me dicen que no hubo otro como yo”.

    Horacio “Negro” Ramos, un querido personaje de la ciudad de Paraná.
    Fotos: Juliana Faggi.

    —¿A qué te dedicabas?

    —Tengo el sello de relacionista público, lo demás es como que no existe. Trabajé en varios negocios, pero cuando empecé en los boliches, que el primero fue La Belle Epoque, ese fue mi primer contacto con esta tarea. No existía la palabra RRPP o public relations, era organizador de fiestas. Los dueños de La Belle Epoque me pidieron hacer una fiesta porque estaba un poco viniéndose —dice con el pulgar hacia abajo. Comencé en los 80 en La Belle Epoque, seguí en Danhes y continué en Cangrejo.

     

    —¿Qué pasó con esa primera convocatoria?

    —Decían: “El Negro Ramos organiza una fiesta en La Belle Epoque”, y fue un éxito. Entonces los dueños dijeron: “Hacé otra”, y así seguí hasta que La Belle se terminó y comencé en Danhes.

     

    —¿Qué recordás de La Belle Epoque?

    —La Belle era un lugar hermoso, muy selectivo, donde con 300 personas estaba completo, no como ahora que en una disco hay miles y miles de personas. Era un lugar totalmente selectivo, tal es así que se hicieron unas tarjetas plásticas y se entregaron personalmente, con esa tarjeta podías llevar amigos, pero el que iba sin tarjeta no podía entrar.

     

    —¿Qué tenían aquellas noches y esos ambientes?

    —La Belle era selectiva, no era popular ni multitudinaria, como se dan ahora. No había colas para entrar a los boliches, como pasa ahora en los boliches que están de onda, que son divinos, como Hierlam. Antes era todo más tranquilo, en La Belle el que no era amigo, era conocido; en cambio, en Danhes por la cantidad de gente que iba ya no era así, había más popularidad.

    EMPILCHADOS

    “Era una época donde al boliche se iba bien vestido, arreglados, tanto el hombre como la mujer. Nada de zapatillas ni bermudas, para los hombres, como se acostumbra ahora. Íbamos todos vestiditos elegantes.

    —¿Cambió la noche paranaense?

    —Sí, si no sólo en la vestimenta, que es una de las cosas más notorias. Antes no existían tantas cosas como la droga, nos emborrachábamos con whisky, tragos. No había drogas, eso sí, se fumaba adentro de los ambientes. Noto esas diferencias, pero no quiero herir a nadie. Antes la droga que teníamos era el alcohol, ahora las cosas han cambiado en ese sentido.

    “La edad cronológica es inevitable, y como no me siento con esa edad, me siento mucho más joven, trato de olvidarme la cifra”, dijo el “Negro”.

    —¿Disfrutabas de la noche cuando estabas a cargo de los eventos?

    —Sí, disfrutaba pero me sentía un poco avasallado. Por ejemplo, en Danhes tenía un espacio en un entrepiso, donde iban mis amigos y y los invitaba con un trago. Yo te invitaba y salía al encuentro de la gente que quería atender, pero después se corrió la bolilla de esto, y ya empezaron a caer conocidos de conocidos. Me sentía un poco invadido, pero disfruté.

     

    TABÚES

    A Horacio le encanta charlar, es un ejercicio que maneja a la perfección. Entre los temas de conversación, señaló: “Ahora se habla mucho de sexo y antes era un tema tabú. Hoy hay una apertura de cabeza tan grande, que no sólo se habla de sexo sino que se habla con mucha naturalidad, algo que antes no sucedía. Hay una gran diferencia y celebro que se hable como se hace ahora, me parece perfecto, maravilloso”.

     

    —¿Qué te dio y qué te dejó la sociabilidad?

    —La enorme satisfacción del cariño, del amor y del respeto de la gente. Que se me reconozca como que no hubo otro relacionista público como yo, es un honor. Cuando me lo dicen me gratifica muchísimo, pero a la vez siento una incomodidad. Me incomoda que me digan cosas lindas. No voy a tener una falsa modestia, creo que como relacionista público en Paraná tuve renombre y me quedó el sello, que aún se nota en la calle cuando paso alguno que me grita: “Danhes, cuando vuelve Danhes”, -recordó entre risas. Ya pasó, ya fue, es una etapa superada.

     

    —Eras amigo, conocido de todo el jet set…

    —Sí, sí. Hice muchos desfiles de modelos en Danhes y traía a todas las modelos de la época, desde Carmen Yazalde, Carolina Peleritti, Nicole Neuman, Araceli González, te puedo nombrar un montón. Y con todas tuve la mejor onda, tal es así que con algunas tengo una amistad que continúa y nos mensajeamos, nos wathsappeamos, como con Carolina Peleritti, que ahora está haciendo teatro y canta. Carmen Yazalde, que es madrina de mi programa “Condimentando la tarde”, con quien hablo muy seguido.

     

    Diferencias

    “Danhes era una megadisco y La Belle era una boîte, que con 300 personas estaba colmada. Danhes fue la primera megadisco que se erigió, que se levantó como boliche. Ahora, los boliches son galpones o lugares reciclados. En Danhes, 300 personas nadaban, iban miles”, comentó Horacio a MUY.

    El “Negro” atesoraba las tarjetas que te permitían ingresar a los boliches de moda de la ciudad, y se encargaba de entregarlas con antelación para que cada uno pudiera prepararse para la ocasión.

    En aquellos tiempos, la difusión y la invitación se realizaba personalmente. “Era todo tarjeteo. Tenía mis tarjeteros, e invitaba personalmente con una tarjeta. En Danhes, también se entregaba tarjetas para entrar sin cargo, yo regalaba mucho. Se las dábamos a los amigos, conocidos, a los que queríamos que fueran, que estuvieran presentes. Pero el resto iba y pagaba la entrada”, expresó Ramos.

    Luego agregó: “Las épocas fueron cambiando, ya no había esas cosas de prioridades o de selección, donde una tarjeta te permitía entrar y si no te quedabas afuera en la Belle Epoque. En Danhes, entraban todos, era masivo”.

     

    —¿Cuál era el secreto para convocar tanta gente en tiempos sin redes sociales ni celulares?

    —No lo sé. Creo que es la onda que uno emana, la química que uno tiene con la gente, no sé por qué. Me sentía muy querido, muy respetado, la gente es muy afectuosa conmigo y todavía ese ese cariño continúa. Yo soy muy del abrazo, de la cosa de dar, y recibo ese afecto.

     

    LOS AMIGOS

    El “Negro” siempre estuvo rodeado de amigos y esos vínculos aún perduran. “Los ángeles no están en el cielo, están en los amigos, que te protegen, te cuidan, te miman, te quieren. Yo no sé si creer o no en los ángeles, pero si existen creo que están en los amigos, que te ayudan, te quieren, son generosos con vos, como las Torné, que las adoro, que me regalan su ropa. Me sacan fotos y las suben a las redes, -contó entre risas. Soy habitué de Lapan, de mi amigo Chani Annichini, exPuma. Estoy agradecido a la vida por esa reciprocidad que recibo de amor, de afecto de la gente.

     

    ACTUALIDAD

    —¿No te han propuesto hacer alguna fiesta como aquellas de los 80?

    —No, no, creo que con tantos años ya que dejé de hacerlo, me faltan ganas. No, ahora me dedico a la radio.

     

    —¿Qué hacés en la radio?

    —Tengo un programa los jueves que se llama “Condimentando la tarde” en Radio Planet, que tiene invitados de distintas profesiones, son dos horas de 19 a 21, donde charlamos de todo. Quería hacer un programa que sea como estar en un bar con amigos. Hay una conductora, se filma y también se puede ver por internet. Y al mejor estilo Mirtha Legrand, comemos y tomamos un vinito. Ya hace 17 años que lo tengo, pero en radio empecé con un programa que se llamaba “La Escalera”, que era como escalera de tu vida, de tu profesión.

    —Si pudieras volver el tiempo atrás, ¿qué momento elegirías?

    —No soy de volver atrás. Me siento bien en el presente. Paso por mi casa donde nací y me agarra una especie de nostalgia, tristeza. Veo la casa que está igual, en calle Libertad, entre Sebastián Vazquez y Montevideo, y trato de no pasar porque me da una sensación de tristeza. Pero no, de volver atrás el tiempo, estoy bien en el presente.

     

    —¿Ya no vas a los boliches?

    —No, no ya no. Es una época pasada. Tampoco digo: “¡Qué ganas de volver a Danhes!” Fue una época hermosa, que la viví con mucha alegría, me puse la camiseta del lugar donde estaba de relacionista público, cuando en La Belle no se conocía esta función. En Danhes ya sí, era Public Relations, RRPP, ahí me pusieron el sello y no me lo pude sacar nunca. Tal es así, que he ido a Hierlam, ya sin trabajar como relacionista público, los dueños son unos chicos divinos, muy generosos conmigo, yo iba temprano y cuando salía, entre los que estaban esperando me decían: ”Horacio, haceme entrar”, y yo no tenía nada que ver, -recordó entre risas. Me quedó ese karma, ese sello de relacionista público.

     

    —Ese sello que hoy hace que se te siga reconociendo…

    —Hoy en día viene gente a la radio de invitada, y me dice: “Relacionista público como el ‘Negro’ no va a haber, cómo convocabas gente”. Y para mí, es un honor.

     

    —¿Qué boliche tendría que estar aún hoy y por qué?

    —Muchos, pero Danhes debería estar. Creo que todo tiene su etapa, todo tiene su tiempo. Tengo un dicho que siempre utilizo: “Nada es para siempre”, ni nosotros, los seres humanos. Los momentos vividos, los lugares en los que uno ha estado trabajando, La Belle Epoque, Danhes, Cangrejo, Bajo Güemes, tuvieron su época, su tiempo, pero nada es para siempre y todo pasa en esta vida. Por eso, los momentos que uno vive tiene que hacerlo aferrándose y con toda la intensidad. A veces ni una amistad es para siempre. He tenido amigos que ya no están, se han ido, se casaron y se perdieron o fallecieron. Nada es para siempre en esta vida, por eso también, creo que Danhes ya fue.

     

    —¿Hay que vivir más el presente?

    —Pero claro que sí. Bienvenido sea el presente, con amigos de todas las edades, puedo charlar con jóvenes y no me siento de la edad que tengo, me siento uno más, por eso trato de no acordarme de la edad cronológica y no la digo. Y todo el mundo se para en la calle y me pregunta: “¿Y vos qué edad tenés?”, no la digo. Un amigo me dijo, tenés que responder: “Tengo más ayeres que mañanas”, que deduzcan. Tengo mucha juventud acumulada.

     

    Paraná, amada

    —¿Cómo ves la ciudad hoy?

    —Amo Paraná, hay mucha gente que se va y dice: “Me voy de esta ciudad de m” -expresó sin completar la palabra. Y a mí me duele que hablen mal de mi pueblo, de mi ciudad. Estoy muy arraigado y me siento bien. No me iría jamás de Paraná porque extrañaría horrores. Respeto esas decisiones de querer irse, pero no las comparto. Soy la antítesis del que quiere irse. Algunos se van a otros países, y algunos vuelven arrepentidos. Yo no tendría esas ganas de irme.

    —¿A qué te podría haber dedicado si no hubieses sido relacionista público?

    —Me hubiese gustado trabajar en teatro, pero nunca me animé. Siempre fui muy tímido, nunca me gustó la exposición. Por eso cuando me elogian, me siento incómodo.

    Mensaje

    “Todos los días, en lo posible, hay que buscar un motivo para sonreír. Sonreír permite sentirte interiormente, bien. Charles Chaplin hizo en alguna oportunidad, una canción “Smile” para una de sus películas y dijo una frase que me quedó grabada en el corazón: “Pasar un día sin sonreír es un día perdido”, y yo creo que sí, hay que tratar de sonreír siempre, buscar la manera de hacerlo y si se puede, matarse de risa porque la risa es sanadora.

    Datos

    Horacio Ramos es de Paraná. Cumple años el 2 de noviembre, no confiesa la edad. “La edad cronológica es inevitable, y como no me siento con esa edad, me siento mucho más joven, trato de olvidarme la cifra”, dijo el “Negro”.

    Sus padres fueron: Rafael, empleado en la Policía; y Catalina, ama de casa. Tiene dos hermanos mayores, fallecidos. “Cuando nací ya eran personas mayores, crecí solo”.

    Cursó la escuela primaria en la Ernesto Bavio y el secundario en el Colegio Nacional. Trabajó en el comercio, en locales de ropa de hombre.

    Hobbys: Lee y mira televisión. “Pero no, los programas políticos, ni Crónica que es todo muerte, tiroteos, asesinatos. Esos programas me hacen mucho daño, sobre todo después de la pandemia”.

    El aislamiento: “La pasé mal con el encierro. Vivo solo y sólo tenía contacto por celular con mis amigos. Todos esos días de encierro me originaron una sensación en el pecho de ansiedad, que hasta estuve con ansiolíticos”, confió a MUY.

     

     

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