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Los Carnavales de Gualeguaychú hacen cambiar a todos

Así como en la “Fiesta” del catalán Serrat, en la que “hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano, bailan y se dan la mano, sin importarles la facha”, aquí también, en cada noche mágica de Gualeguaychú, el bombero y la ingeniera, el docente y la médica veterinaria, el policía y la dirigente política, dejan todos sus quehaceres para integrarse a las comparsas, que dan un marco de esplendor al Carnaval del País.

 

Y a lo largo de todo un año -exactamente desde que terminó el anterior corso-, miles de entrerrianos van dejando diariamente parte de sus quehaceres, ocupando algunas de sus horas, para ir pensando y llevando a cabo el sueño de las nuevas carrozas, de los nuevos pasos, de las nuevas canciones.

Más de mil personas, explica Joaquín Paez, parte del equipo coordinador del Carnaval del País, serán las encargadas de poner el Corsódromo en marcha, y a toda orquesta.

“Nadie en Gualeguaychú es ajeno al carnaval, todos lo esperan, ya sea porque algún miembro de su familia está en una comparsa o porque son de alguno de los tres clubes”, asegura. Páez.

Pero habrá decenas de miles más, visitantes de Argentina y Uruguay especialmente, pero también de otras latitudes, quienes se acercarán a Gualeguaychú a recibir la alegría y la frescura de un espectáculo tan tradicional como fascinante.

Y habrá cerveza y habrá color, mujeres y hombres y brillo y piel, y todo nos hará recordar que a pesar de los sinsabores cotidianos, el ser humano también puede hacer cuando se lo propone, una renovada celebración de la vida, sin violencia y con la música y la danza que libera el alma.

Y si, tal vez mañana -como dice la canción-, “el sol nos dice que llegó el final, por una noche se olvidó que cada uno es cada cual”. Pero esta noche, la del Carnaval del País, la vida misma recorrió el mundo con su artística belleza, y se quedó en el corazón de los visitantes.

Con información de Télam.