18.3 C
Paraná
miércoles, octubre 5, 2022
  • Sociedad
  • Muy
Más

    Mendoza, donde los teros resisten el avance urbano

    La transformación de algunas calles sirve también para dar cuenta de cómo han crecido algunas localidades o de qué manera se urbanizaron áreas que los memoriosos recuerdan con usos marcadamente diferentes a los actuales. Es el caso de Mendoza, en Libertador San Martín, puntal de un progreso que expulsó incluso a las liebres.

     

     Nicolás Benítez Goncalvez

    [email protected]

     

     

    Fuera del área central de Libertador San Martín, en un sector donde predominan calles con nombre de provincias, se extiende la brevedad de Mendoza. Su lenta transformación (apertura, calle de tierra y asfaltado), ha ayudado involuntariamente a cambiar el espacio agreste, semirural, que reinó hasta hace poco. Corre de sur a norte. Nace en Madame Curie cerca de la Ruta Nacional 131 y llega hasta el polideportivo municipal, popularmente conocido como skatepark.

    La razón de ser de calle Mendoza se esconde en un hecho irrefutable: esta localidad late, en buena medida, al compás del Sanatorio Adventista del Plata, el Centro de Vida Sana y la Facultad de Ciencias de la Salud. Justamente, la incorporación de carreras de pregrado, grado y posgrado multiplicó la presencia de estudiantes y, con ellos, se planteó la necesidad de incorporar grandes superficies a los loteos residenciales.

    De hecho, si se pudiera sobrevolar el barrio al que calle Mendoza pertenece se apreciaría un extenso y verde campo con pinceladas de color gris chapa o negro teja. Entre los edificios cercanos al skatepark se encuentra Ailexa, la despensa que saca del apuro a los vecinos cuando les queda a trasmano cruzar los terrenos para volver a comprar al centro. Allí atiende el propio dueño, Carlos Jorge Vitar, quien siempre tiene un as bajo la manga.

    “Tengo una foto de esta esquina en la que solo había un cartel que publicitaba la venta de los terrenos, pero después no había nada”, señaló, al agregar que “había muchas liebres, recuerdo que salía a correrlas. Ahora ya no queda nada de eso”. El relato sucedió mientras Carlos miraba hacia la calle desde el mostrador del almacén. El amable exdirector de escuela y comerciante de corazón, recordó como si hubiera sido ayer, cuando no había edificios, bolsones de arena, ni mezcladoras de cemento que espantaran a los animales. “Me arriesgo a decir que la primera casa que se empezó a construir fue la mía, porque esto era todo campo. De a poco fue creciendo hasta llegar a lo que es hoy”, agregó.

    Según el testimonio de sus clientes, las escuelas extrañaron a un gran profesor cuando Vitar dejó de dar clases, pero el barrio Camarero ganó un comerciante de confianza.

    En uno de los extremos de Mendoza la ciudad dialoga con un entorno semirural. Mendoza, una calle relativamente joven en Libertador San Martin.

    SINGULARIDAD

    Aún hoy, recorrer calle Mendoza es encontrarse con viviendas terminadas, casas en construcción, y baldíos que aguardan que algún día les caven cimientos. Pese a su poca extensión, Mendoza es cambiante, al punto que tiene tramos empinados. Es joven, tanto como los estudiantes que viven en los complejos de departamentos recientemente construidos sobre ella.

    Hacia el sur, más cerca de la ruta, no se la conoce tanto por su nombre sino como la calle de la iglesia católica, ya que en el lugar que choca con 25 de Mayo -la avenida principal- se erige solitario y vacío el único templo católico de la ciudad. El edificio sirve más como punto de referencia que como espacio de reunión: la población católica en Libertador San Martín es escasa, por no decir inexistente.

    La Universidad Adventista del Plata y el Sanatorio Adventista del Plata son el corazón desde el cual van naciendo las arterias de asfalto y tierra hacia los cuatro puntos cardinales. Libertador San Martín siempre se ha caracterizado por la alta densidad de población estudiantil. El crecimiento periférico se volvió inevitable desde los años ‘90 en adelante cuando el Colegio Adventista del Plata se volvió universidad. Es así como nació la necesidad de crecer también en infraestructura urbana. Según lo que expone la ordenanza municipal N°735, este aumento de la población generó la necesidad de la apertura de algunas calles que, hasta el momento, no tenían ninguna identificación catastral. Entre esos caminos está el que nos ocupa: en 1995 se le dio el número catastral 224, y más tarde se lo denominó Mendoza.

    En efecto, según la ordenanza municipal N°816, de 1998, se vio la necesidad de nombrar las calles más nuevas para facilitar su identificación. De acuerdo con el documento, se consultó a los vecinos del barrio Camarero “a fin de que los nombres estuvieran de acuerdo con su trayectoria y preferencias”. Entre las 24 denominaciones nuevas se eligió Mendoza, ladeada por Santa Fe y Corrientes.

    Aunque los planos de la ciudad indiquen que se trata de la misma calle, los extremos de Mendoza muestran panoramas disímiles en varios sentidos: asfalto versus suelo natural; casas de familia versus complejos de edificios; patios con pileta versus esquinas tomadas por lechuzas de madriguera.

    Donde nace la calle los vecinos son despertados de la siesta por el rugido de los camiones que pasan a toda velocidad sobre la ruta nacional, mientras al final de la calle, cerca del polideportivo, sobresalen los martillazos y las amoladoras de los constructores, que pugnan por ganarle la pulseada sonora al griterío de los teros.

    El joven barrio Camarero se despereza sobre Mendoza hacia el norte, sin atender a que la naturaleza le reclama el espacio que alguna vez le perteneció.

    A simple vista, cerca de la ruta se ven grandes casas de familia y los ladrillos a la vista forman parte de un paisaje más urbano. Por el contrario, al avanzar en dirección al polideportivo se ven paredes desnudas que indican nuevas construcciones. La zona más nueva, joven y estudiantil de Mendoza surge al final, entre escombros, arena, mezcla y teros vigilantes que parecen defender su territorio de los invasores humanos.

     

    Razón de ser

    Originalmente, este material fue un trabajo práctico del Taller de Especialización I: Redacción, que se dicta en el segundo año de la Licenciatura en Comunicación Social de la UNER. La carrera se cursa en la Facultad de Ciencias de la Educación.

    EL DIARIO ha accedido difundir una selección de estos materiales porque entiende que están en sintonía con la idea de construir ciudadanía y sentido de pertenencia.

     

     

    RESUMEN DEPORTIVO

    Lo más leído

    Agroclave