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miércoles, octubre 5, 2022
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    Para sanar la violencia es preciso buscar sus huellas

    Una nota actual es el modo en que la violencia se ha filtrado en las relaciones, tanto a nivel estructural como a nivel personal. Encontrar fuentes de reflexión que nos ayuden a repensar el vínculo con los otros y la percepción de uno mismo, es el objetivo de la entrevista que sigue.

     

    Redacción El Diario

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    Nuestra época se caracteriza por un ejercicio sostenido de la violencia. Ejemplos de esas manifestaciones los encontramos en todos los ámbitos, porque la violencia abarca cuestiones estructurales de la vida cotidiana y también familiares y de pareja.

    Para desterrar la cultura del maltrato en los vínculos interpersonales, se precisa prestar atención a los orígenes de las prácticas agresivas que hunden sus raíces en la experiencia vital de cada persona. Concomitantemente, se precisa que exista voluntad individual, detectar situaciones violentas, y disponerse a protagonizar un proceso de transformación para construir relaciones armónicas.

    “La palabra violencia, de por sí, comprime; de manera que abordarla resulta de una vastedad considerable, por las distintas perspectivas que admite: antropológica, sociológica, legal, psicológica, biológica, sistémica, y política”, le dijo a EL DIARIO, Laura Van Dembroucke, Magister en Sexología, y coautora del Programa de Educación Sexual Integral Escolar perteneciente a la Secretaría de Escuelas de la Facultad de Humanidades de Uader. Además, Van Dembroucke es quien diseñó el posgrado Sexología, Género y Sexualidades, en el que es docente y directora. También es autora de dos libros, y cuenta con una trayectoria que justifica la consulta periodística.

    La crianza es clave para no reproducir prácticas violentas. FOTO: Juliana Faggi.

    La cultura del respeto también se aprende. FOTO: Juliana Faggi.

    –¿Podría describirse el origen de la violencia?

    –Hay diversos significados de la violencia según las experiencias de las personas. Mirado el tema desde nuestra condición humana, podemos advertir que el desarrollo y la evolución se dan desde la cooperación y el amor, con un alto sentido del otro junto a uno.            Después de todo, somos seres relacionales entramados.

    La agresividad es necesaria para la supervivencia en la medida en que se produzca como reacción adaptativa ante una amenaza y esté acorde a ella. El problema es cuando esa agresividad está fuera de foco, desmedida, descontrolada y se transforma en violencia. Situación que puede repetirse una y otra vez cuando se da en una relación en la que se encuentra el agresor con ese otro como complementario, que hasta cree merecerla y abona al circuito de la violencia.

    Hay que decir entonces, que la violencia se origina en el miedo sostenido y en la culpa: nos enajena y nos aísla; nos hace experimentar lo humano en su peor versión.

    –¿Se pueden distinguir tipos habituales de violencia?

    –Una de ellas es la violencia intencionada, dirigida a lograr un fin determinado en una clara demostración de poder que se impone sin tapujos sobre otro ser humano. Esa persona vulnerada, por ende, no es respetada en su condición y es cosificada. A estas manifestaciones las advertimos en todos los ámbitos, allí donde alguien no tenga reparos en dominar a otro disciplinándolo.

    Otro caso frecuente de violencia es el de los celos en los vínculos. Cuántas veces se “investiga” al otro, siempre sospechado, invadiendo su privacidad, los separan de sus afectos, espían con quién se relaciona. Hoy, plataformas como WhatsApp, Facebook, e Instagram proveen de información que suele ser distorsionada para desatar los celos.

    Cuando los celos se transforman en un trastorno se instala la desconfianza hacia la otra persona y los pensamientos sobre una posible infidelidad se vuelven obsesivos. Ese estado enfermizo suele suceder por la poca seguridad en uno mismo, la baja autoestima, o la dependencia emocional.

    Esa celotipia no es ninguna manifestación de amor; al contrario, es un deseo destructivo que pierde la noción del respeto hacia el otro, de forma integral.

    El sentido ético se da cuando tenemos un verdadero reconocimiento del otro junto a mí. Es a través del otro que me constituyo, con el que soy unidad en trama. Con sentido ético podemos realizar interacciones sanas.

    Laura Van Dembroucke, magister en Sexología. FOTO: Sergio Ruíz.

    ESTRATEGIAS

    –Muchas veces se aborda al violento apartándolo…

    –Esta reacción de excluir al violento, si bien es importante, es un alivio pasajero que no soluciona el problema de fondo.

    Lo conveniente sería que cada uno reconozca la agresividad que lo constituye, para ponerla al servicio de la creatividad y canalizar esa fuerza en algo constructivo. Cuando esas fuerzas han sido reprimidas -en el presente o en el pasado- operan como el cauce de un río, que, cuando se bloquea, busca fluir y destruye todo a su paso.

    Además de evitar el riesgo de otros actos violentos, es necesario revisar las emociones y los patrones de los que emerge la violencia. En otro sentido, si registro aquello que me puede volver un complemento de la persona violenta, puedo iniciar un camino para sanar y no repetir la experiencia.

    –¿Hay una educación que nos empuja a tolerar la violencia?

    –La crianza es fundamental. En general, los padres no advierten el modo en que instalan patrones desde los mandatos del “no”: mensajes como no vas a poder hacerlo, ¿te das cuenta de que no sabes?, a eso no lo hagas, eso está mal, o directamente, sos un inútil, a veces reforzado con un chirlo o un zamarreo.

    Esas escenas cotidianas a las que muchas veces no le damos valor provocan en los más chicos inseguridades, sentimientos de culpa, y temor a no ser querido. Así, con tal de ser aceptados y reconocidos por el sistema familiar, niños, niñas y adolescentes se van acostumbrando a esa manipulación violenta.

    Lo esperanzador es que existe otro camino para esa cultura de la violencia; una alternativa es que quienes fueron educados así lo adviertan, hagan consciente su situación actual (y el origen de la misma) y con ayuda tomen un nuevo sendero. Los más grandes tienen mucho por hacer para cambiar el estado de cosas, como sanar sus propios vínculos de pareja y el trato con los niños, niñas y adolescentes.

    Así, la visibilidad del maltrato y una cultura del cuidado es indispensable para el bienestar de los más chicos que nos rodean. Hacernos cargo, responsables de su cuidado, es un desafío portentoso que tenemos los adultos; y una responsabilidad como sociedad y como Estado.

    –¿Por qué es un desafío?

    –Porque, así como es de amplia la definición de maltrato, también lo son sus causas, circunstancias, y la respuesta que debemos dar para enfrentarlo y poner a resguardo a los niños, niñas y adolescentes.

    Requiere de una acción pública efectiva con una política clara. Los gobiernos en todos sus niveles (local, provincial y nacional), la Justicia, las organizaciones de la Sociedad Civil, los sistemas de salud y educativos, y los clubes deben preguntarse cómo garantizar los derechos de niños, niñas y adolescentes, porque cada uno cumple un papel importante en lo que se conoce como Sistema de Protección Integral.

     

    RED

    –¿Cuándo se necesita ayuda para sobrellevar la violencia?

    –Hay que señalar que la violencia es una de las expresiones que dan cuenta de un conflicto emocional, de un desorden.

    Lo que pasa es que cuando somos parte de ese circuito solemos no darnos cuenta de cómo salir. Aquí la ayuda es necesaria, hay que pedirla, buscar esa conexión que permita dar ese paso para abordar un nuevo presente consciente y hacernos cargo de manera adulta, con amor propio y con sentido de ese otro para poder elegir de nuevo; en otras palabras, ser conscientes del modo de vincularnos.

    La clave está en tener la voluntad, primero, de darme cuenta lo que no funciona bien, y luego, ver cómo corregirlo. A disposición tenemos distintas herramientas terapéuticas, que ponen el énfasis en el amor propio, en la creatividad, en la valoración y la confianza.

    –Da la impresión que se sugiere afrontar el conflicto…

    –Sí. De hecho, en el libro de mi autoría “Sexo, despierta” expreso la importancia de enfrentar el conflicto, de hacerse cargo de las emociones. Si no resolvemos el conflicto no podremos dar el “salto cuántico”: los eventos se repiten, se acumulan y se convierten en situaciones disruptivas que a la larga nos predisponen a repetirlas y, en el peor de los casos, a enfermarnos incluso físicamente.

    –¿Por qué se dice que la relación violenta de una pareja es sistémica?

    –En principio, cuando decimos pareja hablamos de una relación “amorosa” establecida, ya sea a través del noviazgo o matrimonio.

    Aquella relación que da lugar a la violencia está dada por maniobras de imposición del poder, miedos, traumas, creencias irracionales, desvalorización propia y del otro, que pueden provenir de heridas del pasado. El programa que proviene del sistema familiar de uno vibra con el programa que proviene del sistema familiar del otro, y por eso “el que no reconoce su historia tiende a repetirla”.

     

    PUBLICACIONES

    –Mencionó recién el libro Sexo, despierta ¿cómo surgió la idea?

    –Como directora y docente del posgrado Sexología de la facultad, produje nuevo material de referencia, desde nuevos paradigmas, que no estaban escritos. Gracias a esa necesidad fue tomando cuerpo el libro.

    –¿Cómo fue el proceso de producción?

    –El gran impulso fue el contexto de pandemia. Suspendida la actividad del posgrado, me concentré en avanzar en la escritura del libro. Me propuse un tratamiento serio del tema, bien referenciado, y único en el estilo.

    Fue presentado en el Club Social de Paraná, en la Facultad de Humanidades de UADER y en la Feria Internacional del Libro en Buenos Aires, con excelente concurrencia y repercusión en cada una.

    –¿Cuál es el planteo general?

    –Trata temas muy sensibles que derivan en nuestra sexualidad. Incorpora la perspectiva energética y favorece el autodiálogo para encontrar respuestas personales para una vida mejor. Está atravesado por un relato erótico contemplando el flujo de energía, algo oculto, a descubrir, porque la sexualidad es mucho más que sexo. Somos seres sexuados desde siempre, desde antes de nacer.

    El libro refiere a la sexualidad en relación a los pensamientos, las emociones, el deseo, el placer, la vibración y la energía sexual; los programas de los sistemas familiares, las creencias que afectan la sexualidad, las fantasías, el miedo, el amor, la pareja, y qué me pasa a mí en la relación conmigo y las posibilidades de transformarme para una vida sexual más plena.

    –¿A quién está dirigido?

    –El punto de partida fue interrogarnos acerca de la propia sexualidad y los mandatos por los que estamos atravesados.

    Puede ser leído por todo aquel que le interese una vida más plena, revisando sus debilidades y fortalezas desde sus pensamientos, emociones y acciones ante diferentes aspectos de la sexualidad.

    –¿Qué objetivos persigue?

    –“Sexo, despierta” propone una sexualidad consciente, un camino de emancipación, empoderamiento sexual y revitalización de la pasión, el amor, las sincronías y hasta el éxtasis.

    –¿Cuál es la propuesta de “Simplemente siendo”?

    –Es un libro recién salido del horno. Está destinado a la niñez y a los adultos que les leen. Es un desafío con un compromiso profundo de darles herramientas a los más chicos para que se empoderen para la vida en relación, en una etapa donde, como vimos, comienzan a formarse los patrones de la conducta.

    La magia se produce al hacer propios los acuerdos toltecas, a través de personajes. Los acuerdos toltecas son cuatro y procuran el equilibrio personal y una vida plena.

    Es un libro ideal para leerlo todas las noches, tenerlo a mano, bajo la almohada. Al incorporarlo se hace manera de vivir. Es sencillo de aplicar. Facilita el acceso a la felicidad, al amor; en definitiva, a nuestra mejor versión.

     

     

    RESUMEN DEPORTIVO

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