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    Salud: con la mirada puesta en las desigualdades sociales

    Hace apenas unos días la televisión pública difundió “In Situ. El cáncer como injusticia social”, documental que decantó de una investigación encarada por especialistas de Conicet, la Facultad de Ingeniería de UNER, y la UBA, entre otras instituciones. De la entrevista que mantuvo EL DIARIO con Natalia Luxardo, una de las responsables del estudio, surgen algunos ejes que podrían aplicarse para mejorar las políticas de salud.

     

    Mónica Borgogno / [email protected]

     

    La investigación de la que emerge el documental “In Situ. El cáncer como injusticia social” tiene un carácter colaborativo, y pone el foco en las realidades de distintas áreas rurales y periurbanas, con el objetivo de identificar los determinantes sociales, las distintas fases y las estrategias del servicio de salud, particularmente en materia de prevención y control del cáncer.

    Los ejes de este trabajo de campo, están recuperados en el voluminoso libro “In situ: El cáncer como injusticia social”, publicado en marzo de este año.

    Cabe señalar que varios capítulos de esa publicación fueron escritos por integrantes de la cátedra Salud Pública – a cargo del bioingeniero Fernando Sassetti- que se dicta en la Facultad de Ingeniería de la UNER.

    Tanto el film como el libro, emergen de la confluencia de dos líneas investigativas. Una, centrada en diversos aspectos relativos al cáncer en el sistema público de atención en Argentina, desde las ciencias sociales interdisciplinarias y con financiamiento de UBA, Conicet y el Instituto Nacional del Cáncer. La otra, llevada adelante desde la cátedra de Salud Pública de la Facultad de Ingeniería de la UNER, con el interés puesto en el primer nivel de atención en regiones de Diamante, Paraná y otras jurisdicciones de la provincia, en el marco de diferentes proyectos académicos, de extensión y transferencia.

    El punto de encuentro, fueron los diagnósticos tardíos en oncología detectados en el sector público de salud.

    EL DIARIO se comunicó con la trabajadora social, Magister en Ciencias Sociales con mención en Salud (FLACSO) y doctora en Ciencias Sociales (UBA), Natalia Luxardo, quien dirigió la investigación “Desafíos y alcances en el control del cáncer desde el primer nivel de atención en centros periurbanos y rurales: lógicas territoriales, culturas locales, dinámicas institucionales y articulación entre niveles”. Antes de preguntar sobre los principales lineamientos que vertebran el estudio y los proyectos que de él se desprenden, surgió la inquietud acerca del origen de estas indagaciones.

     

    Génesis

    “El proyecto de investigación se inicia formalmente en 2016. Antes, veníamos trabajando desde el área de Salud y Población del Instituto Gino Germani sobre las inequidades y desigualdades sociales de salud, pero siempre desde instituciones de alta complejidad, con hospitales y el instituto oncológico Ángel Roffo, en donde desarrollamos un proyecto sobre morbomortalidad del cáncer. Ahí empezamos a ver que llegaban de Entre Ríos y otras provincias, personas con cánceres en estadios de enfermedad avanzados cuando eran prevenibles o bien tratables en fase temprana, como el cáncer de mama, pero arribaban ya con metástasis y morían. Por eso hablamos del carácter de injusticia social del cáncer”, explicó Luxardo para enseguida agregar: “Se estima que entre el 30 y 50 % de los cánceres son prevenibles. Si ocurren muertes por cánceres de mama o cervicouterino, que se pueden detectar o prevenir, tales muertes son indicadores de injusticia”, precisó.

    A través de un intenso trabajo de rastreo, detectaron una cadena de fallas en los distintos niveles de atención, factible de ser revertida.

    En las historias de los pacientes observaban que “muchos habían estado meses y meses con tratamientos equivocados, subestimados, con anemias tratadas con pastillas de hierro sin averiguar antecedentes”, ejemplificó. Con esos datos, decidieron salir de la alta complejidad en la que estaban buceando, e involucrarse con la atención primaria. “Coincidió que desde la cátedra de Salud Pública de UNER -un equipo constituido por Fernando Sassetti, Ingrid Spesotti, Javier Billordo, y Carlos Scotta- ya se venía trabajando en ese nivel de atención primaria en los Departamentos Paraná y Diamante, aplicando conocimientos de la bioingeniería. Coincidimos en un encuentro de Salud y Población, unimos fuerzas y así nació este proyecto, primero financiado (en 2016) por la UBA y (en 2018) por el Instituto Nacional del Cáncer”, relató.

    Según apuntó la entrevistada, el campo de discusión que toman, tiene que ver con la epidemiología social en oncología, una mirada que vincula las condiciones de trabajo y de vida con la susceptibilidad para desarrollar determinados tipos de cáncer.

    El acento en prevenir

    Del diálogo con la investigadora, se vislumbra que su mirada va más allá del cáncer, e interpela a corto y mediano plazo a las políticas públicas de salud. “Hablamos del cáncer porque encontramos aquí un lugar en el que hay recursos. Sabemos qué medidas habría que tomar pero intentamos ir más allá de la identificación de los factores de riesgo descontextualizados. Nosotros no decimos `hay que hacer campaña para que la gente no tome alcohol así la gente no contrae cáncer de laringe`. Lo que hacemos es preguntar e indagar por qué la gente toma alcohol en determinados lugares. Además de la posibilidad de cáncer vamos a evitar otras enfermedades crónicas como diabetes o las cardiovasculares”, ilustró. En ese sentido, trajo a colación parte del marco teórico que sostiene sus estudios: “Hay una teoría sociológica de las causas fundamentales que dice que hay que apuntar a eso y no a las consecuencias visibles”.

    Por ello, el desafío está, en primer lugar, en velar por la exposición a factores de riesgo en distintas comunidades como el respirar regularmente humo, no contar con servicio de agua y alimentación sana, luego en asegurar el acceso a estudios de prevención y finalmente, garantizar tratamientos de calidad en tiempo y forma, además de los cuidados paliativos.

     

    Reconocer lo diverso

    El enfoque de la investigación que lleva adelante Luxardo y un nutrido equipo, se centra en la posibilidad de redirigir los recursos y voluntades para disminuir la inequidad que se da en torno al cáncer. “En 50 kilómetros nuestro país puede concentrar formas de diversidad cultural, social, étnica, económica que es crucial que los tomadores de decisiones reconozcan y sepan porque los programas nacionales de control de cáncer que existen desde 2018 –que hablan de equidad y llegar a los grupos desfavorecidos- puedan traducir esta información y estudios, en acciones puntuales”, remarcó.

     

    Tiempo

    Al ser consultada sobre la metodología que adoptaron, la docente e investigadora puso sobre la mesa, la transdisciplinariedad. En efecto, el equipo cuenta con la participación de sociólogas, antropólogas, geógrafas, ingenieras e ingenieros, personal de enfermería, enfermería comunitaria, referentes de la ciencia política y diferentes colaboradores de las comunidades y centros de salud.

    “Nos alejamos de las propuestas de investigación extractivista, preferimos avanzar despacio pero con engranajes aceitados que permiten cambiar estas injusticias sociales. No obstante, los cambios epidemiológicos llevan tiempo. Por lo menos deben pasar cinco años para apreciar verdaderos cambios, sobre todo en las pequeñas comunidades”, añadió.

    Por el modo de encarar esta investigación, les surgen varios desafíos por delante. Uno de ellos, la continuidad: “Esperamos que las instituciones no corten el financiamiento de este tipo de proyectos porque los vínculos y alianzas conquistados en los equipos, cuestan trabajo. No es fácil consensuar y la confianza es clave para seguir trabajando”. Por otra parte, “la articulación con otros socios que tienen capacidad de incidir en la salud como podrían ser, las obras sociales, es clave. Ahora, construir vínculos de confianza cuando hay intereses creados, no va a ser fácil, lo sabemos, pero tenemos intención de sumarlos”, comentó.

    Contenido local

    “Con Fernando Sassetti, en el documental -que se transmitió en la TV pública, y que Conicet documental volverá a emitir en breve-, incluimos el testimonio de distintos referentes del Ministerio de Salud, y de enfermeros. También entrevistamos a la licenciada Teresita Calzia, quien estuvo a cargo de la Dirección de Gestión de primer nivel de atención de Entre Ríos –y ahora está al frente del Centro de Salud D`Angelo-, a quien sumamos al proyecto”, refirió Luxardo.

    En el documental, cabe añadir, se puede apreciar buena parte del proceso y modalidad de indagación, realizado junto con las distintas organizaciones y comunidades, recogiendo su voz y experiencias.

    El aporte de Sassetti y también de Javier Billordo, fue fundamental. Ellos fueron los encargados del trabajo en terreno y las entrevistas a personal de centros de salud de Paraná, Sauce Montrull, Aldea Brasilera, del Centro de Medicina Nuclear y Molecular Entre Ríos (Cemener), Hospital San Martín y efectores del primer nivel de atención de Diamante.

    Preguntas radicales

    Como en toda investigación, los interrogantes gestan primeras hipótesis o caminos a recorrer para buscar respuestas. En este caso, el equipo se planteó una diversidad de preguntas como ¿qué factores obstaculizaban el acceso al primer nivel de atención?, ¿cuáles eran los eslabones entre problemas de salud inespecíficos y recurrentes mal diagnosticados para llegar a estadios avanzados de enfermedad para cánceres perfectamente detectables y curables en etapas tempranas?, ¿qué fallaba en el sector público cuando existían programas instrumentándose exitosamente en efectores del sector privado?, ¿qué diferencias se presentaban en las realidades institucionales de escenarios completamente heterogéneos (zonas rurales, de alta vulnerabilidad socioeconómica y ambiental, con poblaciones de inmigrantes, etc.)?, ¿cómo se involucraba el personal sanitario en salud en el día a día institucional?, ¿contaba con la logística necesaria para instrumentar determinados programas de promoción de la salud y prevención del cáncer y para realizar intervenciones de demanda espontánea?

    Las respuestas significaron la identificación de ciertos “agujeros negros” o faltantes en materia de salud y también la posibilidad de diseñar propuestas, ideas y trabajo conjunto, que conduzcan hacia un verdadero abordaje integral y estratégico del cuidado en cáncer en sus múltiples dimensiones, acorde con los principios y valores de una salud con equidad, esto es, como una cuestión de justicia social.

     

    Fragilidades

    En un tramo de la entrevista, la especialista Natalia Luxardo se detuvo en el concepto que hilvana la investigación: la equidad. “Con respecto a la equidad en salud, nos interesa poder ir más allá de enfoques reduccionistas centrados en los estilos de vida descontextualizados. Lo que procuramos es analizar cómo se configuran y definen los procesos de deterioro, fragilización y amenazas a la salud de determinados colectivos poblacionales históricamente postergados en sus derechos. Aunque también identificamos las protecciones o procesos que amortiguan estos impactos. De esta manera tratamos de aportar a miradas que complejicen lo que la literatura de la salud pública engloba como ´factores de riesgo´ responsables de las desigualdades en cáncer que existen entre grupos poblacionales”, subrayó.

    Nombres propios

    El documental “In Situ. El cáncer como injusticia social” es la resultante de un arduo y comprometido trabajo de investigación que llevó adelante un equipo integrado por Natalia Luxardo, investigadora del Conicet en el Instituto de Investigación Gino Germani (UBA); Leila Passerino, investigadora del Conicet en el Centro de Investigaciones y Transferencia Rafaela (CIT Rafaela, Conicet-UNRaf); Fernando Sassetti (Facultad de Ingeniería, UNER); Javier Billordo de la Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario José Rodríguez; Teresita Calzia, directora de gestión de primer nivel de atención de Entre Ríos; Leandro Alva, del Centro de Salud Gobernador Uranga; Marcel Kolvenbach (Academy of Media Arts Cologne KHM); además del Instituto Nacional del Cáncer y otros colaboradores.

     

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