9.8 C
Paraná
lunes, agosto 8, 2022
  • Sociedad
  • Muy
Más

    Las cambiantes representaciones literarias de Evita, 70 años después

    A días de cumplirse 70 años de su muerte, la figura de Eva Perón sigue siendo objeto de estudio y análisis. Las investigadoras y docentes Soledad Quereilhac y Paola Cortés-Rocca, y el escritor y docente Juan Mattio, dan cuenta de las representaciones que circulan desde distintos momentos históricos. Walsh, Borges, Viñas, Onetti y Perlongher son convocados a la charla.

    Emilia Racciatti/Télam

    Emblemática y audaz, la figura de Eva Perón ha sido sucesivamente retomada desde la literatura, la poesía, el cine y el ensayo a partir de focos envolventes que entrecruzan la fascinación por narrar el derrotero de su cuerpo -una obsesión que conecta narrativas tan disímiles como las de Walsh, Borges o Viñas- y hasta instalan una ambigüedad problemática entre verdad y ficción como la que propuso el escritor Tomás Eloy
    Martínez en su célebre “Santa Evita”, pero que en otro plano permiten rescatarla del pasado para ubicarla como un símbolo de las luchas del presente.

    A días de haberse cumplido 70 años de su muerte, las investigadoras y docentes Soledad Quereilhac y Paola Cortés-Rocca, y el escritor y docente Juan Mattio, analizaron las representaciones que circularon en distintos momentos históricos para pensar cómo jugaron la época y las condiciones sociales y políticas al momento de narrar a Eva Perón, al tiempo que ofrecieron perspectivas compatibles para desentrañar insistencias y vacancias en torno a su figura, así como para entender los modos en que circuló desde la ficción quien ocupó y sigue ocupando un rol central en la narrativa política contemporánea, con independencia de los amores y antipatías que despierte.

    Para Mattio, hay una serie o una repetición que insiste en las ficciones sobre la figura de Eva Perón, “cierta fascinación macabra con su cuerpo”. Y ejemplifica: “Los cuentos de (David) Viñas, (Rodolfo) Walsh, (Juan Carlos) Onetti e incluso (Jorge Luis) Borges están centrados en la escena del funeral y el posterior secuestro del cuerpo. Lo mismo puede verse en ‘Santa Evita’, de Tomás Eloy Martínez. Habría otra serie, que incluye a Copi
    (Raúl Damonte Botana), (Néstor) Perlongher o (César) Aira, donde la constante está en cierta desmesura asociada a Eva. Desmesura política, sexual o discursiva”.

    “Es extraño, pero en las representaciones que encontré en estas ficciones, parece haber cierta indiferencia por la figura de Eva mientras estuvo viva y ejerció el poder. Como si su fuerza hipnótica se multiplicara a partir de la muerte. Su ausencia está tan presente -y es tan actual- que se nos aparece como una figura ubicua”, reflexiona Mattio, autor de “Tres veces luz”, quien dictó cursos y talleres de lectura para abordar estas líneas
    temáticas.

    Lugares

    Cortés- Rocca es crítica cultural especializada en el cruce entre literatura y visualidad. Junto a Martín Kohan, escribió el libro “Imágenes de vida, relatos de muerte. Eva Perón: cuerpo y política”. Es un ensayo publicado por Beatriz Viterbo en el que trabajan la lucha de sentidos en torno a la dirigente política.

    Al pensar en las insistencias que confluyen en las representaciones, distingue que uno de los elementos es “la legitimidad o ilegitimidad para estar en un lugar tanto de un lado como del otro”. Para Rocca esa tensión “tiene que ver tanto con su belleza, su juventud, con ser esposa, no ser madre (biológica) pero ser madre del pueblo; como con posiciones
    inversas que justamente dicen que ocupa un lugar ilegítimo porque no es una funcionaria del Gobierno (es solo la esposa del Presidente) o porque es hija ilegítima”.

    El aniversario de la muerte de la impulsora del Partido Peronista Femenino (que tuvo lugar el pasado martes), tiene como foco de atención el estreno de la serie “Santa Evita”, una producción de Star+ basada en la novela de Tomás Eloy Martínez y protagonizada por Natalia Oreiro. La investigadora y ensayista Soledad Quereilhac, quien analizó y trabajó esa ficción, sostiene que en la producción “hay un pacto ‘desleal’ de lectura”.

    “Tiene que ver con la torpe indistinción, a nivel de la técnica narrativa, entre lo ficticio y lo real, entre lo que está basado en documentos históricos (testimonios, memorias, filmaciones, entrevistas) y aquello que se inventa”, explicó. “Por supuesto que la narrativa literaria se dedica básicamente a contar ficciones, esto es, a hacer un arte de lo que no
    sucedió y puede ser contado. No es a eso a lo que me refiero. Sino a la muy mala resolución entre literatura e historia, entre non-fiction y novela, entre una perspectiva omnisciente y un exagerado protagonismo (autocelebratorio) de la voz narradora, que se presenta como la del mismo Tomás Eloy Martínez”, argumentó la doctora en Letras de la Universidad de Buenos Aires.

    A la televisión

    La novela “Santa Evita”, escrita por el periodista y escritor Tomás Eloy Martínez, fue publicada originalmente en 1995 por la editorial Planeta y tiene, por estos días, una versión audiovisual codirigida por los cineastas Rodrigo García y Alejandro Maci y protagonizada por Natalia Oreiro.

    El material se estrenó el 26 de julio por la plataforma Star +, propiedad de Disney, al cumplirse los 70 años de la muerte de la líder del movimiento peronista.

    Además, “Santa Evita” fue tomada también como base de una de las películas clásicas sobre “Eva Perón” como líder política, dirigida por Juan Carlos Desanzo, con guión de José Pablo Feinmann. Al cuestionar los límites borrosos que se establecen entre la documentación y la ficción en la citada obra, Quereilhac aportó que “son muy significativas las anécdotas que Martínez relata en diferentes entrevistas, en relación con los equívocos que produjo su novela. Se jacta de haber ‘engañado’ a Feinmann, que tomó como real una escena narrada en ‘Santa Evita’ y que incorporó, por tanto, a su película. También se ha jactado de ‘engañar’ a la Unión de Obreros de la Construcción y la Unión de Obreros Metalúrgicos sobre una frase que Eva supuestamente nunca pronunció pero que
    aparece en su novela”.

    Entonces, subrayó que “si esos equívocos se producen, no se debe tanto al error de lectura, sino al tramposo planteo de la ficción; al mal resuelto juego entre convenciones genéricas (novela, non-fiction, relato histórico, periodismo de investigación) y, más profundamente, a una convicción netamente noventista de que la verdad histórica ya no importa, todo
    puede ser relato e invención, sin reglas siquiera formales”. Para Quereilhac, autora de Cuando la ciencia despertaba fantasías. Prensa, literatura y ocultismo en la Argentina de entresiglos, “tampoco la política parece importar: hay un snobismo posmoderno, inevitablemente reaccionario, claro, que se impone por sobre sus propios materiales
    narrativos (la historia del cuerpo de Eva) para neutralizarlos políticamente y para bastardearlos históricamente”.

    Y en ese punto, define a la novela “Santa Evita” como “la expresión de una operación estético-ideológica sobre Eva: la neutralización absoluta de su potencia política, de su rol como líder política; la reducción de toda su persona a su condición de ignorante, puta y caprichosa como único eje de lectura de su aporte a la historia nacional; su utilización como motivo consagratorio de un autor, absolutamente entrometido en la voz de su
    propia novela, que está desesperado por transmitir su disciplinamiento machista sobre Eva y ocupar él, gran megalómano, el centro de la escena narrativa”.

    Feminismos

    Al repasar representaciones sobre la impulsora de la iniciativa que permitió que más de 3,5 millones de mujeres votaran por primera vez el 11 de noviembre de 1951 en la Argentina, Cortés- Rocca resaltó que lo que prima “es la discusión por el espacio. Uno podría decir que se trata de un cuerpo fuera de lugar o en su lugar. Ese es el gran debate que se
    organiza en los modos de representarla”.

    La investigadora advierte que “fuera de las características de ser joven, bella, madre, esposa, cuando esas categorías caen o no tienen el lugar que tenían a mediados del siglo XX porque la legitimidad o ilegitimidad de los hijos es irrelevante hoy, aparece la cuestión de Eva protofeminista”.

    Para Cortés- Roca justamente se trata de “algo con lo que ella marcó ciertas distancias por lo que representaba el feminismo a mediados de siglo, más relacionado con lecturas de clases más ilustradas y educadas.

    Pese a eso, se la lee como una protofeminista por sus acciones, su capacidad de activar ciertos reclamos, no solo desde el voto sino con derechos civiles y políticos específicos como la ilegitimidad, el acceso al voto, pero también una visibilidad del lugar de la mujer de la manera que sea y que se pueda, y no siempre tiene que ver con las armas que da el
    mismo sistema”.

    Tres miradas

    Entre las ficciones que tuvieron a Eva Perón como eje, el cuento “Esa mujer” de Rodolfo Walsh es uno de los más emblemáticos. En un diálogo prolífico, Paola Cortés- Rocca, Soledad Quereilhac y Juan Mattio intentaron desentrañarlo y pensar su potencia para dar cuenta de la representación de la figura de la dirigente política en la historia argentina.
    Mattio dijo que Walsh “escribió un cuento perfecto en ‘Esa mujer’ y eso es, precisamente, porque es una obra maestra de la elipsis. Al cuerpo secuestrado de Eva se le adhiere la situación de censura y omisión sobre su nombre que plantea Walsh. Y, para desconcierto de quienes creen en el realismo político, esa condición fantasmal de Eva es mucho más poderosa y amenazante que cualquier hecho ‘concreto’ o inmediato”.

    “Hay un componente gótico en la imagen que fantasea el narrador: ‘si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra’. Vale preguntarse: ¿por qué el mero cuerpo de Eva escondía tanto poder?”, reflexionó.

    La misma cita del cuento que alude al secuestro del cadáver de Eva Perón, aunque su nombre nunca es mencionado, recupera Quereilhac, para graficar cómo en esa ficción ella “es esa tormenta colectiva que saca al individuo de la sombra; es una causa, es bandera, es potencia política tan temida por sus enemigos que ni siquiera se animaron a desaparecer su cuerpo”.

    “En el relato de Walsh hay, de manera totalmente opuesta a ‘Santa Evita’ (que buscó claramente ser la superación de ese cuento, torpemente) un eficaz hallazgo de la técnica narrativa, una amalgama de forma y contenido, indisoluble. Walsh ha sabido encontrar la forma literaria para narrar esa experiencia particular y, como en los mejores cuentos, apelar a la brevedad y a la economía de recursos para proyectar el sentido en
    infinitos haces de luz”, destacó la investigadora.

    Sobre “la omisión estructural” del nombre de Eva en el relato, Quereilhac dice que el texto “logró transmitir la enorme potencia simbólica de su figura, su real trascendencia política, y la dimensión fetichista de su cuerpo, tanto para propios como para extraños. Walsh hace todo lo contrario de Tomás Eloy Martínez; mientras éste sólo detecta, con indisimulable misoginia, a la arribista resentida replegada en su propio yo”.

    En tanto Cortés- Rocca considera que “la literatura es el lugar en el que mejor se pensó a Eva Perón por la potencia misma que tiene la literatura de producir sentidos a futuro. Si tuviera que elegir elegiría tres ficciones: el cuento de Walsh, el de Borges ‘El simulacro’ y el relato ‘Evita vive’, de Néstor Perlongher”, precisó.

    “El de Borges es una gran clave del peronismo que entiende que el peronismo es una mitología, producción de sentido que pierde fuerza cuando deja de ser productor de relato, de símbolo, identificaciones e imágenes. El de Walsh es un cuentazo porque está en el filo de la ficción y la no ficción, es profundamente arriesgado que no trabaje con los sentidos
    previsibles sino a contrapelo poniendo a producir esa imposibilidad de nombrar. Justamente porque el peronismo es lo innombrable, es lo que no deja de nombrarse todo el tiempo. Ese cuento también territorializa a Eva, la busca como quien busca un punto en el mapa y entonces esa idea de que Eva es un territorio está en ese cuento”, analizó.

    No obstante, consideró como “el más relevante” al de Perlongher “porque la vuelve parte del presente, ya que lo que está en juego no es ni la Evita eterna, ni la que volverá y será millones, ni el cadáver que se roban los militares y que anticipa lo que va a ser el tráfico y la desaparición forzada.

    En el cuento de Perlongher es distinto: es una Eva que vuelve muerta, como zombie y se les aparece a los nuevos subalternos, tiene como interlocutores a los jóvenes que fuman porro, a las maricas perseguidas por la policía”.

    “Vuelve como símbolo, imagen, memoria y les habla a nuevos sujetos. En esa línea se puede leer también alguna imagen de Eva con el piercing o el pañuelo verde. Es una Eva que reaparece a los nuevos sujetos populares del presente. La ficción literaria la arranca de su tiempo y la piensa como una figura que sigue interpelando al presente: qué pasa con una mujer que está en un lugar que no le corresponde del todo, que se lo ganó todo
    a los empujones, qué cosas pediría, de qué manera patearía el tablero hoy una figura así, planteó Cortés- Rocca.

     

    RESUMEN DEPORTIVO

    Lo más leído

    Agroclave