Entre Ríos, Galería, La Provincia, Paraná, Sociedad

Historias que inspiran: Señales

En este espacio simplemente compartimos bellas historias que inspiran al alma humana. Historias que los mismos protagonistas muchas veces las realizan en anonimato o en otros casos no dimensionan el alcance de sus buenas acciones, que sirven como ejemplo de lucha, de superación y esperanza a otros. Recolectamos historias reales y con su permiso las compartimos.

 

Colaboración | Carolina Oertel

 

En el año 2001 vivíamos en Paraná, mi marido trabajaba en la Fuerza Aérea. Nuestra casa era un departamento en calle 25 de Junio. Ahí vivíamos varias parejas jóvenes de recién casados, y otras no tanto, pero lo cierto es que nuestro grupo de amigos estaba formado por jóvenes parejas y el grupo de los solteros, ellos eran jóvenes que vivían en el casino de oficiales de la base aérea, con los que a menudo nos juntábamos a comer.

Para fines del mismo año nos trasladan a Comodoro Rivadavia. En esa época no existía Whatsapp ni Facebook, así que las comunicaciones eran esporádicas.

Al tiempo, uno de nuestros amigos solteros, en una de sus conversaciones le cuenta a mi esposo que su condición de soltería estaría por cambiar, estaba enamorado y se iba a casar. Y así fue.

Luego de dos años de noviazgo se casó, al tiempo fue papá de un niño. Era inmensamente feliz con la familia que había formado.

En el año 2006, mi marido estaba de guardia en una unidad de comunicaciones y recibe la noticia que un avión Lear que estaba en misión de ayuda humanitaria en Bolivia acababa de estrellarse y todos los tripulantes habían muerto. Nuestro amigo y otros más se encontraban ahí.

El accidente ocurrió en el alto de La Paz, Bolivia, el 9 de marzo, cuando estaban llevando alimento y vestimenta a sectores sumamente pobres de ese país. El día anterior habían dado parte que el avión estaba con desperfectos, por lo tanto tuvieron que quedarse un día más a solucionarlo. El ministro de salud que había ido en ese vuelo, tomó otro avión de regreso ya que no podía permanecer un día más, y de esta manera sin saberlo, salvó su vida.

Profundo dolor en toda la Fuerza Área. Familias enteras destruidas ante tremenda y sorpresiva pérdida.

El tiempo y la distancia fue desconectándome de lo que sucedía en Paraná.

 

ENCUENTRO

En el año 2011, después de diez años en el sur, volvemos a esta ciudad. A dos años de llegados mi hijo comienza básquet en el club, empecé a conocer a otras mamás que llevaban a sus hijos, y entre todas ellas había una que llamaba la atención por su belleza: sus ojos verdes y su pelo oscuro no la hacían pasar desapercibida. No nos saludábamos, yo equivocadamente pensaba que era distante, pero nuestros hijos tenían gran afinidad. Casi un año después, una conocida en común nos presenta. Ella estaba embarazada, así que comenzamos a charlar, enseguida descubrí que era muy simpática y conversadora. Le pregunté dónde vivía y me comenta que en el edificio de 25 de junio, el mismo en el que había vivido yo hacía 13 años atrás.

–¿Tu esposo es de Fuerza Área?– le digo.

–Era de la Fuerza Áerea.

–¿Se retiró?

–No… mi esposo murió. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

La miro comprensiva y le comento que como mi marido trabajaba en la Fuerza Aérea, tal vez lo conocíamos.

–M.S.

–¿Qué? ¿Vos eras la esposa del MS?– pregunté atónita.

Era uno de los integrantes del grupo de amigos que teníamos, y así, una charla que había comenzado al pasar, empezó a cobrar profundidad…

 

CAMINOS

Esta es la historia de María de los Ángeles y su nombre tiene sentido. Una historia que cuenta las maneras que el amor se manifiesta, te encuentra, y cómo los caminos se allanan y se iluminan.

Ese 9 de marzo de 2006, María estaba trabajando como todos los días, había dejado a su pequeño en casa de los abuelos. El día anterior había recibido la llamada de su marido diciéndole que por desperfecto en el avión no llegaría esa misma tarde, sino a la siguiente. Y en esa época estaba naturalizado escuchar que los aviones se rompían, que tenían fallas en vuelo y demás. Así que no se alarmó, esa gravedad era “normal” que sucediera.

Su familia se entera antes que ella por la televisión del accidente fatal, y el papá de María de los Ángeles es el que va a darle la noticia.

Cuando ella ve aparecer a su padre en su trabajo, intuyó que algo malo pasaba. Entró en un profundo shock, no podía creer ni entender lo que pasaba, gritos y llantos, se manifestaban abruptamente.

María salió corriendo, cuadras y cuadras, pensando que de esta manera todo desaparecería.

Los días se hicieron pesados, su alma estaba rota. Necesitó medicarse porque no entraba en su alma y en su cuerpo tanto dolor.

Pero a pesar de ello, de su tristeza y sufrimiento, María viajaba una vez por mes a Buenos Aires para que su hijito pueda ver a sus abuelos paternos y no perder ese lazo tan importante.

Al cumplirse un año del accidente de su esposo, ella con otros familiares de las víctimas son invitados a una ceremonia en honor a los fallecidos. Son nombrados Héroes Nacionales. María de los Ángeles recibe una medalla de honor en su nombre, y luego son trasladados al lugar del accidente. Fue un largo viaje en camionetas hasta llegar. Ahí se veían algunos restos y pedazos del avión.

Hacía mucho frío y lloviznaba, y entre los restos, alguien levanta unas caponas y grita.

–Hay algún familiar del Primer Teniente MS.

María no lo podía creer: las caponas de su marido se encontraban un año después de haber permanecido en la intemperie, desteñidas, medio enterradas. Aparecidas en el momento justo. Más que una casualidad, parecía una señal.

Años después, unos amigos le presentan a una persona, que comenzaría a tornarse importante y especial en su vida.

Al principio le costaba contarle a la familia de él que tenía un hijo, que había estado casada, y que había enviudado, demasiadas cosas ocurridas para alguien tan joven.

Las caponas de uno de los tripulantes del avión caído fueron encontradas un año después de haber permanecido en la intemperie. Más que una casualidad, parecía una señal.

Pero esta historia refleja la grandeza de todos los que la componen. Los padres de su pareja aceptaron a su hijo como propio, lo trataron como a un nieto, y entablaron relación con sus abuelos paternos formando así una gran y contenedora familia, tal es así que cuando vienen de visita a Paraná, se reúnen todos.

María fue la que construyó esos fuertes lazos. Por eso hoy, 14 años después, su hijo continúa pasando sus vacaciones en Buenos Aires; ella supo comprender que su niño era el lazo que los conectaba a estos abuelos con su querido hijo fallecido.

En la actualidad, está nuevamente casada y tiene dos hijas muy hermosas.

Su hijo tiene dos hermanas, tres abuelos, tres abuelas, varios tíos y primos, un hombre que lo ama como si fuera su propio hijo, una madre maravillosa y un ángel que permanente lo acompaña, y disimuladamente les deja señales.

 

Historias que inspiran: Roxana, pequeña guerrera

Historias que inspiran: Raúl, el hombre que ahora tiene un hogar