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    Recorrer tumbas, excusa para el rescate de poetas y pensadores

    En el año 2007 Ediciones Siruela publicó en idioma español el libro de Cees Nooteboom “Tumbas de poetas y pensadores”, con fotografías de su esposa Simone Sassen. El contenido es singular: versa sobre las trayectorias poéticas, literarias y filosóficas de personalidades destacadas, con imágenes de sus tumbas.

     

    Angelina Uzín Olleros / [email protected]

     

    El libro es un extenso recorrido por nombres célebres como los de Honoré de Balzac, Charles Baudelaire, Walter Benjamin, Ítalo Calvino, Miguel de Cervantes, René Char, Julio Cortázar, Ludwig Wittgenstein, Giacomo Leopardi, Jorge Luis Borges, César Vallejo, Baruch de Spinoza, August von Goethe, Adolfo Bioy Casares, Bertolt Brecht, por citar algunos. No son todos poetas en el sentido estricto del término: hay filósofos y escritores que no pueden ser pensados como poetas en un modo ajustado. Lo que sí, pocas mujeres aparecen en el índice del libro, Susan Sontag, Simone de Beauvoir, Virginia Woolf, Mary McCarthy.

    “Las tumbas son ambiguas. Conservan algo y, sin embargo, no conservan nada. Naturalmente, esto se puede decir de todas las tumbas, pero cuando se trata de las tumbas de los poetas con eso no está todo dicho. En su caso hay algo diferente. La mayoría de los muertos callan. Ya no dicen nada. Literalmente, ya lo han dicho todo. Pero no sucede así con los poetas. Los poetas siguen hablando. A veces se repiten. Esto ocurre cada vez que alguien lee o recita un poema por segunda o centésima vez. Pero hablan también para quienes todavía no han nacido, para unas personas que aún no han vivido cuando ellos escriben lo que escriben.”

    No obstante, al autor le interesa la poesía por sobre todas las demás expresiones. “El amor a la poesía empieza probablemente a la edad de los grandes sentimientos, cuando uno todavía cree que un gran sentimiento engendra a su vez gran poesía. La mayoría de todas las personas nunca supera ese malentendido, como se ve con toda claridad en las esquelas mortuorias y en las colaboraciones que se envían a las revistas literarias.”

     

    Costumbres

    En una extensa introducción, Nooteboom cuenta cómo comenzó este hábito de visitar las tumbas y cómo a partir del momento de conocer a su mujer ambos compartieron esa costumbre de recorrer cementerios para traer a sus memorias las vidas de los y las ausentes. “¿Cuál fue la primera tumba sobre la que escribí, cuando aún no pensaba en este libro? Tenía ya más de cuarenta años; era un lector un tanto tardío de Proust, fue en el año 1977, allí, en el Père-Lachaise, esa sensación de ser casi como un pariente, esa sensación de saber demasiado.”

    Recorrer cementerios es una costumbre muy parisina y en general europea, hay quienes realizan estos recorridos con un interés estrictamente turístico. Existen tours organizados de modo tal que un guía va comentando las biografías de las celebridades que yacen ahí, hay esculturas, materiales que inscriben en sus lápidas frases de los muertos, de celebración por la vida de aquellos personajes históricos; los rituales de despedida, de conmemoración. Otros van como modo de ejercitar la memoria colectiva en torno a un pasado que nos habla desde las voces y las escrituras de los que ya no están.

    El libro conmueve, porque tanto en la vida como en la muerte los seres humanos se alojan en lugares de opulencia o de pobreza; son recordados u olvidados; algunos dieron fin a su vida suicidándose, otros han muerto por causas naturales y están también aquellos que nadie sabe cuándo nacieron o en que día dejaron de existir.

     

    Tradiciones

    A continuación, la referencia está vinculada a una historia de los rituales sobre los muertos en diferentes culturas. “Para los griegos de la época micénica, al igual que para los egipcios, la construcción funeraria era algo tan necesario como la casa que aquellos hombres y mujeres habían habitado en vida. En África, por el contrario, la tumba es un lugar en el que se retiene a los muertos para que no importunen a los vivos. Los complicadísimos rituales funerarios de algunas tribus aborígenes tienen sus raíces en las mismas nociones.”

    Para Nooteboom: “No son rectos los caminos que atraviesan el reino de los muertos. En todos los viajes he convertido el mundo en un cementerio laberíntico y he ordenado en él a los muertos que significan mucho para mí.” Cada texto del libro está acompañado de la foto de una tumba y las palabras que reproducen algún soneto o párrafo de libros, muchas anécdotas sobre sus travesías, las dificultades para llegar a un lugar, los permisos en algunos casos para fotografiar una lápida, las prohibiciones para hacerlo. Es el caso del cementerio de Thiais, donde están enterrados Paul Celan (1920-1970) y Joseph Roth (1894-1939) en el que también reposan los restos de héroes anónimos de la historia europea, ahí es donde le advierten que no podrán hacer fotografías. Sin embargo, Sassen logra sacar esa foto de la última tumba del libro.

    “Me he sentado a una mesa en Le Tournon, un café del VI arrondissement, no lejos de los Jardines de Luxemburgo y del Senado. De pronto, Simone ve una placa detrás de mí: Aquí venía siempre el escritor austríaco Joseph Roth. Y, debajo, leo en francés estos versos, que escribió sentado en esta mesa:

    Una hora es un lago,

    Un día es un mar,

    La noche una eternidad,

    El despertar, el grito del infierno,

    El levantar, una lucha por la claridad.”

    El libro termina luego de estos versos con la conclusión de Nooteboom:

    “Creo que tal vez este último muerto quería decirnos algo más.”

     

    En primera persona

    Cees Nooteboom (1933) es de origen holandés, conocido tanto por su obra narrativa como por sus poemas y ensayos, sobre todo los dedicados a la literatura de viajes. Además, es un reconocido traductor e hispanista. Colaboró en varios periódicos y revistas, publicando poemas, o crónicas de viajes. Nooteboom ha publicado más de 60 libros entre ensayos, novelas y recopilaciones de artículos; es precisamente su pasión por el viaje y otras culturas la que le ha convertido en un adalid de la unión entre países europeos. A lo largo de su carrera ha recibido numerosos premios; además, uno de los eternos candidatos al Premio Nobel de Literatura.

    Simone Sassen (1952) estudió Historia y trabajó en el Museo de Ámsterdam hasta que en 1979 conoció a Cees Nooteboom. Desde entonces viajan juntos por el mundo, él escribiendo y ella haciendo fotografías. Sus imágenes acompañan los textos de él en libros y revistas, aparecen como reportajes de viajes en publicaciones internacionales y han sido expuestas en el Instituto Goethe de Rotterdam y en el de Bucarest, también en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, entre otros sitios.

    Armar valijas

    El ejercicio fue imaginar que en un futuro impreciso sea descubierta una cápsula en el predelta entrerriano. En su interior los jóvenes exploradores podrían hallar libros, objetos singulares, del ayer, en medio de un mundo evanescente y audiovisual. Qué libros expresarían al menos una parte de las memorias, los relatos aquellos que en alguna medida nos toca actualizar, los versos y estrofas del desencanto y la maravilla de estar vivos. Qué materiales no podrían faltar, entonces, si la idea fuera que ayuden a interpretar el cosmos, el mundo y los dilemas de esta época.

     

     

     

     

     

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