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lunes, agosto 8, 2022
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    Desafíos actuales de Paraná, la de los rostros diversos

    A propósito del nuevo aniversario en que Paraná fue elevada al rango de villa, allá por 1813, la ciudad capital de la provincia viene siendo mirada, proyectada y revisitada desde distintos ángulos y disciplinas. EL DIARIO conversó con Ana Alonso, una de las investigadoras que participó de las jornadas académicas “Para pensar la ciudad” que se hicieron el viernes 24 en Sala Mayo.

     

    Mónica Borgogno / [email protected]

    En una jornada que reunió a diferentes investigadores de la región, convocados para armar una suerte de rompecabezas sobre la identidad de la Paraná de hoy, se escucharon diversas ponencias. Unos y otras, acercaron sus miradas, arrimaron postales de otras épocas, esbozaron posibles escenarios futuros, delinearon rasgos que caracterizan a esta capital de provincia, trazaron otros modos de encarar las políticas para que la ciudad sea habitable y vivible por todos.

    Entre esas ponencias estuvo la de Ana Laura Alonso, magister en Comunicación Social e Imagen Institucional, quien se explayó sobre “La Paraná Moderna como imaginario de época (1883-1910): entre postales, planos, grabados, vistas urbanas e imágenes poéticas, los modos de hacer ciudad”.

    Ana Alonso, docente e investigadora. Foto: Gustavo Cabral.

    En su exposición invitó a explorar cómo la ciudad de Paraná, a partir de la restitución de su antiguo rango de capital provincial, en 1883, comenzó a imaginarse una ciudad moderna.

    Anclada en documentos gráficos como postales, fotografías, planos e imágenes poéticas, la investigadora hizo un intenso trabajo de rastreo de indicios, lectura de lo que dicen y no dicen esas imágenes, entrecruzamiento de información y datos de documentos históricos y de la prensa local de la época.

    En la ponencia de las jornadas, le interesó mostrar “cómo las “imágenes” de una ciudad progresista, civilizada, moderna, al tiempo que buscaban hacer tangibles ciertas visiones de futuro y contribuir a edificar determinadas memorias, ayudaron a invisibilizar y/o estigmatizar otros paisajes: los extramuros de la ciudad, el más allá de las calles adoquinadas, los lodazales, la ribera y los arrabales”, señaló en diálogo con EL DIARIO, esta docente universitaria e investigadora de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER.

    Génesis

    Desde hace tiempo, Alonso viene investigando sobre imaginación y ciudad. En uno de sus trabajos ponía el foco en los imaginarios del miedo y la inseguridad en la Paraná allá por 2001. Más tarde, continuó con su tesis de maestría, indagando sobre la construcción de algunos imaginarios de ciudad que surgen en el período que va de 1883 cuando Paraná recupera su antiguo estatus de capital de provincia, hasta 1910, fecha del centenario de la Revolución de Mayo. En ese lapso analizó “cómo se van conformando ciertos modos de imaginar la ciudad; en particular, un imaginario hegemónico de Paraná moderno que pretende borrar las huellas de un pasado confederal, que quiere adherir al nuevo proyecto de país y que busca mostrarse y ponerse a la altura del nuevo rango de volver a ser capital provincial”.

    Los indicios de esa pretensión de modernidad, Alonso los encontró o dedujo, mejor, en eso que las imágenes de entonces, paradójicamente, no mostraban. Para ser moderna, la ciudad de 1883 debió asumir transformaciones del orden del territorio y en ese sentido, se levanta “el primer plano topográfico del ejido de Paraná, documento que no existía hasta ese momento, realizado por el agrimensor Teodoro Vidaechea en 1880, a pedido del Municipio. Y de esos años datan las arquitecturas monumentales como la Casa de Gobierno (1884-1889), la ampliación del edificio de la Escuela Normal -ex Casa de Gobierno de la Confederación- (1884) y el Palacio Municipal (1891). También se da toda una transformación provocada por la nueva infraestructura de transporte, como el ferrocarril (en 1886 comienzan a levantarse los cimientos de la Estación) o la inauguración de Puerto Nuevo hacia 1904”, especificó.

    En su análisis observó que “al calor de estas transformaciones urbanas se van configurando modos de imaginar la ciudad que también hacen a los modos de construir la ciudad. Dentro de eso focalizo en cómo se va armando una imagen de ciudad moderna y civilizada que se esfuerza por mostrarse progresista. Lo que hago, es profanar un poco esas imágenes, señalar los claroscuros de esos imaginarios”, explicó la entrevistada.

    A Alonso le interesó detenerse y prestar especial atención en ese juego de tensiones entre lo visto y lo no visto de las imágenes con las que trabajaron, así como dialogar con archivos de la prensa, revistas y sobre todo, lo que decían los opositores a la mirada progresista. “Se va instalando la idea de que hay determinados lugares de la ciudad como los extramuros -nombrados de ese modo en la prensa local-, ubicados más allá del adoquinado y que sería la ribera, los arrabales. Son nombrados por la prensa opositora como manchones que ensucian esa ciudad de alabastro, reluciente. Por eso, analizamos las tensiones entre lo que se quiere exhibir y lo que emerge más allá y que las postales no muestran”, relató.

    La ciudad tiene postales reconocibles y otras invisibilizadas.

    Presente

    Como docente de la licenciatura en Comunicación Social y de la Tecnicatura en Gestión Cultural, en la reconstrucción de contradicciones, paradojas y desigualdades que atravesaron a la “Paraná moderna” como imaginario de época, Alonso se topó con claves para pensar el presente y examinar si algunos vestigios de este imaginario continúan aún vigentes.

    Precisamente, una de las líneas en las que ahondaron, en el marco de un Proyecto de Investigación, desarrollado en la Facultad de Ciencias de la Educación, junto a dos colegas, Paula Kindsvater y Rocío Fernández, entre 2018 y 2019, fue sobre las “otredades” de la ciudad a fines del S. XIX y principios del XX, que están en cierta sintonía con el hoy. “Como parte de ese imaginario moderno había otra manera de entender la alteridad, que anclaba en esos otros no deseables que no condecían con la ciudad moderna, y que recibían distintas denominaciones. Apegados al discurso de la prensa local veíamos cómo se los van nombrando y aparecen expresiones como ‘hay que borrar toda huella de coloniaje’ o ‘no es tiempo de los Chachos (Peñaloza) y Juanes Moreira’, porque había que dar imagen al exterior de ciudad moderna”, especificó para más adelante agregar: “Al abordar este primer plano topográfico correspondiente a la mensura y subdivisión en chacras y quintas del ejido de la ciudad de Paraná, de 1880, vemos que se intentaba hacer una ciudad cuadriculada y ahí surgen los inconvenientes que implicaba implantar ese esquema en una ciudad hecha de lomadas, bajadas, arroyos, además de los procesos de poblamiento ya existentes, que no obedecían a las lógicas de la ciudad ortogonal”.

    Al intentar hacer un análisis de la otredad, el equipo trabajó con fotos que puso en valor Federico García en un proyecto de Fundación Antorchas, sobre la colección de fotos de Cirilo Amancay Pinto y de González Acha del Museo Histórico Martiniano Leguizamón.

    Por otra parte, evaluaron y analizaron medallas conmemorativas que se entregaban en la inauguración del puerto y el ferrocarril, postales y publicidades de la época. Asimismo también tomaron en cuenta documentos oficiales, diarios y revistas de la época, disponibles en el Archivo de la Provincia.

    La ciudad, en la investigación de Alonso, es pensada como espacio de la modernidad y escenario de disputas.

    Interrogantes

    “Aparecían muy pocas imágenes de esa otredad. En 1908 en la revista social de Paraná, llamada Casos y cosas, por ejemplo, figura la imagen de un niño lustrabotas que sostenía su hogar con su trabajo, y la revista lo celebra como un ejemplo de vida. Uno ahí se pregunta qué no dice esa celebración sobre las infancias, porque era un chico que vivía y trabajaba en la calle, que no iba a la escuela”, detalló. En suma, encontrar “fisuras dentro de los relatos”, fue parte de la tarea investigativa, según apuntó.

    Asimismo, brindó otro ejemplo: “Todos celebramos la fábrica de fósforos que tuvo Paraná como la primera fábrica moderna pero pocos sabíamos de la huelga de las obreras por las miserias que cobraban. Fueron pioneras, y no hay fotos de ellas, pero sí nombres en la prensa local”.

    El centenario de la Revolución de Mayo, en 1910, fue otro hito en la indagación realizada. Pues la capital entrerriana “fue visitada por ilustres de la comisión del Centenario, para relevar y mostrar en Europa los avances de esos pueblos jóvenes. Vicente Blasco Ibáñez vino, recabó información, sacó fotos y publicó un libro sobre las riquezas y lo mejor de la Argentina”.

    Ahí fue cuando se le preguntó sobre la caída de ese imaginario de modernidad de Paraná. “Creo que en 1910 ya estaba estallado. Cuando se hacen esos festejos, hay imágenes emblemáticas: se inaugura la estatua de San Martín en la plaza principal, la Escuela del Centenario y un plan de edificación escolar provincial que -bajo la gobernación de Enrique Carbó, Faustino Parera, Manuel Crespo y otros-, significó la construcción de escuelas como la Belgrano por caso. Pero donde todo parecía tan pujante tras las progresistas postales del Centenario, latían malestares vinculados con un régimen oligárquico y conservador, con un sistema político electoral fraudulento y con las miserias laborales. Es importante tener presente que son los tiempos de la Ley de Defensa Social y momentos donde emerge un repertorio de confrontación obrera en la ciudad. Las huelgas se replican en diversos talleres, fábricas, en el Puerto, en las canteras, en el ferrocarril”.

    Relevamiento

    Ahí es cuando el presidente Julio Roca, en 1904, le encomienda al médico catalán Juan Bialet Massé la realización de un relevamiento de las condiciones laborales de trabajadores de todo el país. “Sin embargo, no se le dio importancia a ese estudio y cuando se lee el apartado referido a Entre Ríos, salen las condiciones inhumanas que padecían los estibadores del puerto de Paraná, símbolo, paradójicamente, de progreso. Es decir, emerge lo que no se ve en las imágenes del Centenario”, respondió.

    Qué sucede con esas otros invisibilizados, en la sociedad contemporánea paranaense, se le consultó. “Nos preguntamos qué imaginario tendrá de Paraná alguien que vive en el barrio San Agustín, o en el barrio Macarone, qué puntos de encuentro tendrá con los modos de imaginar la ciudad de un habitante de la zona céntrica o del Parque Urquiza. Porque cuando se toman decisiones vinculadas con las políticas públicas, las políticas culturales por ejemplo, es importante tener presente qué imaginario de ciudad estamos contemplando. No es que las concepciones de 1883 están aún vigentes sin cambios, sino que notamos algunos vestigios que aún operan. Y esos imaginarios precisarían ser deconstruidos para elaborar una vida en común porque si siguen funcionando los mismos ‘efectos de frontera’ entre quienes habitan zonas jerarquizadas de la ciudad y quienes habitan “el más allá de los bulevares”, el derecho a la ciudad, que es eje de nuestra investigación, termina siendo el privilegio de unos pocos, subrayó.

    “Hay que deconstruir los imaginarios hegemónicos de Paraná -insistió-, porque no hay una ciudad, sino muchas. Hay muchas ciudades superpuestas en esta comunidad paranaense. Es preciso pensar por qué no transitamos determinados lugares o dejamos de encontrarnos y habitar ciertas zonas de la ciudad, por temor a la inseguridad. Sin embargo, caminamos con tranquilidad en zonas que, si bien son céntricas, tienen altos índices de robo. En estas decisiones, en estos modos de habitar la ciudad, operan los modos de imaginarla. Por eso sostenemos que los modos de imaginar la ciudad no son un adorno superfluo, operan en los modos de construir y habitar la ciudad”.

    Acaso para romper con las fronteras al interior de la ciudad, sea fundamental reconsiderar las políticas culturales. Ese punto fue motivo de otro interrogante: “El mayor desafío hoy es lograr un descentramiento de las políticas culturales y las prácticas territoriales y también, lograr la transversalidad. No se trata de armar eventos culturales, política cultural es también diseñar una política de viviendas o de movilidad urbana. Se torna necesario deconstruir la sectorización urbana que hace que todo desemboque en el centro y las migajas, fuera de bulevares. El recorrido del transporte público es otro ejemplo que ilustra bien que está diseñado en función de un determinado imaginario de ciudad”. En ese orden planteó la necesidad de “desarticular esos imaginarios que estigmatizan otredades porque dificultan la vida en común”.

    Integrar las ciudades que conviven en la Paraná actual es todo un reto.

    Confluencia de saberes

    Especialistas y profesionales de la Facultad de Ciencias Económicas, Facultad de Trabajo Social y Facultad de Ciencias de la Educación de la UNER, UTN Facultad Regional Paraná, UCA Sede Paraná y UADER, con la adhesión de CEER y UIER, participaron de las jornadas para “Pensar la ciudad” que tuvieron lugar el viernes en la Sala Mayo.

    Entre otros invitados, también estuvo la arquitecta Mariana Melhem, especialista en patrimonio, investigadora y delegada de la Comisión Nacional de Monumentos en la Provincia de Entre Ríos quien disertó sobre “Transformaciones capitales”.

    Aquello que decidimos no ver es también parte de la realidad. Foto: Sergio Ruiz.

     

     

     

     

     

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