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lunes, agosto 8, 2022
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    Maipú, la calle que hace culto a la buena vecindad

    Cercana al ferrocarril, Maipú es una arteria de pocas cuadras, donde aún se respira una atmósfera barrial pese a su cercanía del centro de Paraná. Su perfil de casas más bien bajas, se viene alterando en el último tiempo con la construcción de edificios en altura.

     

    Mercedes Ruberto

    [email protected]

    Si bien su nombre resuena a épica militar, Maipú es una calle pacífica en la que los vecinos aprenden las artes de la conversación sin apuros. Las veredas anchas, con fuerte presencia de la gramilla, favorece esos encuentros casuales, costumbre que Maipú contagia incluso a los recién llegados.

    Hundidas sus raíces en un pasado ferroviario, la amable Maipú sufre porque a paso marcial los edificios en altura empiezan a transformar el tradicional perfil de barrio.

    Entre esos dilemas en torno al progreso, conserva en cada esquina relatos de antaño, a los que cada narrador le aporta su toque personal.

    Formalmente, Maipú corresponde a la calle número 120 de la zona urbana según el Nomenclador Numérico de Calles de Paraná, sancionado en 1970. Esta vía, con solo cuatro cuadras de largo, comienza hacia el oeste en la unión entre General Manuel Belgrano y Bulevar Eduardo Racedo y culmina hacia el este cuando se encuentra con Cura Álvarez.

    Por el hecho de que las dos tienen poca extensión y además son paralelas, Maipú y Chacabuco forman un subsistema vial que se despliega entre la Plaza Sáenz Peña y los terrenos del Ferrocarril.

    La arboleda es uno de los tesoros de calle Maipú. Foto: Sergio Ruiz.

    Este sector de la ciudad no parece haber seguido un criterio específico a la hora de colocarle nombre a sus calles. Villaguay, Feliciano, Ilia, Irigoyen o Pascual Palma no parecen ser parte de un mismo colectivo. Sin embargo, aparecen curiosamente cerca los nombres de Chacabuco y Maipú. Los memoriosos recordarán que la batalla que libró el ejército comandado por José de San Martín en 1818, en el campo de Maipú, significó consolidar la añorada independencia chilena. Antes, la victoria en Chacabuco había allanado el camino, que se confirmó en Maipú. Estos combates son considerados por muchos especialistas como un quiebre definitivo del poder español sobre las colonias de Sudamérica.

    PERFIL

    Maipú, en Paraná, es en realidad una callecita, de anchas veredas. Pese a la brevedad de su extensión parece tener espacio para casi todo: un pequeño mercado, una peluquería, un centro de estética, un spa, oficinas, un instituto clínico, una residencia, un edificio sindical, un local de ropa, un bar y un lavadero. A cada lado de la calle, se puede percibir una abundante cadena de árboles de diferentes especies, algunos muy antiguos. La galería vegetal viste a este camino asfaltado con los colores típicos de cada estación.

    De los lugares mencionados, sin duda, el que se destaca es el clásico Bar Maipú. Ubicado en la esquina de Juan Domingo Perón, desde 1958, es un punto de encuentro para numerosas generaciones que hoy en día mantienen su vigencia.

    Como se dijo, uno de los puntos de referencia de toda esta barriada es la Plaza Sáenz Peña, ubicada a tres cuadras de Maipú. El espacio verde antes de ser una plaza propiamente dicha, fue el sitio elegido por el caudillo Francisco “Pancho” Ramírez para ordenar sus ejércitos, allá por 1820. El nombre de este fabuloso pulmón verde es el mismo que tiene el barrio: rinde honores al ex presidente Roque Sáenz Peña, que ejerció el cargo entre 1910 y 1914 e impulsó la sanción de la Ley Electoral que instauró en el país el derecho al voto universal masculino, secreto y obligatorio.

    Toda esa zona del macrocentro de Paraná se consolidó gracias al ferrocarril, no solo por la cercanía de los talleres y la estación, sino porque se afincaron en esas manzanas las familias de los empleados ferroviarios.

    Como se sabe, en 1885 se inauguró el Ferrocarril Central Entrerriano, cuya primera y principal estación estuvo ubicada en el tramo oeste del boulevard Racedo, donde aún hoy se encuentra operativa. Este nodo de desarrollo urbano tuvo dos ejes: el movimiento de pasajeros que se originó, y además el arraigo de los obreros que trabajaban en los talleres y dependencias administrativas. Ese gigante que estuvo dormido por demasiado tiempo parece despertar lentamente de su siesta.

    Lentamente los edificios en altura van cambiando el perfil de Maipú. Foto: Sergio Ruiz.

    RECUERDOS

    Buena parte de los relatos de aquella Paraná han quedado refugiados en la memoria de las personas mayores. Uno de ellos es Don Pascual, un vecino de 87 años que hace más de cuatro décadas que vive sobre calle Maipú, aunque desde mucho antes transitaba esas veredas. En sus respuestas las postales lucen vívidas, aunque no siempre conectadas entre sí. “Yo andaba mucho en tren; me gustaba, tal como les sucedía a tantísimos argentinos. Desde acá viajaba hasta Concordia”, señaló, antes de decir que “el ferrocarril tenía un montón de vida cuando yo era joven; la llegada y la salida de los trenes era un verdadero acontecimiento social, reunía a un mundo de gente”.

    Fue entonces cuando añadió que “frente a la estación funcionaba un reconocido hotel, que solía ser demandado por pasajeros y viajantes”. Pero luego llegó el declive del servicio y su golpe fatal, en los años ’90. “Se aplacó todo, el hotel no tenía clientes, los comedores no tenían comensales, los taxis no tenían pasajeros: quedó todo parado. Claramente este proceso afectó a la economía de la ciudad”.

    Don Pascual hizo un gesto y pareció conectar con referencias que le produjeron mayor satisfacción. Se centró por un momento en el bar Maipú. “Era una esquinita chiquita, no más. No ocupaba la casa completa como ahora. La ampliación del local que yo conocí estuvo a cargo del hijo del dueño original”.

    Ante una consulta recordó que “lo conocí al viejo bar cuando tenía más o menos 20 años; hace casi 60. Yo repartía soda. La mayoría de la gente que iba al bar era de la clase obrera, algunos que trabajaban en el ferrocarril”.

    En otro tramo de la conversación, Pascual contó que “un día le dije al hijo del dueño, un poco en broma y un poco en serio: ¿por qué no agrandas el bar? El mérito es de ellos, que llevaron adelante el proyecto y consolidaron un local que todo el mundo reconoce, pero yo me quedé con la satisfacción de que la idea había sido mía”.

     

     

     

     

     

     

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