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lunes, agosto 8, 2022
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    La Villa de la Bajada y el cabildo que no pudo ser

    En la nota de hoy, hacemos un breve homenaje a aquellos protagonistas del pueblo de la otra Banda, en gran parte anónimos, por los que hoy Paraná puede celebrar su origen de villa, aportando algunos datos del proceso del que fueron parte, no sin frustraciones.

     

    Griselda De Paoli / [email protected]

     

    A pesar de la resistencia de los pobladores originarios, la ocupación de Entre Ríos y de la Bajada en particular fue espontáneo, natural y paulatino a partir de la fundación de Santa Fe por Garay quien estableció la primera estancia en la Bajada e inició con ello el poblamiento distribuyendo derechos sobre tierras en esta Banda.  Se formaron así enormes latifundios con la Bajada como puerta de acceso y como punto de partida del camino hacia Corrientes y Asunción.  Poco a poco se generó aquí una ranchada y algunos años después se levantó la primera capilla alrededor de la cual comienza a esbozarse el poblado.

    El proceso de formación del grupo y su crecimiento ha sido explicado organizadamente por el Dr. Pérez Colman en períodos caracterizados por cuestiones tales como la afluencia inmigratoria, la idiosincrasia de cada momento, la economía y la política. En función de esto que propuso cuatro instancias que podemos leer como etapas: 1730-1780, 1780-1800, 1800-1820 y 1820-1860. Debemos señalar la existencia de una etapa previa a las definidas, que involucra el proceso inicial de poblamiento.

    La primera de las etapas de Pérez Colman comienza con la erección de la Parroquia y se desarrolla precisamente bajo la tutela del Curato. Al respecto el autor describe así el incipiente poblado: “Las construcciones de esta primera etapa eran pequeñas y sencillas, de paja o de barro amasado con tallos fibrosos y reforzadas con varillas de madera. El techo se hacía con paja larga atada con tientos de cuero al esqueleto de varas de sauce. Los tirantes y postes eran de maderas duras de la región. No se empleaban cabos, tornillos ni alambres, siendo sustituidos éstos por cuerdas o tientos de cuero. El piso era de pedregullo que, mezclado con caliza y agua, formaba una especie de cemento. El lote de tierra se cercaba con palos para evitar la propagación de incendios y la entrada de animales. El terreno limpio se aprovechaba para frutales o se adornaba con plantas, reservándose una parte para la huerta, chacra y potrero. En 1778 estaban pobladas dos cuadras hacia cada lado de la plaza y en cada manzana había grupos de 4 casas”.

     

    Bisagra

    Entre las cuestiones que llevan a que se genere un cambio del panorama rioplatense están la expulsión de los jesuitas (1767), la creación del virreinato (1778) y el libre comercio entre las colonias. A ello debemos agregar la fundación de pueblos en lo que ha de ser nuestra provincia, que tiene a Tomás de Rocamora (ca.1782) como protagonista, quien, lamentablemente no tuvo éxito en sus gestiones para lograr transformar el caserío de la Bajada en villa, aunque el mismo contara ya con unas 70 casas y 3.000 habitantes comprendiendo la campaña, según el viajero Félix de Azara (1795).

    Hagamos foco en la tercera etapa que propone Pérez Colman. Los cambios han de acelerarse ya que en el Río de la Plata hay conmoción. Primero las invasiones inglesas y luego la Revolución de Mayo. Pero también hubo cambios a nivel local, cuando nuevos pobladores llegan al caserío en crecimiento, con otros perfiles: comerciantes, artesanos e industriales que poseían formación y capital tanto como capacidad de trabajo, entre ellos un considerable número de vascos y catalanes que centraron su interés, particularmente, en la producción de cal y sacaron provecho de sus vinculaciones a nivel regional. Para esta época hemos señalado en algún artículo anterior, la cantidad y variedad de comercios establecidos en la Bajada relacionados con este aporte poblacional.

     

    Peticiones

    Poco antes de producirse la Revolución en Buenos Aires (1809), los vecinos de la Bajada, designaron una Comisión para que, manifestando sus sentimientos y anhelos, insistiera en el reclamo para su elevación a la categoría de villa y el fin de la dependencia de Santa Fe. Exigían cabildo propio aportando información respecto las características que tenía el poblado en ese momento: 14.000 personas y vecinos con conocimientos y méritos para desempeñar cargos en un ayuntamiento. Esta vez el virrey hizo lugar al pedido y el 9 de enero de 1810 dispuso la formación de un cabildo, tras 27 años de gestiones. El estallido de la revolución hizo que no pudiera conformarse el mismo, lo que no impidió que el pueblo de la Bajada aportara todos los recursos y esfuerzos para sostener la revolución, y apoyar el paso de Belgrano hacia el Paraguay, sumando, además, su enorme aporte Doña Gregoria Pérez de Denis.

    Los pueblos entrerrianos no fueron citados para la Asamblea Constituyente del 1813; sin embargo, el “continente de Entre Ríos” tuvo un representante, el Dr. Ramón de Anchoris, más allá de que no se sabe por quiénes, dónde y cuándo fue designado. Pese a ello, la Asamblea, a pedido del diputado Valle, el 25 de junio, consideró aquella frustrada disposición virreinal de 1810, y elevó al pueblo de la Bajada a la categoría de Villa, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario.

    El Primer y único Cabildo de Paraná quedó constituido por los siguientes vecinos: Don Andrés Pazos, como Alcalde Ordinario; Pedro Antonio Paz, Regidor Decano; don Santiago Risso, Defensor de Menores; don José Núñez, Defensor de Pobres; don Manuel Sosa, Alguacil Mayor y don José Gregorio González, Síndico Procurador.

    Al Triunvirato correspondió aprobar los límites de la Villa, el 10 de julio de 1813, y el 1° de octubre entró en funcionamiento el Ayuntamiento. Poco habría de durar la alegría del logro ya que, el cabildo propio fue depuesto por las autoridades militares, a raíz del movimiento comandado por don Eusebio Hereñú, dos días antes de la batalla del Espinillo con la que nace nuestra provincia en febrero de 1814. Paraná, la villa sin cabildo, se revistió entonces de un valor estratégico en el enfrentamiento de la causa artiguista con el centralismo del Directorio.

    Recordar para proyectarse

    Los festejos, la celebración de los orígenes de la ciudad pueden definirse como instancias privilegiadas de socialización que interrumpen el tiempo cotidiano, impulsan los discursos, significan y resignifican espacios y que marcan el territorio como espacio vivido y construido.

    Podemos preguntarnos entonces hacia donde hay que dirigir la mirada para buscar los hilos invisibles que unen el pasado con el presente como para provocar la celebración sin reducirla al espectáculo.

    Resulta interesante que conmemoremos la lucha de aquellos que hicieron sacrificios para dar los pasos iniciales desde un caserío en la costa del río y celebremos la proyección de aquellos esfuerzos a nuestra realidad presente de ciudad, en la que deben seguir haciéndose para que el futuro también sea de celebración.

     

    EL DATO

    14.000

    eran los habitantes de la Bajada en 1809.

    La ciudad y el río, unidas desde que la Bajada era una simple ranchada.

     

     

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