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martes, septiembre 27, 2022
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    Reconoció que se excedió en su defensa y mató con una piedra

    La víctima murió ocho meses después de recibir un golpe en la cabeza. El motivo del conflicto fue que el acusado entendió que la víctima le pidió a un policía que llegó al kiosco donde se encontraba bebiendo con un primo que lo echara, cuando no fue así. A partir de allí se produjo una discusión y una persecución de la víctima para agredir al imputado, que en su defensa lo golpeó con piedra de hormigón en la cabeza.

     

    Un malentendido en la vereda de un kiosco ubicado en calle Galán al 2000, en barrio San Agustín de Paraná, derivó en la muerte de un joven en el día de su cumpleaños. El hecho ocurrió el 12 de octubre de 2017, alrededor de las 2.30. El imputado, Rodrigo Torcuato, de 30 años, estaba en situación de calle en aquel momento. La víctima falleció el 19 de junio de 2018. Ayer, en un juicio abreviado reconoció que fue el autor del golpe que le propinó con una piedra de hormigón, con canto rodado, que terminó con la vida de Cristian Berlo ocho meses después del hecho.

    El juez del Tribunal de Juicio y Apelaciones de Paraná, Alejandro Grippo, dictó un cuarto intermedio para analizar el acuerdo que le presentaron la defensora pública, Mariana Montefiori, y el fiscal, Juan Ramírez Montrull, que con el consentimiento del imputado acordaron la pena de cuatro años de prisión efectiva por el delito de Homicidio con exceso de la legitima defensa. El juez dará a conocer su veredicto el viernes 1 de julio a las 12. La pareja de la víctima estuvo presente en la audiencia. El fiscal informó que estaba al tanto de los pormenores del acuerdo y no realizó objeciones.

    Malentendido

    La causa comenzó a sustanciarse bajo la calificación legal de Homicidio simple, pero de las evidencias recolectadas en la Investigación Penal Preparatoria (IPP) se pudo probar que el imputado actuó en defensa propia, pero se excedió. A esta certeza se arribó a partir de las testimoniales de testigos presenciales del malentendido y posterior conflicto. Así, se consideró que la víctima, a partir de aquel error, le manifestó al acusado: “Andate porque te voy agarrar”, “¿Querés que te cague a trompadas?”, añadiendo que “Berlo le quería pegar o un correctivo le quería hacer”.

    El malentendido consistió, según quedó expuesto ayer, en que el acusado, que se encontraba en inmediaciones de un kiosco ubicado en calle Galán al 2.000, pidiendo monedas “para el Fernet” y cigarrillos, entendió mal que la víctima, que se encontraba bebiendo cervezas con un primo para festejar su cumpleaños, fue quien pidió a un policía que llegó al lugar que lo echara de allí, cuando en realidad quien había realizado el pedido fue la encargada del kiosco.

    Según se determinó, cuando el efectivo se retiró, Torcuato regresó al kiosco y le espetó a Berlo: “Qué agitan, me mandaron la yuta” y les decía a ambos desde lejos: “gato”. A partir de allí se produjo un intercambio de palabras. Berlo se enojó y lo corrió “con clara intenciones de acometer contra él”. El acuerdo sostuvo que quien desplegó una conducta compatible con una “agresión ilegítima” fue Berlo cuando le advirtió que lo iba a agredir. Asimismo, se entendió que las expresiones de Torcuato fueron “un reclamo ante dos personas, que no tuvo la entidad para configurar una provocación suficiente que impida su posterior legítima defensa”.

    Gravedad

    Torcuato no lo dijo en la audiencia de ayer, pero fuentes judiciales precisaron que pasó por momentos de profunda depresión por el desenlace de un conflicto absurdo. En su declaración en la IPP dejó entrever algo de aquello. Cuando le preguntaron si le recriminó a Berlo y su primo que le pidieran que se retirara del kiosco, respondió: “A mí no me molestó que me dijera que me corra, pero le contesté que yo tenía el mismo derecho que él a estar ahí. Cuando me enteré de la gravedad de lo que le había pasado al muchacho, entré en un estado depresivo y jamás pensé que iba a morir. Me enteré por las noticias que este muchacho falleció”. Al enterarse del estado en que había quedado Berlo, Tocuato se presentó de manera espontánea en comisaría novena.

     

     

     

     

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