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miércoles, agosto 17, 2022
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    Reflexiones: La Cenicienta y los Siete Enanitos

    Siempre me gustaron las historias. Sobre todo los cuentos infantiles. Me encantaba que mi papá, antes de dormir, me contara un cuento.

     

    Juanchi Ottado

    La imaginación volaba detrás de princesas, de enanitos y de lobos feroces. Y creíamos que en cualquier momento podrían pasarnos esas cosas. A algunas las vimos en pantalla, cuando Disney se dio cuenta que estaba perdiendo de hacerse multimillonario, teniendo a la mano tanto material. O sea, ahorraron en guionistas y gastaron en dibujantes. Y así empezaron el imperio. Pero esa es otra historia. Me voy a detener en esos cuentos. En las cosas que nos hacían creer y aceptábamos por ser niños. Como diría el Chapulin Colorado, se aprovechaban de nuestra nobleza. Hoy los niños no creen en esas cosas, aunque sí aceptan una cerdita que habla, que los juguetes cobren vida cuando no están, o que un Ogro y un Burro sean amigos.

    Empecemos por la Cenicienta. Una huérfana, a la cual su madrastra y sus dos hijas, la atormentan y la transforman en una esclava. Siempre pensé que la chica, yendo a clases de taekwondo podría haber solucionado antes las cosas. Lo del Hada Madrina también se me hizo raro. Le da ropa, carruaje y zapatos de cristal… ¡solo hasta las 12 de la noche! Dale Hada, ponele onda. Dejala así para siempre. ¿Qué te cuesta? Además, ¿a quién se le ocurre unos zapatos de vidrio? Pisas mal una baldosa y te hacés un tajo en el talón, Hada Madrina. Y el final en el que el Príncipe busca por todo el reino a la dueña del zapato… ¿Nadie calzaba como ella? Ahora, si ya tenía la cicatriz en el talón, ahí te creo. Raro el final.

    Sigamos con Caperucita Roja. Una nena que le va a llevar la comida a la abuela que está enferma, a través de un bosque, en el cual su mamá le dice que no vaya por el camino más corto porque era peligroso. Todos sabemos que iba a ir por ese camino, menos la mamá. Después llega a la casa, y el Lobo se había comido a la abuelita, se viste como ella, le abre la puerta a la nena. Y la Caperuza no se da cuenta. A ver… o la nena era completamente ciega, o había consumido alguna sustancia que no la dejaba diferenciar a una abuela con un Lobo. Lo mejor es en el final. Llega un cazador, mata al Lobo, le abre la panza y le saca a la abuela. Cazador, venite a mi casa, abrime la panza, sácame la parrillada que me clavé en el feriado, así me saco varios kilos. Sos un fenómeno, Lobo.

    Sigamos con La bella Durmiente. Una princesa huérfana, que es maltratada por su madrastra (se habían agotado los temas para escribir, y repetían personajes), que se escapa, come una manzana envenenada, y cae en un sueño eterno. Solamente podría despertarse si un beso del verdadero amor hacía el milagro. Y cae un ñato en un caballo, que no la conoce, pero la besa y la despierta y fueron felices. ¿Alguien sabe si ella quería despertarse de verdad? ¿Cómo sabia ese príncipe que era el amor verdadero de la princesa? ¿Y si ella quería casarse con un kiosquero del reino? ¿O de alguna amiga de la secundaria? Y la manera en que  ella cae en la trampa de la manzana envenenada. Hay gente que no te come un yogurt vencido que compró en el chino, y ella ¿se la clava sin dudarlo?

    Y para terminar, Blancanieves. Otra (¿o es la misma?) huérfana maltratada, bla bla bla, y en el bosque encuentra una casa en miniatura, donde viven siete enanos que son mineros, y vive ahí, hasta que otra manzana envenenada la deja durmiendo. Cae otro príncipe y la salva. Ya cansa que repitan. Cambien alguna parte de tres cuentos iguales. Busquen otro final. Es como las series actuales que ya en la tercera temporada, se quedan sin ideas. Vivir en una casa de enanos… te rompe el ciático. Y estar con siete hombrecitos que la hacen lavar, cocinar, ver el fútbol, tomar cerveza… es esclavitud.

    Con razón mis hijos prefieren creerle a una cerdita que habla. A lo mejor, debería hacerle caso.

     

    JUANCHI OTTADO / @MORRISONHOTEL67 / @ESCUELAPARANA / @JAJHUMOR

     

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