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lunes, agosto 8, 2022
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    La piel no se toma vacaciones en invierno

    Cuidar la piel es una recomendación que no debe funcionar solo para el verano. También en invierno el clima plantea desafíos que podemos sortear con una alimentación equilibrada, el consumo de agua y las rutinas de limpieza e hidratación de la piel. MUY aborda estos asuntos, desde una perspectiva integral.

     

    Redacción MUY / [email protected]

     

    Las bajas temperaturas, propias de esta época del año, nos empujan a ordenar nuestras rutinas para resistir los embates del frío. Lo sabemos por experiencia propia, en época invernal modificamos ciertos aspectos de la vida cotidiana, como la alimentación, la realización de actividad física en determinado momento del día, y, como regla general, tendemos a pasar más tiempo en lugares cerrados y calefaccionados. En efecto, consumimos alimentos con mayor aporte calórico, hacemos actividad física al aire libre donde el clima es menos benevolente o en espacios cerrados, donde la calefacción también nos impacta. Por uno u otro camino, la piel termina sufriendo las consecuencias de los cambios bruscos de temperatura, y humedad. Y también el efecto de alimentos que no tienen la ligereza de las comidas de verano.

    A esto se suma que en invierno tendemos a ingerir menos agua; con todo lo que el organismo la necesita.

    En otro orden, suele ser frecuente que tanto por el uso excesivo del calefactor o por el agua extremadamente caliente de la ducha, se vaya produciendo un lento deterioro que lo advertimos en el rostro y en las manos.

    De pronto, un día, ante el espejo notamos que la piel está reseca, con exceso de grasa, o escamada. Y, al mismo tiempo nos preguntamos cómo fue posible y de qué manera remediarlo.

    Como se ve, es fundamental cuidar la piel en invierno para evitar que el daño se vuelva irreversible. A continuación, MUY repasa una serie de sugerencias que servirán para lucir una piel saludable, ayudándola desde afuera y desde adentro.

    Las temperaturas bajas y el viento pueden dañar la piel. Foto: Juliana Faggi.

    Ambientes cambiantes

    Es casi un acto reflejo que cuando llegamos a un ámbito de trabajo o al lugar donde vivimos, encendamos o aumentemos la potencia del calefactor o la estufa. Este acto instintivo genera efectos negativos sobre la piel. Podemos repasar algunos de ellos.

    La calefacción disminuye la humedad del ambiente y provoca la evaporación del agua que contiene la piel. Además, el humo de la calefacción aumenta la contaminación del aire, lo que ensucia la piel, tapa los poros y reduce la oxigenación.

    En tanto, los cambios bruscos de temperatura que se dan al entrar y salir de los ambientes contraen y dilatan los capilares bruscamente. Esto provoca la ruptura de algunos y, como consecuencia, la aparición de unas venillas de color rojo oscuro, fundamentalmente en la nariz y los pómulos. Las personas con rosácea deben tener especial precaución con estos cambios bruscos de temperatura, ya que pueden presentar erupciones molestas.

    Todos estos factores hacen que la piel se vea afectada.

    Al cuidado de la piel hay que acompañarlo con una alimentación equilibrada y el consumo suficiente de agua.

    Variables

    Un buen consejo es asumir que, por todas estas circunstancias, la piel va a sufrir un daño si no la cuidamos correctamente y que, por lo tanto, corresponde proveerle tratamientos que se adecuen a sus condiciones y tiendan a devolverle la lozanía.

    De ese modo, conviene que la alimentación sea equilibrada para compensar la tendencia a las comidas hipercalóricas y picantes. Lo recomendable es consumir alimentos que aporten grasas saludables, como carnes magras, semillas; y alimentos ricos en vitamina C, que es esencial para la producción de colágeno y para tener un aspecto saludable y firme. También ayuda ingerir frutas y verduras de temporada como los cítricos, tomates, kiwi, brócoli, repollo, calabaza, coliflor, perejil, espinacas y todas las verduras de hojas verdes.

    Y, por supuesto, no puede faltar el agua. Es esencial para que la piel se mantenga bien hidratada. Si nos cuesta beberla fría o al natural, podemos recurrir a las infusiones; por ejemplo, de té verde, que además aporta antioxidantes.

     

    Cuidado exterior

    Si estos consejos ayudan a fortalecer la piel desde adentro, hay otros igualmente relevantes vinculados a la limpieza, el cuidado y el tratamiento de la piel como tal.

    El primer paso siempre será la limpieza, para barrer las impurezas y quitar el exceso de oleosidad o sebo. El paso siguiente es aplicar emulsiones, cremas adaptadas al tipo de piel y su necesidad: efecto antiage, afirmante, hidratante, o reparador.

    Es importante utilizar protector solar todos los días, durante todo el año e incluso los días nublados, como último paso de la rutina matutina, para evitar el envejecimiento prematuro y las manchas.

     

    Protección

    Efectivamente, un aspecto que suele ser tenido en cuenta más en verano que en invierno es el uso del protector solar. Tenemos incorporado, tal vez por la publicidad, que solamente corresponde usarlo con las altas temperaturas; sin embargo, no es así.

    La razón es sencilla: la radiación solar persiste durante el invierno; es por eso que hay que ocupar protector solar todo el año, sobre todo si se quieren evitar las arrugas prematuras, las manchas y el envejecimiento general de la piel.

    Una consulta con un especialista puede ser de utilidad, dado que no existe una regla general, sino que cada persona planteará desafíos diferentes.

    El uso de protector solar es sumamente recomendable también en invierno.

     

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