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domingo, julio 3, 2022
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    El “consumidor inteligente”, clave para una nueva cultura

    Ante la evidencia de que el 30% de los alimentos que se producen en el mundo no son consumidos, los especialistas recomiendan “comprar local” y cambiar los “alimentos kilométricos de contra estación”, como los ultraprocesados, por “alimentos agroecológicos”, de cercanía, armar huertas y asumirse como “consumidores inteligentes”.

     

    Redacción EL DIARIO / [email protected]

     

    Ya resulta inquietante saber que no se utiliza la tercera parte de los alimentos que se producen, mientras cada día son más los que hurgan en la basura para juntarse con algo parecido a una comida. Encima, la actual estructura de la producción, circulación y consumo genera consecuencias notablemente perjudiciales para el medioambiente y para la salud de los que los que los consumen.

    En efecto, guiados por la zanahoria que nos propone la industria desde el mundo de la publicidad, los productos generan adicciones que empujan al consumo compulsivo. En esa dinámica, los desajustes orgánicos están a la orden del día, ya desde niños, con niveles de sobrepeso y obesidad alarmantes, lo que activa una verdadera cadena de infortunios para la salud de la población.

    Por eso, en la base de la sociedad, una serie de iniciativas procura instalar una cultura de mayor conciencia acerca de lo que se come, en cantidad y en calidad. El criterio general es que, para cuidar la salud, es preciso reconvertir las prácticas vinculadas al consumo de alimentos, aumentar en lo posible la producción casera, preferir carnes, pastas, frutas y verduras de cercanía y evitar los llamados ultraprocesados.

    “Sobre los desperdicios de alimentos sabemos que un 30% de los que se producen no son consumidos, ya sea porque se descartan en los traslados, se deterioran antes de ser cocinados o quedan como sobrantes después de haber sido cocidos”, aseguró Mercedes Paiva, directora de Políticas de Seguridad Alimentaria del Ministerio de Desarrollo Social.

    A propósito del Día Mundial de la Gastronomía Sostenible que se celebró ayer, la funcionaria dijo que ese concepto “remite a la seguridad alimentaria que es la estabilidad de la producción de alimentos respecto del consumo necesario, y a la soberanía alimentaria que es la forma en la que se producen, distribuyen y consumen los alimentos”.

     

    Oportunidades

     

    En diciembre de 2016, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó al 18 de junio como el Día de la Gastronomía Sostenible para promocionar el desarrollo agrícola, la seguridad alimentaria, la nutrición, la producción sostenible de alimentos, el consumo responsable y la conservación de la biodiversidad.

    “Una cuestión de este sistema alimentario es que aparentemente hemos logrado el abastecimiento suficiente para todas las personas que viven en el planeta sí lo analizamos en kilocalorías”, explicó Paiva, al señalar que, sin embargo, las personas “comen grupos de alimentos, el grupo de frutas y verduras, el de cereales, pan, pastas, legumbres; el de leche yogur y queso el de carnes y huevos y el de lo que llamamos opcionales, que son los que tienen azúcares y grasas como las golosinas”.

    Fue entonces cuando explicó que si, con esa perspectiva, se toma la disponibilidad mundial “ahí sí hay faltantes porque lo que hay en el análisis de las kilocalorías es mucha producción de cereales, pero si la gente decidiera hacer lo que recomiendan los nutricionistas que es comer tres frutas por día y la porción de vegetales crudos y vegetales cocidos eso no sería suficiente aquí en Argentina”.

     

    Compre local

    Para evolucionar hacia una gastronomía sostenible y evitar el desperdicio de alimentos, Paiva planteó estrategias como “comprar local, abastecernos de la agricultura agroecológica producida de base campesina indígena, consumir verduras y frutas de estación, y cuando cocinamos utilizar todas las partes de los vegetales, incluidas las cáscaras que en muchos casos descartamos cuando son comestibles”.

    Otro eje para disminuir la cantidad de desperdicios en las casas es frizzar con rotulado lo que no se consume en el día y en la jornada siguiente para poder disponer de ese alimento en otro momento.

    “También hay que implementar poder acudir a los mercados de cercanía, las capacitaciones de promotores de alimentación sana, segura y soberana, y la reglamentación de la ley de Agricultura Familiar”, añadió la funcionaria.

     

    Desperdicio

    Santiago Guglielmetti es uno de los fundadores de la aplicación Winim que permite a locales gastronómicos revender sus excedentes de alimentos con grandes descuentos para luchar contra el desperdicio de comida en Argentina. Ante una consulta puntual, señaló que “a problemática del desperdicio de alimentos es enorme, genera mucho costo al medio ambiente, después a los emprendedores gastronómicos; a la industria y a la cadena de valor de alimentos en general”.

    Guglielmetti aseguró que con la aplicación actualmente están por superar “los 250.000 kilos salvados de comida, que equivalen a unas 500 mil toneladas de dióxido de carbono salvado del aire, que son como 60 containers de comida en perfecto estado”.

    “En Argentina se pierden o se desperdician 16 millones de toneladas de comida en perfecto estado; en Latinoamérica son 127 millones de toneladas y en el mundo es muy difícil de calcular porque hay partes donde no se llega a medir, pero lo que se sabe es que en total es alrededor del 33% de la comida. Es decir, uno de cada tres platos de comida que se producen terminan siendo desperdiciados”, precisó.

    La rueda

    Según el entrevistado, Winim creció un 102% en 2020 y 2021 “por la cantidad de alimentos que se descartaban”.

    Además, contó que los empresarios gastronómicos “al principio eran muy reticentes a decir que tenían desperdicios o no conocían la problemática” pero sostuvo que “el tema de sustentabilidad, medio ambiente y responsabilidad con el planeta cambió mucho en los últimos tres años”.

    “La pandemia dio luz a muchas problemáticas mundiales entre ellas el medio ambiente; entonces cuando se empezó a conocer se tomó real dimensión de la problemática del desperdicio de alimentos o la necesidad de una industria gastronómica más sustentable. Entre esos temas estaba el desperdicio de comida y ahí fue cuando se nos empezó a escuchar un poquito más”, detalló.

    Según el Índice de desperdicio de alimentos 2021, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), en el mundo se desperdician 931 millones de toneladas de alimentos cada año (el 17% del total disponible para los consumidores), de los cuales 569 millones proceden de los hogares.

     

     

     

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