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viernes, julio 1, 2022
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    Un recorrido de tres horas, para palpar la biodiversidad

    Caminar por los senderos del Área Natural Protegida Escuela Alberdi junto al licenciado Alfredo Grimaux, que hace apreciar y descubrir lo que los ojos urbanos o desacostumbrados no ven, es para aprovechar. A 8 kilómetros de Paraná, en Oro Verde, uno se topa con estas 23 hectáreas de verde.

     

    Mónica Borgogno/[email protected]

     

    Desde 2013 un grupo de docentes e investigadores, conocedores de la botánica, viene realizando actividades de relevamiento y difusión de la flora del área natural protegida Escuela Alberdi que está en Oro Verde. De esos estudios surgió el dato de un total de 75 especies vegetales que conviven en el lugar. Es decir, una alta concentración de biodiversidad que hasta entonces no había sido inventariada.

    EL DIARIO participó de una de las recorridas de tres horas por este circuito natural, junto al profesor en Ciencias Naturales Alfredo Grimaux.

    Las visitas, por el momento, sólo pueden hacerse con él u otros integrantes del proyecto de extensión denominado «Evaluación de impacto ambiental en el Área Natural Protegida Escuela Alberdi» que dirige Grimaux y lleva adelante con colegas de la Facultad de Ciencia y Técnica y Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias sociales de Uader, la Escuela Norma Rural Alberdi y el acompañamiento del Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas «Antonio Serrano» y el Municipio de Oro Verde.

    Si bien hace poco, tras la pandemia, se retomaron las visitas guiadas abiertas a la comunidad, pronto programarán otras que irán comunicando a través de sus redes sociales (instagram: PEX-Reserva Esc. Alberdi).

    Para estas salidas por los senderos que diseñaron al interior de la reserva, para poder disfrutar de los distintos microambientes así como para apreciar de cerca la flora nativa, se sugiere ir pertrechos de zapatillas y ropa cómoda. Así, bien calzados se pueden atravesar diferentes espacios como terrazas altas, vertientes, zonas de escurrimientos, erosión, canales inactivos, microrrelieves, sin temor a resbalar o tropezar.

    La caminata en cuestión es de unos tres kilómetros aproximadamente, por un circuito que es una suerte de triángulo cuya base es paralela a la ruta 11 y el vértice sale a la altura del tajamar de la Escuela Alberdi.

    El guía, es preciso aclarar, obliga a determinadas paradas y es importante hacerlas, debemos agregar. En cada una de ellas se descubre la intrincada forma de un añejo ombú, un nido de colibrí de hace tres años que aún persiste y se bambolea debajo de una palma, la forma de la hoja de una especie conocida popularmente como “sombra de toro” o las plásticas figuras ocres de las cortezas de los guayabos. Apostar la cantidad de años de un algarrobo negro, sentarse sobre los brazos del ombú más intrincado de todos o divisar los vestigios de cuevas en las que se refugian comadrejas, hurones, mulitas o iguanas, son otras alternativas a tener en cuenta.

    “Cada parte de los ecosistemas es importante en su medida. Como la presencia de esta «Passiflora suberosa», una pequeña enredadera de la misma familia que el mburucuyá: sus frutos son el alimento de varias aves y sus hojas, buscadas por orugas de mariposas, formando así parte de la base de cadenas tróficas del monte nativo”, resalta el profesor. Con el comentario, una pone en valor la intensidad y pasión por preservar. Y no puede no contagiarse.

    Así, ir con cámara de fotos, resulta ideal. Además de distinguir detalles que regala la propia naturaleza, sombras y luces del paisaje o aves que conviven en la reserva, el paseo junto a Grimaux permite reconocer una serie de intervenciones puntuales para el monitoreo y control de especies vegetales invasoras, que están desarrollando respecto de los ligustros, moras y helechos espinosos que modifican los espacios ocupados por la flora nativa del Monte del Espinal, propia de esta zona biogeográfica de la Provincia de Entre Ríos.

    Monitoreo

    Según cuenta el profesor, estas invasoras han surgido de la época en que en esta zona se arrojaba basura. Cuando Oro Verde se constituyó como Municipio, el basural dejó de existir, pero las semillas entonces ya se habían desparramado y varias empezaron a colonizar el lugar.

    De esa avanzada de los ligustros –hoy el principal problema ambiental que afronta el predio- también dio cuenta el profesor. “Esta especie no deja crecer a otras, es muy competitiva y sus frutos son tóxicos. Cuando uno camina por donde crecen los ligustros, hace ruido al caminar porque vamos pisando sólo sus hojas secas. Cuando llegamos a la zona de flora nativa, se nota la diferencia: cuando caminamos en esa área no hacemos ruido, las especies conviven y dejan vivir a otras”, explicó.

    “Este es un algarrobo negro y aquél un ombú que se estima, tienen más de 800 años”, deslizó Grimaux. La persistencia y vejez de esos ejemplares, es conmovedora tanto como su porte. Los más chicos, según contó, juegan a adivinar la magnitud y tamaño de esos árboles que llaman la atención y luego, con la consigna de abrazar entre varios a algunas de estas añejas especies, renuevan la energía con la que entraron a esta cuidada galaxia.

    Con la misión de reforestar

    Antes de ingresar a la reserva se observa la construcción de un vivero de plantas nativas para la cría y recría de especies arbóreas, destinadas a reintroducir en la reserva y de este modo, posibilitar la formación de conjuntos de flora nativa en zonas afectadas por  invasoras.

    Este vivero se hizo merced al financiamiento que conquistaron en el marco del Programa Iniciativas Sustentables de la Fundación Banco BERSA/Grupo Petersen. La propuesta quedó seleccionada y en la actualidad, está en la última etapa de construcción.

    Allí uno puede toparse con semillas de acacia blanca, ceibo, algarrobo blanco y negro, timbó, ñandubay, chañar, canelón, temberatí, ombú, entre otras tantas.

    Para contactar

    Grimaux es oriundo de Federal. Su padre agrónomo fue quien le hizo prestar atención y gustar la profesión que hoy abraza.

    Egresó como profesor en Ciencias Naturales y no paró de estudiar. Hizo un posgrado en Política Ambiental, se recibió de licenciado en Gestión Educativa, cursó especialización en Desarrollo Rural y está culminando la maestría en Evaluación de Políticas Públicas. Desde 1990 se desempeña como docente de Botánica Sistemática de plantas superiores, en el profesorado de Biología que se dicta en la Facultad de Ciencia y Tecnología de Uader, sita en Oro Verde.

    Quienes deseen hacer esta linda caminata pueden contactar y coordinar una visita al teléfono: (0343) 4 720696.

     

     

     

     

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