En la esquina de Scattini y Urquiza, en plena Zona Sur de Concordia, el humo de la cocción se mezcla con la historia. Gisela revuelve el guiso con una cuchara de palo mientras cuenta que la olla que usa es prestada. La misma que la semana pasada no pudo usar porque la necesitaban para el feriado del 25 de Mayo.
“Esta iniciativa la tome junto a mi pareja y a la señora María Castillo que ahora está enferma y no ha podido estar colaborando”, explica mientras prepara el almuerzo para más de cien vecinos que ya se anotaron en la planilla. El número sigue creciendo cada semana, y ella lo sabe: la crisis no afloja en los barrios.
Desde Desarrollo Social del municipio le acercan pollo, verdura, leche, harina y azúcar para que funcione la olla popular los sábados y el merendero los miércoles. Pero no es suficiente. Los condimentos, la grasa, el pan corren por cuenta propia, y ahí es cuando Gisela se “desespera” porque no tiene la plata para completar la compra.
“Ya he hecho ollas populares antes, mi papá me enseño y yo sigo su camino. El ya no está más, está en el cielo y en honor a él, como reconocimiento, lo hago también para la gente más humilde”, dice con la voz quebrada. “Miguelito” Segovia fue un militante incansable del peronismo en Zona Sur, con vínculos directos al ex gobernador Jorge Busti.
El viejo Segovia había integrado las filas del Partido Comunista en su juventud, después fue parte de la Comisión de Inundados mucho antes de que existiera la Defensa. Hasta le arrancó a Carlos Menem el compromiso para construir más viviendas cuando el entonces presidente visitó Concordia. También creó la “Embajada Solidaria” para ayudar a los sectores más postergados.
“No cobramos nada, lo hacemos de corazón por la gente”, aclara Gisela mientras organiza el ropero solidario que montó al lado de la olla. La gente pasa por la esquina a buscar zapatillas, un abrigo, un paquete de fideos. La necesidad toca la puerta todos los días en una zona donde la solidaridad sigue siendo la respuesta más inmediata.
Miguel ya no está, pero en su esquina la herencia sigue viva. Gisela cocina con lo que puede, en la calle, con una olla prestada y la convicción de que hay que seguir. Porque en Zona Sur, cuando el Estado no llega completo, los vecinos se las rebuscan como pueden.