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    Avenida Enrique Carbó, un emblema ciudadano

    Además de una arteria clave para salir del centro, Carbó es una avenida cuya historia de superación se parece a la de la ciudad. Los vecinos con más tiempo de residencia atesoran relatos y postales que dan cuenta de las transformaciones que tuvieron lugar con los años.

     

    Claudia Martínez

    [email protected]

     

    En Paraná, muchos eligieron vivir en calle Enrique Carbó por el verde que la rodea. Hay dos plazas que la enmarcan (Sáenz Peña y Belgrano) y un centro cultural recién inaugurado, a lo largo de diez cuadras de oeste a este. Una arteria a la que no le falta nada.

    Ancha de principio a fin, Carbó cruza perpendicularmente a la avenida Francisco Ramírez, como si la forma de ese mapa tuviera que ver con la historia de cada uno de ellos.

    Don Enrique Carbó Ortiz, como lo llama la historia, era de Paraná; nacido en estas costas el 24 de febrero de 1861. Se eligió llamar así la calle porque Carbó fue uno de los intendentes de la Capital provincial: inició su gobierno en 1895 y fue reelecto en 1898. Además, fue Gobernador, Senador, Defensor de Menores e Incapaces, y Ministro de Hacienda durante la Presidencia de Victorino de la Plaza.

    Por otro lado, se lo reconoce como el creador de la aún vigente Escuela Normal de Maestros Rurales “Alberdi”, una de las primeras en su tipo en América, para la formación de maestros rurales, con orientación agropecuaria e industrial.

    ¿Cómo no identificar con un personaje de semejante relevancia a esta ancha avenida, de una sola mano, que atraviesa una parte de la ciudad, que se hunde en uno de sus pulmones verdes y a sus anchas alberga el principal hospital de Paraná y la plaza más arbolada?

    No obstante, hay un dato llamativo. Antes de llamarse así, tuvo varios nombres: por ejemplo, fue la calle 104, y luego se llamó Buenos Aires, hasta terminar siendo Enrique Carbó.

    En la esquina del Hospital San Martín, en Carbó y Perón, casi tapada por los árboles, está la placa del nombre que alguna vez tuvo, que ningún libro de historia registra, y que la llamada Revolución Libertadora de 1955 se encargó de ocultar: Eva Perón.

    Miles de historias

    Olga de Dibur tiene 92 años. Los frentistas de calle Carbó la consideran una de las vecinas más ilustre.

    Ella es una caja preciada de recuerdos. Con más de 60 años en el barrio, puede, sin cerrar los ojos, saber qué había en cada lugar, en cada esquina, y tiene en la memoria, intactos, los nombres y sonidos de una zona que hoy luce renovada.

    Por caso, donde hoy se erige una estación de servicio remozada, en la esquina de Carbó y Alsina, años atrás -más bien décadas- había un almacén de campo, donde los vecinos se sentaban a tomar un trago o a jugar al truco. En el lugar había mesas, y a la vuelta del trabajo muchos se encontraban para pasar el rato.

    No muy lejos de ahí, estaba el Prado Español, pasando Avenida Ramírez. El crecimiento de la zona y la construcción de nuevos edificios, hizo que ese lugar de esparcimiento se trasladara más allá de los límites de la ciudad.

    Según el relato de antiguos vecinos como Olga, Carbó era angosta, pero distintas gestiones y proyectos la ensancharon para que puedan circular más autos. Más tarde, modernos sistemas lumínicos reemplazaron esos viejos faroles que alumbraban poco y nada en cada esquina.

    Recorrer hoy semejante avenida, hace difícil imaginar que fuera alguna vez de tierra.

    Olga memoriza, divertida, que cuando se mudó a este barrio recién se estaba construyendo la Capilla del Cristo Redentor, donde funciona uno de los dos establecimientos educativos confesionales que están en la decena de cuadras que conforman Carbó. La otra es la Escuela Mercedarias.

    “Cuando llegué acá estaban haciendo la capilla del Instituto Cristo Redentor. Y me acuerdo que solía ver a la Hermana Superiora arremangándose el hábito para levantar paredes”, contó Olga.

    Otro de los datos de color son algunas construcciones: una de las casas de la esquina es de barro y fue erigida en 1902. Allí había un almacén de una alemana que se llamaba Doña Bárbara; solían concurrir los chicos del barrio a comprar sus caramelos por pocos pesos.

    La historia barrial dice que para fin de año los habitantes de la zona salían a la calle a bailar y escuchar música de la mano de Don Brandan, un vecino que tocaba el bandoneón.

    Las cosas han cambiado mucho. Los colores, las veredas y las luces. Donde ahora hay una cochera, a metros de Alsina, a mano izquierda “había una herrería y cuando entraban los empleados sonaba una campana: era el aviso de que habían llegado las 7 de la mañana. Esa era mi alarma para levantarme”, rememoró Olga.

    El barrio progresó mucho. Antes, los chicos jugaban en esa calle angosta de veredas anchas: ahora es imposible cruzarla si no se hace por las esquinas.

    ¿Cómo era el nombre de ese sector de la ciudad? Se llamaba Quintas al Sur. Muchos la recuerdan por la cantidad de hormigueros que había. Hoy, los edificios, las entradas de las viviendas reformadas y minimalistas, entierran una historia pasada, pero no por eso menos interesante.

    De esa época quedan solo un par de familias, las que se resisten a olvidar, con cierto dejo de nostalgia.

     

    Ayer y hoy

    A pocos metros de Illia, sobre Carbó, frente de la plaza, hace más de 30 años funcionaba el Cine Sáenz Peña. Los vecinos recuerdan que se podían ver tres películas, por dos pesos, todos los lunes. Muchos cuentan que apuraban el almuerzo para ir a disfrutar del cine en familia.

    En ese lugar funciona desde hace un tiempo un centro cultural, que es una referencia barrial. Allí ensaya la Banda de la Policía de Entre Ríos. Los que frecuentan los alrededores, podrán constatar que desde la vereda se escuchan las melodías, mientras atléticos corredores dan vueltas por la plaza, elegida para hacer deportes por su superficie verde y fresca.

    Un hospital provincial, cuatro escuelas, dos plazas, negocios de todo tipo, como corralones, librerías, zapaterías; una estación de servicio; y una sala de velatorios, le imprimen una dinámica singular a esta calle neurálgica, en la parte más alta de la ciudad.

     

    Razón de ser

    Originalmente, este material fue un trabajo práctico del Taller de Especialización I: Redacción, que se dicta en el segundo año de la Licenciatura en Comunicación Social de la UNER. La carrera se cursa en la Facultad de Ciencias de la Educación.

    EL DIARIO ha accedido difundir una selección de estos materiales porque entiende que están en sintonía con la idea de construir ciudadanía y sentido de pertenencia.

     

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