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lunes, julio 4, 2022
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    El papel de los adultos en las situaciones de bullying

    El bullying es una problemática que genera cada vez más preocupación, tanto en las familias de niños, niñas y adolescentes, como en las instituciones educativas, deportivas y recreativas que frecuentan. En paralelo, se advierte una mayor preocupación por parte de los profesionales de la salud mental, que instan a revisar las relaciones intrafamiliares y a que las personas se apropien de estrategias de comunicación no violentas, para evitar situaciones de hostigamiento y las consecuencias que estas conllevan.

     

    Lisandra Dittler

    [email protected]

    Escenas de maltrato entre niños y adolescentes puede que haya habido desde tiempos inmemoriales; pero en los últimos años se ha convertido en un objeto de estudio y de preocupación profesional.

    Es probable que esta mayor atención respecto al tema esté relacionada con la irrupción de la cultura digital y una perspectiva de la salud mental que no minimiza el impacto de este tipo de violencia.

    Está claro que a maltratar se aprende. En el caso de los niños y adolescentes, es notorio que una influencia fundamental es ejercida por los términos en que se presenta la convivencia familiar y, dentro de ello, el respeto por el otro.

    Al mismo tiempo, las escenas de bullying se producen sobre todo en espacios escolares, aunque también en los recreativos, como en la práctica de deportes. En esos lugares, también hay adultos con responsabilidad de conducción, que a veces prefieren mirar para otro lado o que directamente no saben cómo manejar las situaciones.

    Como vemos, el bullying es un a problemática multidimensional, en la que, en primera instancia, aparentemente hay agresores y agredidos que son a la vez emergentes de redes vinculares, como las institucionales y familiares. Allí el problema alcanza una dimensión social, y es probable que para abordarlo adecuadamente sea preciso construir una nueva cultura.

    La psicóloga especialista en la temática, Lucía Franchi, dialogó con EL DIARIO sobre lo que significa el bullying y cuáles son las formas de prevenirlo o tratarlo.

     

    –¿Qué es el bullying?

    –Estamos ante una situación de bullying cuando una persona ejerce, de forma sistemática o reiterada, actos de maltrato, desvalorización o exclusión a otra, que no cuenta con los recursos para escapar de esta situación con sus propios medios; es decir, está en un estado de indefensión. Sumado a esto, el grupo, o los adultos de la institución, permanecen pasivos, sin intervenir eficientemente. De esta forma indirectamente se está habilitando el maltrato.

     

    –¿Cómo se puede detectar?

    –Generalmente el bullying se detecta porque algún actor -víctima o no- alza la voz. Suele ocurrir cuando el niño que es agredido logra pedir ayuda a un familiar o amigo; cuando algún compañero que observa el maltrato se lo menciona a un adulto de confianza o, en algunos casos, la conducta violenta es explícita y logra romper el círculo de silencio.

    Lo que ocurre en los hechos es que muchas veces se conoce la forma en que se vinculan los involucrados en la práctica de bullying, pero se minimiza la gravedad y el impacto de esta situación.

    ¿Cuántas veces escuchamos “es cosa de chicos”? Conocer en profundidad qué es y cómo se manifiesta el acoso escolar nos orienta en la planificación de estrategias de intervención efectivas, que brinden la ayuda necesaria a todos los involucrados.

    Las acciones que se lleven adelante, abarcan a todos los que intervienen en la situación. Una línea de acción es dialogar o brindar espacios de expresión para conocer el porqué del accionar del agresor. En el mismo sentido, se recomienda educar en la autorrealización para que pueda resolver conflictos sin desvalorizar a los demás. Es importante que las personas se apropien de estrategias de comunicación no violentas desde temprana edad.

    Otra sugerencia es interactuar con el agredido, para que aprenda a poner límites, a pedir ayuda, y a trabajar su autoconocimiento, su autoconfianza y su autoestima.

    Por último, y sumamente relevante, hay que enfocarse en el entorno que encubre o alimenta estas agresiones, para que busquen espacios de expresión, afronten y participen activamente en la resolución del caso.

     

    COMPLEJIDAD

    –¿Los episodios de bullying son más frecuentes en niños, niñas y adolescentes?

    –Lamentablemente la violencia, el maltrato y la desvalorización están presentes en toda la sociedad; no distingue edades ni condiciones. Sin embargo, tanto la escuela como la familia son co-educadores y allí el niño internaliza y aprende formas de vincularse con otros, que luego replicará.

    De esta manera, los vínculos trabajados reflexivamente en los programas de educación emocional dentro y fuera de las aulas, pueden convertirse en un entrenamiento diario y constante en el cual los niños van aprendiendo a validar cómo se sienten, a percibir las emociones en el otro, a resolver conflictos, a comunicar asertivamente, y a poner límites.

    Cuando estamos ante un hecho de bullying, claramente hay algo en ese entrenamiento que tenemos que revisar. Del asunto nos tenemos que hacer cargo todos, los que formamos parte de las instituciones educativas, las familias, los profesionales de la salud que hubieran intervenido, y la sociedad en su conjunto.

    Puede ocurrir que los niños y adolescentes, al estar desarrollando sus competencias sociales, resuelvan conflictos como puedan y con los recursos con los que cuentan. Allí es donde el adulto (docente, familias, padres del grado), deben acompañar modelando formas asertivas de vincularse entre ellos.

    Entonces, si los adultos que acompañan la construcción de estos vínculos habilitan el uso de apodos, insultos, burlas y golpes, es posible que, progresivamente se instaure esta dinámica agresiva para vincularse y pase a formar parte del día a día de estos niños.

     

    –¿Cuánto afecta a un niño o adolescente ser víctima de bullying?

    –Hay que decir que estamos ante un problema muy complejo. Las consecuencias del bullying o acoso escolar recaen en todos los protagonistas, es decir, en el agresor, en el agredido, en el grupo de pares, en la institución y en la familia de cada uno de ellos.

    Además, por cierto, están las consecuencias para los protagonistas directos del conflicto, quienes corren el riesgo de padecer trastornos psicosociales en la vida adulta.

    Sin dudas, estas situaciones dañan el clima áulico, empobreciendo las relaciones grupales entre los niños e impidiendo la posibilidad de compartir, de generar amistad y de sociabilizar con naturalidad. Por otro lado, también daña la confianza familia-escuela, y niño- escuela si no existen intervenciones efectivas.

    Es por esto que los adultos debemos reconocer que cuando surgen situaciones de bullying, llegamos tarde. Me refiero a que hay señales que no advertimos, y aspectos que debemos revisar en nuestras propias prácticas para con los niños, niñas y adolescentes cercanos.

    –Justo en esa etapa la identidad está siendo construida.

    –Es verdad. Tengamos en cuenta que la adolescencia, en particular, es una edad muy complicada, tanto para el joven que está experimentando una gran cantidad de cambios internos y externos que no sabe controlar, como para los padres y adultos que están con él. Sabemos que la actitud de los adolescentes suele ser desafiante, y que es frecuente que se presenten situaciones en las que el diálogo no sea un asunto sencillo. Es justamente allí donde los adultos debemos dar el ejemplo, con intervenciones razonables, acompañando y sobre todo indagando qué le ocurre al adolescente. Para alcanzar una comunicación efectiva, es fundamental que se habiliten estos espacios de diálogo franco, a través de la escucha atenta, y sin juzgar las emociones y los sentimientos.

    Esto es crucial, porque siempre que existan grupos estará presente la conflictividad y, por lo tanto, habrá que encontrar la forma de resolverla. Allí es donde haremos la diferencia: si educamos en competencias emocionales desde temprana edad, tendremos niños con recursos para pedir ayuda, alzar la voz y resolver esta conflictividad de forma asertiva.

    EDUCACIÓN

    –¿A qué te referís con competencias emocionales?

    –A la capacidad de reconocer, nombrar, y expresar las emociones. Es habitual que pensemos en las cuatro básicas (miedo, rabia, alegría y tristeza), pero lo cierto es que son más de 400, lo que nos da una idea de que se trata de una dimensión inexplorada.

    Es importante que las personas conozcan formas para regularse y desarrollen estrategias de resolución de conflictos y comunicación no violenta. Es, desde mi punto de vista, un factor protector y preventivo a este mal que nos aqueja. Es por esto, que generar programas de educación emocional (no solo talleres o clases) se transforma en una necesidad imperiosa.

    Por ejemplo, en la escuela Michelangelo creamos -luego de años de capacitación e investigación- un programa de educación emocional llamado SentiMenti, que tiene como principal objetivo desarrollar la consciencia emocional. Esta competencia, que se construye de forma sistemática durante la escolaridad, resulta clave para la prevención de conflictos y, por ende, del bullying. Como dijimos, educar en las emociones es prevenir.

     

    –¿Qué más pueden hacer las escuelas?

    –Para prevenir el acoso escolar es necesario, como dice el Dr. Rafael Bisquerra, educar en competencias emocionales desde el nacimiento y a lo largo de la vida.

    En la escuela, nuestros niños aprenden a socializar, por lo cual, la propia formación de los docentes -ya desde el profesorado- debe estar orientada a educar en competencias emocionales y a aunar criterios con las familias sobre cómo intervenir en situaciones complejas.

    De hecho, ciertas investigaciones han concluido en que la educación emocional produce una disminución de la conflictividad, de la violencia, así como una mejora en las competencias sociales y emocionales, en la convivencia, en el clima escolar e incluso una mejora en el rendimiento académico.

    RESONANCIAS

    –¿Y cómo afecta el bullying a los vínculos sociales?

    –Lamentablemente afecta a todos los vínculos. Tengamos en cuenta que el acoso escolar o bullying es un cuadro tremendamente difícil de afrontar, tanto para las víctimas como para las personas del entorno. A los profesionales de la salud nos consta que estos actos de violencia producen serias consecuencias negativas -como una baja autoestima, ansiedad y estrés permanentes- que pueden resonar en la persona incluso cuando se ha hecho adulta, porque se naturaliza el maltrato y la desvalorización como formas legitimas de relación.

    Hay que decir que estas formas de vincularnos a través del maltrato existieron siempre, pero desde hace algunos años se comenzó a percibir esta violencia como un problema que vale la pena atender. Antes, esta forma de vincularse era aceptada como peleas sin importancias, en donde el dolor quedaba camuflado. Incluso se pensaba que fortalecía la personalidad o vigorizaba el carácter. Hoy sabemos que no podemos ni debemos permanecer impasibles frente a las formas de maltrato. Estamos tomando conciencia como sociedad y alzando la voz. Asimismo, está clarísimo que hay mucho trabajo por delante.

    Que nuestros niños y adolescentes se vinculen desde el respeto y la aceptación de las diferencias, requiere de adultos que no solo hablen de estos asuntos, sino que muestren con el ejemplo cómo vincularse de un modo más humano, y cómo comunicarse y resolver conflictos de forma asertiva.

     

    Una voz de alerta

    A raíz de un episodio de bullying en una escuela de Paraná, distintas agrupaciones políticas vinculadas a la juventud se hicieron eco de una propuesta lanzada desde el grupo Paraná Joven. De esta manera, la Juventud Radical Paraná, Jóvenes por Paraná, de Juntos por el Cambio, y Juventud Radical Evolución, junto a Paraná Joven emitieron un comunicado donde coinciden en que sea abordado el tema del bullying seriamente. En la solicitud plantean que esta forma de violencia es «un síntoma de una sociedad dividida en la que vivimos, violenta, que poco a poco va (mal) educando a nuestros pibes».

    El mensaje es acompañado por un recurso gráfico en el que se expresa: «Decimos no + bullying».

    Los responsables de la campaña observan que la violencia que se vive por estos días se visualiza en muchos hogares, en las calles; que «son síntomas de la profunda crisis económica»; y que las soluciones deben ser «abordadas por autoridades y por toda la sociedad en su conjunto, reflexionando sobre los contextos en los cuales se encuentran inmersas aquellas juventudes que eligen este camino». Desde estos ámbitos de debate sobre la problemática juvenil enfatizan que «queremos dar el ejemplo, demostrando que a pesar de las diferencias podemos respetarnos y entendernos. Queremos predicar con el ejemplo; esperamos que sea el puntapié inicial para que tanto mayores como demás grupos se sumen y demuestren que hay un presente cambiante y un futuro mejor».

     

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