lunes , 15 julio 2024
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Radiografía de la maternidad: menos hijos, a edad más tardía

Las mujeres parecen buscar otras formas de desarrollo personal. Foto: Juliana Faggi
Las mujeres encuentran estrategias de vida no atadas al tradicional proyecto familiar. Foto: Juliana Faggi

La búsqueda de desarrollo por fuera de los roles tradicionalmente asignados, el desequilibrio existente en las tareas de cuidado y la situación económica pueden estar modelando una nueva realidad. En ella, las mujeres tienen menos hijos, a edades tardías, muchas veces sin el acompañamiento de sus parejas.

La búsqueda de desarrollo profesional, la autonomía financiera, el acceso a métodos anticonceptivos, el aumento de hogares monoparentales y la diversidad de modelos familiares, son algunos de los factores que han influido en el cambio demográfico de países como Argentina. En nuestro país, entre 2010 y 2022, la tasa de fecundidad total pasó de 2,35 a 1,88 hijos por mujer. 

Por otro lado, en el reverso de la medalla, se encuentra que el 40% de las madres argentinas viven en situación de pobreza, que el 23% se convirtió en madre siendo adolescente y que el 39% tiene el secundario incompleto o menos.

En las últimas décadas se observa un cambio demográfico en países de medianos y altos ingresos, especialmente manifestados a través de la tasa de natalidad y tasa de fecundidad a nivel global. En efecto, se ha observado un aumento sostenido en la edad promedio a la que las mujeres deciden tener hijos, junto con una disminución en la cantidad de hijos por mujer. Este fenómeno, que se replica a nivel global, responde a una compleja interacción de factores sociales, económicos y culturales.

Es interesante repasar lo que ocurre sobre los cambios de perspectiva, más allá de los estrictamente relacionado a las estadísticas. De hecho, a nivel mundial, la tasa de fecundidad ha experimentado un descenso constante en las últimas décadas. 

Según datos del Banco Mundial, en 1990 la tasa promedio de fecundidad global era de 3,3 hijos por mujer, mientras que en 2022 se ubicó en 2,3. En Argentina, la tendencia no es diferente. Entre 2010 y 2022, la tasa de fecundidad total pasó de 2,35 a 1,88 hijos por mujer. 

Tendencias

En simultáneo, la edad promedio de embarazo ha aumentado de manera sostenida. A nivel del total del país, según el Informe de Natalidad y la Fecundidad en Argentina entre 1980 y 2019 publicado en 2021 por la Dirección Nacional de Población, en los años 1980, 1991 y 2001, los más altos niveles de fecundidad se concentran en el grupo de 25-29 años. Mientras que, en 2019, las cifras se extendieron a la población entre 30-34 años.  

“Entre los factores que han llevado a este cambio en las decisiones reproductivas, se encuentran principalmente el acceso a la educación y la inserción de las mujeres en el mercado laboral”, señaló Romina Pesce, médico especializada en ginecología y obstetricia, MN 105243. 

“El 60% de las mujeres que fueron madres en la adolescencia y el 55% de las madres de 3 o más hijos/as de hasta 17 años interrumpieron su trayectoria escolar antes de finalizar la secundaria”.

Para la especialista, “la búsqueda de desarrollo profesional y autonomía financiera es crucial, ya que muchas mujeres prefieren establecerse profesionalmente antes de formar una familia”. Hay otros factores que influyen, según Pesce. “Además, el acceso a métodos anticonceptivos, el aumento de hogares monoparentales de mujeres que deciden encarar solas la maternidad y la diversidad de modelos familiares, han modificado la percepción social sobre la maternidad y permitido a las mujeres decidir con mayor libertad el momento adecuado para tener hijos.”.

Este cambio en la dinámica maternal tiene tanto consecuencias positivas como negativas. Por un lado, se destaca la mayor autonomía y libertad de las mujeres para tomar decisiones sobre su vida reproductiva. 

Sin embargo, también existen desafíos que deben abordarse. La maternidad tardía puede aumentar el riesgo de infertilidad y complicaciones durante el embarazo y el parto, tanto para la madre como para el bebé.

“Cabe recalcar que los problemas de infertilidad en mujeres de edad avanzada, no siempre pueden solucionarse con tratamientos de fertilización asistida”, resaltó Pesce ante una consulta, al considerar que “esto es una falsa percepción donde se asume que la dificultad reproductiva puede resolverse en todos los casos con tratamientos”. 

Para la experta, “los programas de concientización deberían orientarse a educar y hacer visible las limitaciones en el éxito reproductivo tanto en la búsqueda espontánea como con aquellas asociadas con tratamientos, conforme al avance de la edad materna”.

La decisión de ser madre es una de las más importantes en la vida de una mujer. Es fundamental que esta decisión se tome de manera libre, responsable e informada, considerando todos los aspectos involucrados, tanto personales como sociales. Ser madre implica una gran responsabilidad y un compromiso de por vida, por lo que es esencial estar preparada para afrontar este desafío.

En cualquier caso, el primer paso es contar con información precisa y actualizada; siempre consultar con profesionales de la salud para comprender mejor las opciones y tomar medidas proactivas para garantizar la salud reproductiva.

Vientos de cambio

Se sabe que la maternidad es un término que se encuentra en permanente evolución. Estos cambios están condicionados por factores socioculturales y de convivencia que hacen que las personas madres ocupen ese rol por la decisión de sostener y acompañar a otro ser humano en su desarrollo evolutivo. 

La familia, como espacio primario de socialización, ha estado históricamente construida alrededor de la maternidad, sosteniendo el imaginario de la mujer como “la reina del hogar”, es decir, dominando el espacio privado, pero restringida del espacio público.

Desde esa lógica es que la adquisición de prestigio y valor para las mujeres se centró en la idea de ser madres, y en tanto tales, responsables de la crianza y los cuidados, mientras que la paternidad se asociaba tradicionalmente al rol del varón como proveedor y a la figura de autoridad y límites.

Con los cambios de época, y la flexibilización de las funciones de padres y madres, ambas se han acercado entre sí, siendo que en muchos hogares ambos progenitores proveen, cuidan, dan sostén y presentan autoridad para marcar límites.  

Ante esta realidad cotidiana, es conveniente reflexionar sobre la importancia de las personas que ocupan dicha función en el fortalecimiento familiar y como referentes de desarrollo integral, respetando la diversidad de formatos vinculares y bregando por la igualdad de derechos y responsabilidades.

Razones sociales

En Argentina, la mayoría de las mujeres son madres, pero no llegan a serlo con el mismo recorrido de vida, sino con una marcada desigualdad. Esta conclusión se desprende del informe “¿Madre hay una sola? De Marge Simpson a Doña Florinda”, realizado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento.

Según esta radiografía nacional, 4 de cada 10 madres viven en situación de pobreza, el 23% se convirtió en madre siendo adolescente y el 39% tiene el secundario incompleto o menos.

El Cippec se basó en la información estadística de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo), del INDEC, correspondiente a 2017 y 2018. Y da cuenta de una realidad que persiste.

En el informe se destaca que “para muchas mujeres conciliar el estudio con la crianza fue una misión imposible”, ya que 4 de cada 10 madres que conviven con sus hijos y/o hijas en edad escolar no completó el tramo de escolarización obligatorio.

“La decisión de ser madre es una de las más importantes en la vida de una mujer; es fundamental que esta decisión se tome de manera libre, responsable e informada”.

“Cuanto más jóvenes fueron madres y cuantos más hijos/as tuvieron, más improbable es que hayan terminado el secundario. El 60% de las mujeres que fueron madres en la adolescencia y el 55% de las madres de 3 o más hijos/as de hasta 17 años interrumpieron su trayectoria escolar antes de finalizar la secundaria. En contraste, más de la mitad de las mujeres que fueron madres después de cumplidos los 30 años accedieron a estudios de nivel superior”, dice el estudio.

Además, se señala que el 16% de las mujeres jóvenes y adultas sin hijas/os vive en condición de pobreza, mientras que ya siendo madres esta proporción trepa al 39%, y si no completaron el tramo de escolarización obligatorio, al 60%.

Vida conyugal y cuota alimentaria

El informe destaca que el 70% de las madres en la Argentina convive con el padre de sus hijos/as y, respecto de las madres que crían solas, indica que sólo 1 de cada 4 cuenta con los ingresos de la cuota alimentaria.

Este último aspecto es atribuido en el estudio al hecho de que la mayoría de las madres que no conviven con el padre de sus hijas/os formó una nueva pareja o residen con sus padres u otros familiares.

Respecto de las madres que crían solas, el 28% lo hacen sin el apoyo de otros adultos y, en su inmensa mayoría, se afirma en el estudio, se trata de mujeres con alto nivel de instrucción, que trabajan en forma remunerada y acceden a ingresos suficientes para cuidar. Además, el 43% de ellas suma la cuota alimentaria que aportan los padres de sus hijos al ingreso total del hogar.

Por otra parte, el informe del Cippec destaca que cuando son madres, la probabilidad de que las mujeres trabajen en forma remunerada disminuye abruptamente. Para los varones se invierte la ecuación: es más probable que trabajen de manera remunerada si son padres (98%) que si no lo son (90%).

“Las políticas públicas tienen un enorme potencial para mitigar este impacto no deseado de la maternidad. En particular, se podría revertir parte de este impacto a partir de políticas que promuevan una mayor corresponsabilidad social en los cuidados y que posibiliten una distribución más equitativa en el trabajo no remunerado y remunerado entre varones y mujeres”, concluyen Gala Díaz Langou y Vanesa D’Alessandre, autoras del trabajo.

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