miércoles , 19 junio 2024
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Alfonso Bekes, musiquero andariego

Alfonso Bekes. Fotos: Juliana Faggi.

Alfonso Bekes es guitarrista, compositor, productor y docente. Un virtuoso, que se ha destacado como solista y en distintas grupalidades, interpretando diferentes géneros y estilos.

El concordiense Alfonso Bekes descubrió la guitarra en la niñez. El instrumento era de su padre, estaba en malas condiciones y trató de arreglarla para emular a solas en su habitación, a los Guns N´Roses, que en 1992 se presentaban en Argentina. Pasaron algunos años hasta que una tarde de juegos con su primo, descubrieron una guitarra en perfecto estado y comenzaron a tocar. La experiencia lo llevó a tomar clases particulares. Dedicaba horas y horas al estudio en soledad, que pronto comenzó a dar frutos. A los 14 años, participó del concurso La Tocata, que reunía a jóvenes talentos de la provincia y ganó. El reconocimiento lo motivó aún más, y planeaba dónde podría continuar sus estudios de música. El destino final fue Santa Fe, en la Universidad Nacional de Litoral, y más tarde, Paraná, donde está radicado desde hace veinte años. El músico que se destaca como solista y en distintas grupalidades, interpreta de la mejor manera el folclore, tango, rock, clásico, jazz y fusión. Durante el diálogo con BIEN! dijo: “Me gustaría irme a Buenos Aires y explotar mi perfil multifacético”.

—¿Qué recordás de tu infancia en Concordia?
—Una infancia con bisabuelos, con quienes pude compartir bastante, que es algo raro por ahí y está bueno porque te da como una perspectiva de los ancestros, del pasado, de dónde venimos. Crecí como hijo único y con mis primos muy cerca, haciendo rancho. De hecho, pasaba más tiempo en la casa de ellos que en mi propia casa, y empecé a tocar la guitarra en lo de mi tía y con mi primo.

—¿Había música en tu familia?
—La música formaba parte de mi casa y de mi ambiente, y mis viejos tenían amigos músicos. Mi viejo se dedica a la literatura y toca el piano. Y la guitarra la descubrí en lo de mi tía, la que estaba en mi casa estaba hecha pedazos, con el mástil roto. Pero cuando vienen los Guns en el 92 a Argentina, yo tenía ocho años y fue impactante verlos y sonando con un parlante que tenía conectado. Eso fue el primer impacto grueso, recuerdo que busqué la viola de mi viejo, le ensarté un clavo en el mástil, pero era imposible de tocar porque no se podía encordar nada. Entonces, la usaba para hacer toda la mímica, ponía unos casetes de los Guns y hacía como que tocaba, con la música al palo. Recuerdo que un día, abre la puerta mi vieja y me pregunta si no quería empezar guitarra, me daba vergüenza, eso era algo privado para mí. Para mí, ahí empezó la relación con la guitarra. Incluso, a veces pienso que quiero volver a eso, ese instrumento no tenía cuerdas, yo simplemente bailaba y era feliz. La música sonaba pero yo no tenía que hacer ningún esfuerzo para tocar, no había presiones ni ninguna cuestión para que no salga bien. Era todo felicidad, y ese es como mi punto de referencia para decir las cosas tienen que salir como cuando la guitarra no tenía cuerdas, así de bien.

—¿Cuándo empezás a tocar la guitarra?
—A los 12 años, con mi primo en la casa de mi tía, la hermana mayor de mi vieja, encontramos una guitarra y empezamos a querer tocar. Era una casa grande, el ambiente propicio para empezar a tocar, probar y escuchar música. Había un equipo de música que sonaba increíble, y lo sentías en la piel. El vínculo con la música y con el arte, en general, es constante a lo largo de mi vida.

—¿Hubo una conexión con ese instrumento?
—Sí, creo que con la guitarra encontré un punto de conexión con la música que fue más fuerte que el piano, que era el instrumento que tocaba mi papá. Pero con la guitarra se dio otra conexión y llegó en el momento de la adolescencia. A los doce estaba con la guitarra en la casa de mi tía, y a los catorce ya estábamos grabando un demo con una primera banda. Fue muy fuerte.

—¿Cómo continúa tu preparación en la adolescencia?
—Me mando a tocar con toda. En el 97, gané el primer concurso de jóvenes músicos, que organizaba Daniel Rochi, La Tocata. Se hizo en Concordia, en el auditorio de una escuela. Me presenté con un tema que venía repitiendo desde el día anterior, lo había sacado de oído porque me encantaba. Era un tema de Yes, que era la banda favorita de Daniel y no podía creer que un chico de 13, 14 años la haya elegido para presentarse. Después fuimos al teatro de Concordia, en un gran escenario y yo toqué solo. Siempre supe que lo mío con la guitarra iba en serio, pero cuando te llega la confirmación de afuera, te impulsa.

El estudio


Alfonso Bekes mientras completaba la escuela secundaria en su ciudad natal, Concordia, analizaba dónde podría realizar los estudios universitarios de música.


“En un principio, pensaba en irme a estudiar a Santa Fe y continuar la escuela secundaria allá, mientras hacía la preparatoria de la facultad de música. Pero, bueno, no lo hice hasta los 17. Me iba a ir a Montevideo, pero terminé la escuela en el 2001 y pasé de tener todos los avales y las cartas de recomendación a los federales. Ni siquiera sabía si me iba a poder ir a algún lado. Mis viejos estaban con la idea de que me vaya igual, fueron momentos angustiantes, de terror. Y charlando con amigos músicos, lo conozco al “Negro” Aguirre y me da un panorama de las distintas facultades de música. En eso elijo irme a La Plata, pero ya el cupo estaba cerrado y me voy a Santa Fe. Viví en una pensión, donde las paredes se caían a pedazos, una cosa de último momento. Ahora pienso en retrospectiva, el país estaba incendiado, la gente estaba muy mal, pero para mí fue una época increíble porque me encontré con un montón de pibes de distintas partes del país que estaban más o menos en la misma que yo. En ese momento, la Facultad de Música de la UNL atraía mucha gente de lugares lejanos y tenía compañeros de Ushuaia, Jujuy, Corrientes, Misiones. Fue una época de gran efervescencia”, comentó el artista.

—Tu formación también continúa en Paraná…
—En el 2004, un amigo de Chaco que vivía en Santa Fe, me dice que Eduardo Isaac había vuelto a Paraná, que estaba dando clases, que él iba a anotarse. Así fue que me anoté en la Uader, y estudiaba en Santa Fe y en Paraná. Y la primera clase con él me marcó. Yo me pongo a tocar y noto que él cambia la actitud, termino, agarra la partitura y ve que le había hecho mil anotaciones. Y me dice: “Está buenísimo el trabajo, ahora dejá que fluya”. Fue una tremenda primera clase para mí.
Y en diciembre, rindo en Santa Fe y los profes se enteran que también estaba estudiando en Paraná, y me dicen que no podía seguir en los dos lugares, que no podía estar escuchando dos campanas. Fue muy gracioso porque acá en Paraná, estudiábamos con cinco profesores a la vez, era rotativo. Pero lo de allá era muy triste, y nos fuimos prácticamente todos los compañeros porque era mucho hablar sobre la música, pero nada de tocar música.

En Paraná


Hace veinte años que Bekes vive en Paraná, donde ha subido a escenarios como solista en distintas grupalidades, interpretando diferentes géneros y estilos.
“Llegué a Paraná a seguir estudiando y porque el “Negro” (Aguirre) me había convocado para tocar en su grupo. Acá había una movida muy importante de guitarra. A la par de tocar con el grupo del “Negro” hacía concursos de guitarra clásica, tenía otro proyecto personal. En ese momento el grupo fue muy positivo porque Aguirre se hizo conocido en todo el país y tocábamos por todos lados. Algunas veces viajábamos en condiciones un poco rústicas, pero íbamos por todo el país. Y vivir eso fue muy importante”, narró Bekes. Y añadió: “Esa era la vida que yo quería, lo que anhelaba, viajar y tocar me encanta. Si bien, es duro por un montón de aspectos, lo sigo eligiendo a pesar de todo”, confió a BIEN!

—¿Se podía vivir de la música?
—No podía vivir de eso solamente, pero era un complemento. Entre las presentaciones y los alumnos particulares se iba armando mi subsistencia. Y bueno, fueron pasando los años, el país fue entrando en otra etapa, en una suerte de declive, y empezamos a tocar cada vez menos. Pasamos de tocar todos los fines de semana, a estar viajando, a un año en el que no tocamos nunca, sólo en un viaje que hicimos a Chile. Nos encantaba el grupo, ensayar pero si no salís nunca, si no tocás, te empezás a deprimir.

—¿Cómo se afrontaba ese difícil momento?
—Empecé a urdir el plan para irme del país, a estudiar alemán. Había conocido en un viaje a Europa a un guitarrista español que vivía en Alemania, que conocía por discos, y me había hecho una carta de recomendación.
Empecé a armar ese programa y me despedí del grupo del “Negro”. Y mientras me preparaba toda esa cuestión, algo se movió adentro mío y me di cuenta que no quería eso, seguir con guitarra clásica. En esa movida me recibí en la facu, y me di cuenta que quería hacer mis temas, componer, tener una banda de rock. De hecho, grabé un primer disco de guitarra clásica que nunca publiqué porque no quería que mi primer disco sea como intérprete, quería que sea como compositor con una propuesta propia. Hoy, sí podría sacar ese disco porque ya tengo mis discos propios.

—¿En qué estilo te sentís más a gusto?
—Creo que me gusta mucho el ir y venir entre una cosa y otra. Ahora estoy muy conectado con el jazz, pero lo hago también a mi manera, no me considero un purista de ningún estilo. He hecho folclore, tango, rock, clásico, jazz, cosas de fusión, cosas sin guitarra. Si tuviera que quedarme en un solo lugar, me sentiría incómodo, o sea la comodidad para mí está en esa suerte de calesita que va pasando por distintas estaciones. Me encanta tocar jazz, guitarra clásica, rock, y tengo mis momentos en los que me meto en el tango y en el folclore. Si tuviera que quedarme en un solo lugar, me sentiría ahogado o triste por haber resignado lo otro que me gusta tanto. Mi búsqueda es la síntesis de los distintos géneros.

La Rifa del Viento


Bekes organizó en 2012, la banda La Rifa del Viento. “Confluimos en un homenaje a Spinetta y empezamos tocando algunos covers y a meter nuestros temas. Esa banda grabó dos discos y una sesión de video con un colectivo de Buenos Aires”.


El músico señala que la banda reunía distintos públicos. “Iba a escucharnos gente de distintas ondas”. Luego añadió que “la banda pasó por varias formaciones en un período corto de tiempo y se agotó. Nos agarró la pandemia con la banda medio desarmada”, expresó.


Luego, admitió: “Siempre estoy metido en muchas cosas, pero como que en los últimos años lo colectivo se me ha hecho cada vez más difícil y eso me angustia mucho. Me produce una suerte de pérdida de la esperanza”.

Pensando en Buenos Aires

“Nuestra actividad te lleva a ir a Buenos Aires constantemente, y cada vez que voy para allá siento que lo que hago tiene sentido. Hace poco estuve tocando en la Filiberto, en la Orquesta Nacional de Música Argentina, y fue como una confirmación absoluta de que tengo que estar allá. Acá tuvo sentido estar durante mucho tiempo porque había una movida cultural muy interesante”, resumió.

Con respecto a su posible partida dijo que “me gustaría hacer allá lo que ya hago, tocar un día en un dúo con una cantante lírica y al otro día hacer jazz o un recital de folk. Poder explotar ese perfil multifacético”.
Sobre la situación en la capital provincial dijo que “es como que se ha como perdido un poco el hábito de la curiosidad, de ir a escuchar algo nuevo. Hay como una pérdida de la identidad”.

Alfonso Bekes recibió a BIEN! en su estudio. Fotos: Juliana Faggi

—Llegaste hace veinte años a Paraná, ¿dónde quisieras estar en los próximos veinte años?
—Qué buena pregunta. Creo que me gustaría en veinte años, estar, así como estoy hoy cosechando algunas semillas que planteé hace mucho, cuando era adolescente. Seguir un poco en esa cosecha y estar compartiendo la música con gente cercana, haciendo un laburo que es parte de nuestra de nuestra identidad y moviéndonos por distintos lugares del país y del mundo para que eso siga creciendo. Me crié con el discurso de que acá estaba todo mal, que había que irse del país. Y con el tiempo, por mi propia experiencia creo que, a pesar de los quilombos que tenemos acá, quizás vivimos en el mejor país del mundo y no nos damos cuenta.

Breve bio


Alfonso Bekes nació en Concordia, el 1 de mayo de 1984. Es hijo de Alejandro Bekes y de Lucrecia Lessa. Cursó la escuela primaria y secundaria en Concordia. Se formó en Santa Fe y en Paraná, en la Universidad Autónoma de Entre Ríos.
Ha grabado y participado en nueve discos, entre ellos, el disco homónimo de La Rifa del Viento; “Flores de la noche” y “Raíz Spinetta” con Silvia Salomone; y “Violeta” y “Orillania” con Carlos Aguirre. Ha musicalizado cuatro películas del colectivo Rutemberg.
Ha sido premiado en concursos nacionales e internacionales. Actualmente es docente en el profesorado de Música de la Universidad Autónoma de Entre Ríos y en la Universidad Nacional del Litoral. “Soy docente en las dos costas”, dijo.
Actualmente integra un trío de jazz con José Luis Viggiano y Lisandro Sánchez.

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