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Universidades, Conicet y una patente prometedora

Los fundadores de BioSynaptica: Marcos Rafael Oggero Eberhardt, María de los Milagros Bürgi-Fissolo, Ricardo Kratje y Matías Depetris.

Las universidades nacionales del Litoral y de San Martín, en conjunto con el CONICET, obtuvieron la primera patente extranjera que protege un desarrollo promisorio: un biofármaco con propiedades neuroprotectoras y neuroplásticas que podría ser utilizado para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas o accidentes cerebrovasculares. Ahora, se busca financiamiento para los ensayos preclínicos.

Un grupo de científicos argentinos integrado por seis investigadores del CONICET en la Universidad Nacional de San Martín y en la Universidad Nacional del Litoral diseñaron una nueva biomolécula que podría utilizarse para tratamientos innovadores contra enfermedades neurodegenerativas como retinopatías degenerativas, alzhéimer, párkinson o esclerosis múltiples, y también para tratar accidentes cerebrovasculares.

Más de 50 millones de personas en todo el mundo padecen enfermedades neurodegenerativas y más de 6,2 millones mueren cada año a causa de ACVs, lo que representa alrededor del 11 % de las muertes en el mundo, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

Los tratamientos actuales para enfermedades neurodegenerativas tienen un mercado global anual de 40.000 millones de dólares, por lo que el potencial comercial de la biomolécula es enorme. Como referencia: la industria biofarmacéutica argentina factura 700 millones de dólares al año. Capturando tan solo el 2 % del mercado, el biofármaco innovador duplicaría la facturación nacional. Pero no es sencillo como expresarlo: existen más de 10.000 biomoléculas innovadoras en fase preclínica en el mundo y las probabilidades de cada una de llegar al mercado son del 13 %.

El primer paso

El primer paso para llevar un producto al mercado es proteger el desarrollo. Eso hicieron en septiembre de 2018 la UNL, la UNSAM y el CONICET, que solicitaron la patente en Argentina por veinte años. En el caso de la UNSAM, los trámites se gestionaron por medio de la Secretaría de Investigación, Desarrollo e Innovación.

A partir de ese hito, algunos de los investigadores fundaron la startup BioSynaptica, que recibió la licencia exclusiva de la patente. La startup recaudó 300.000 dólares de inversión para financiar nuevos ensayos de laboratorio y la solicitud de patentes en más de 14 países (USD 100.000 de la Aceleradora Litoral y USD 200.000 del FONDCE, gestionado por la Aceleradora Litoral) y presentó la solicitud de patentes en más de 14 países. Israel es el primero en reconocer la originalidad de la biomolécula y otorgar la patente.

“Biosynaptica presentó las solicitudes de patentes con titularidad de la UNSAM, la UNL y el CONICET en más de 14 países en 2021. Cada país evalúa la patente y puede concederla o no, o hacerlo de manera parcial, reconociendo solo alguna de las reivindicaciones propuestas. Esto lleva varios años”, explicó Camila Scorticati, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas, de la Escuela de Bio y Nanotecnologías de la UNSAM y una de las científicas que figura como inventora de la biomolécula patentada. “La UNSAM, la UNL y el CONICET presentaron la patente de nuestra tecnología en más de 14 países en 2021. Israel fue el primer país que la aprobó en su totalidad, es decir, con todas las reivindicaciones”.

Según refirió la entrevistada, Israel es uno de los mayores hubs de innovación en biotecnología y uno de los diez países del mundo que más invierte en investigación y desarrollo. “Que su oficina de patentes haya avalado como novedosa y con altura inventiva nuestro desarrollo es un reconocimiento muy importante”, aseguró.

“La primera inversión de 125.000 dólares fue propia y privada de los fundadores. Eso permitió iniciar la fase nacional de las patentes en 12 países + la Unión Europea, antes del vencimiento de 18 meses posPCT”, contó Ricardo Kratje, investigador superior del CONICET en la UNL, vicedecano de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la UNL y cofundador de Zelltek, BioSynaptica y otras compañías. “De no haber contado con esa inversión inicial, todo el trabajo iniciado en 2013 hubiera quedado en el papel. Las instituciones no podían destinar ese monto para concretarlo. Eso lo teníamos claro, y fue una de las primeras y principales razones por las que decidimos crear BioSynaptica”.

¿En qué consiste?

El grupo de investigadores de la UNL obtuvo una nueva biomolécula a partir de derivados de la eritropoyetina humana. La hEPO es un bioterapéutico utilizado para el tratamiento de anemias, dada su capacidad de producir y mantener glóbulos rojos en circulación.

La hEPO despliega actividad neuroprotectora y neuroplástica, pero en pacientes que no padecen anemias ocasiona efectos secundarios asociados a su acción eritropoyética.

Para cumplir su función, la hEPO se une a dos receptores distintos. Lo que hicieron los investigadores fue modificar la proteína para anular la posibilidad de su unión con el receptor que desencadena la función eritropoyética manteniendo intacta la unión con el receptor que produce la acción neuroprotectora y neuroplástica.

“Mediante glicoingeniería por hiperglicosilación agregamos una cadena adicional de azúcares. De esta forma, bloqueamos una actividad preservando la otra, con la ventaja adicional de que la glicosilación (el agregado de azúcares) brinda a las proteínas más estabilidad y más tiempo en circulación sanguínea, lo que favorece su actividad biológica. Esto es muy deseable para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas”, explicó Milagros Bürgi, investigadora del CONICET en el Laboratorio de Cultivos Celulares de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral y cofundadora de BioSynaptica.

Los socios fundadores de BioSynaptica son los investigadores del CONICET en la UNL Marcos Oggero Eberhardt, Milagros Bürgi y Ricardo Kratje, además de Matías Depetris, también de la UNL.

Orígenes

“La vinculación de mi grupo con el de la UNL data de 2016, cuando el doctor Marcos Oggero Eberhardt nos contactó para sumar nuestros conocimientos sobre plasticidad neuronal”, detalló Scorticati, que participó del proyecto junto con la becaria doctoral de la UNSAM Gabriela Aparicio. “Desde la UNL nos proveyeron diferentes versiones modificadas de hEPO incapaces de inducir la formación de glóbulos rojos y las utilizamos en ensayos que permitieron concluir que mantenían y, en algunos casos, mejoraban las funciones neuroprotectoras y neuroplásticas. Desde entonces, estamos haciendo ensayos in vitro y en modelos animales”.

Los motivos por los que Oggero Eberhardt eligió trabajar con hEPO es significativo: en la UNL son pioneros en la producción de este bioterapéutico. “Ricardo Kratje y Marina Etcheverrigaray, que integran el grupo de inventores, son pioneros de la biotecnología argentina. Ellos fundaron tres empresas que fueron adquiridas por un grupo internacional que actualmente factura 30 millones de dólares al año exportando hEPO. Las plantas productivas están en el Parque Tecnológico Litoral Centro de la ciudad de Santa Fe”, contó Scorticati, que detalló: “Nuestro proyecto es un paso más sobre ese desarrollo: es pasar de hacer biosimilares a hacer biofármacos innovadores; de producir medicamentos cuyas patentes vencieron a desarrollar patentes de nuevos medicamentos”.

–¿Qué falta para tener un tratamiento que mejore la calidad de vida de las personas?

–No basta con haber desarrollado la biomolécula. Llevar el producto al mercado requiere demostrar que es segura y eficaz en personas, para lo cual hay que financiar costosos ensayos clínicos. Y para conseguir ese financiamiento es clave patentar el desarrollo internacionalmente, país por país.

Con la patente otorgada por Israel, BioSynaptica se dispone a abrir una nueva ronda en busca de inversiones.

Del aula al laboratorio

Los investigadores de UNL, UNSAM y CONICET titulares de la patente, también son docentes. Un rápido paneo sobre sus CVs permite hacernos una mejor idea de los recorridos.

Marcos Rafael Oggero Eberhardt es investigador independiente del CONICET en la UNL, donde también es profesor adjunto, y cofundador de BioSynaptica.

María de los Milagros Bürgi-Fissolo es investigadora adjunta del CONICET en la UNL, donde también es jefa de Trabajos Prácticos, y cofundadora de BioSynaptica.

Ricardo Kratje es investigador superior del CONICET en la UNL, vicedecano de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la UNL, donde también es profesor titular, y cofundador de Zelltek, BioSynaptica y otras compañías.

Marina Etcheverrigaray es investigadora principal del CONICET en la UNL, donde también es profesora titular, y cofundadora de Zelltek.

Camila Scorticati es investigadora independiente del CONICET en la Escuela de Bio y Nanotecnologías de la UNSAM.

Gabriela Aparicio es doctoranda en la UNSAM durante el desarrollo, actualmente radicada en Estados Unidos.

Por último, Aquiles Dorella es licenciado en Biotecnología por la UNL.

Hacia el medicamento

Los biosimilares son proteínas terapéuticas desarrolladas con procesos biotecnológicos que involucran la edición genética de células como las animales, el cultivo en biorreactores, su purificación, posterior formulación y el envasado. El control de calidad atraviesa todas estas etapas para garantizar que el medicamento cumpla su función y sea seguro.

Las regulaciones de esta industria son las más elevadas que existen, superadas solo quizás por la industria espacial. Cada producto debe cumplir la función para la que es aprobado y, además, debe ser seguro. Por estas razones se implementan numerosos controles y procedimientos. Lo dicho: no cualquier país cuenta con estas capacidades. Argentina es uno ellos, pero no se duerme en los laureles y va por más.

La industria biofarmacéutica local está en una etapa en la que, además de desarrollar versiones alternativas de biofármacos cuyas patentes ya vencieron, puede desarrollar productos innovadores y tener sus propias patentes. Esto permitiría multiplicar varias veces los 700 millones de dólares de facturación anual de la industria local y posicionarla como un actor aún más relevante en la macroeconomía argentina.

Israel, que es una potencia en desarrollo tecnológico, ponderó el trabajo de los investigadores argentinos.

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