lunes , 22 abril 2024
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Una luz especial en el patio y la galería

Las casas ‘chorizo’ surgieron de un replanteo de las clásicas casas romanas a las posibilidades del país.

Testimonio de técnicas constructivas y de estilos estéticos y arquitectónicos de otras épocas, las ‘casas chorizo’ aún sobreviven al paso del tiempo y resisten tendencias del ‘progreso’ que las condenan a la demolición. El recuerdo de una participante de un taller de Historia Oral permite conocer sus características.

Griselda De Paoli

Especial para EL DIARIO

Las zonas céntricas saturadas, la escasez de lotes, sumadas a lo que es ya una necesidad convertida en moda, han acercado ambas cuestiones y el reciclado está de moda también en la arquitectura. Ésto resulta más que interesante porque en lugar de la acción primera de demoler aparece un criterio de revalorización de lo que fue, un replanteo, una adaptación o la intención de dejar al menos señales de lo construido antes.

Las viejas paredes de las casas chorizo (construidas entre 1880 y 1940) existentes en nuestra ciudad como testimonio de otras épocas, siguen afrontando los grandes desafíos de las propuestas del presente, de jugados diseños contemporáneos y de técnicas de construcción, con muy buenos resultados. Conjugando pasado y presente.

En el imperio romano se construía para siempre, porque aquel pretendía perdurar milenios y las construcciones, por lo tanto, también tenían que serlo. De ahí las paredes sólidas y fuertes. Las casas no escaparon a este criterio, ni al pragmatismo y en función de ello el diseño de la domus itálica se concentró en torno a un patio, una gran sala cuya parte central estaba descubierta (compluvium), lo que permitía airear e iluminar el lugar, y a las habitaciones que daban a él, y al mismo tiempo recibir el agua de la lluvia al caer de los techos, y recogerla en un estanque.

Esta casa fue reinterpretada por aquellos italianos que vinieron a Argentina en la primera gran inmigración y se incorporaron a la clase media urbana, importando sus métodos constructivos y sus tipos de construcción. Los adaptaron a los espacios posibles disponibles, dividiendo aquel antiguo plano de patio central en dos y levantando solo la mitad, con un largo patio y una galería que siempre buscaba orientarse al sol, en sus mejores horas. Con paredes anchas y divisiones más ligeras en el interior. 

Aquel diseño romano, replanteado, permitía a los recién llegados construir las habitaciones mínimamente necesarias y según sus posibilidades y después hacer crecer la edificación cuando el tamaño del lote lo permitía. “El modelo se replicó tanto en término espaciales como funcionales y tecnológicos”, señala la arquitecta Mariana Melhem.

SÓLIDAS CONSTRUCCIONES

La fortaleza de estas construcciones queda claramente testimoniada en nuestra ciudad, por su presencia en un número aún interesante de inmuebles con estas características. Algunos de ellos en decadencia, otros restaurados y en gran número remodelados por las grandes posibilidades que ofrecen y por las dimensiones de los terrenos en que se levantan.

Un relato escrito, producido en el Taller de Historia Oral -que se realizó en 1995 en el Dpto. de la Mediana y Tercera Edad de la Facultad de Ciencias de la Educación-, rescata la descripción de una casa chorizo en nuestra ciudad, rememorada por Liliana una adulta mayor con ojos de niña.  

 “Al zaguán, mediador entre la calle y la vida familiar, daban dos puertas, la de una pequeña habitación de un lado y del “comedor bueno” del otro, cuando abrías la puerta cancel salías a la galería de techo altísimo, y de un lado tenías las habitaciones que daban a ella, conectadas entre si y del otro un patio del mismo largo, muy luminoso que terminaba en un pasillo con una pérgola en que la parra generaba sombra a la pared del comedor diario,, que era el corazón de la casa y que cerraba la galería. 

Atrás, y conectada con el comedor estaba la cocina, por la que también podías salir a un patiecito por el que llegabas al lavadero. La cocina estaba cubierta de azulejos blancos, que la abuela mantenía resplandecientes y en un rincón la despensita, donde se guardaban provisiones, enseres, los manteles y el delantal de cocina. También la pala y la escoba, solían estar allí. Con más de una persona seguramente podría compartir esta sensación de nostalgia y cariño a la vez que producen los espacios cálidos de la niñez, en general hoy desaparecidos o transformados.

“Las viejas paredes de las casas chorizo (construidas entre 1880 y 1940) existentes en nuestra ciudad como testimonio de otras épocas, siguen afrontando los grandes desafíos de las propuestas del presente” 

Si la mirabas desde la calle, te impresionaba el frente de piedra París y la casa parecía asimétrica, porque la puerta aparecía como descentrada entre dos ventanas de un lado, y una algo más pequeña del otro, todas con persianas y una reja trabajada que dejaba lugar a un asientito de mármol a modo de balcón. 

La galería tenía un piso colorido, con dibujos simétricos donde predominaba el amarillo, y el patio unas baldosas calcáreas con la rejilla al medio para que el agua se fuera rápido cuando se baldeaba. Qué hermoso lugar, luminoso. 

Cuando el sol era muy fuerte, se corría el toldo, que recuerdo rayado, de colores, y se generaba en la galería una luz especial que hacía de patio y galería una sola cosa.

Entre ellos, precisamente, patio y la galería, se desarrollaban las reuniones y fiestas familiares alrededor de la pesada mesa de madera del comedor que se sacaba afuera, cuidando de no lastimar las plantas de la abuela que estaban en las macetas contra la pared del patio. Del techo alto de la galería alguien que en las sombras creíamos que era Papá Noel, bajaba una gran canasta con los regalos para navidad. Y la puerta cancel quedaba abierta por si algún vecino se incorporaba al festejo. 

DETALLES INTERIORES 

Las habitaciones tenían puertas altas –seguramente no tanto como me parecían a mi- con paneles vidriados, postigos y banderolas, mientras que el piso, que era de largos listones de pinotea sonaba a hueco cuando corríamos por ahí, y así era, sobre tirantes, nos explicaban, ya que abajo había un espacio para que el piso respirara. El tema era que podíamos correr desde el comedor bueno, cruzar los dormitorios y llegar al comedor diario y de ahí a la cocina, ya que las puertas, abiertas, dejaban un largo pasillo. En verano esas carreras eran por la galería.

Hoy la casa está remodelada, hermosa, pero conserva claras señales de lo que fue, los techos altos han permitido un entrepiso, optimizando el espacio con una habitación más; una cocina moderna con una puerta a aquel pasillo donde estuvo alguna vez la parra, aún parte de la galería da luz hoy al comedor “diario” y el patiecito posterior lo hace a los otros dos dormitorios”.

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