lunes , 26 febrero 2024
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El miedo a la soledad

La eremofobia puede tener profundas ramificaciones en la vida diaria de quienes lo experimentan.

Como seres sociales los humanos tenemos miedo al abandono. Pero a veces ese sentimiento nos paraliza y desarrollamos pánico o fobia.

Macropsicología (*)

Télam

En el vasto espectro de los trastornos de ansiedad, la “eremofobia”, también conocida como “autofobia”, es la manifestación extrema del miedo a la soledad.

A diferencia de la timidez o la introversión, la eremofobia va más allá de una preferencia por la compañía y se convierte en una aversión patológica a la idea de estar solo.

Este miedo puede tener profundas ramificaciones en la vida diaria de quienes lo experimentan, afectando las relaciones interpersonales, el rendimiento laboral y la calidad de vida en general.

CARACTERÍSTICAS. La ansiedad intensa en situaciones solitarias es una característica primordial de la eremofobia. Aquellos afectados experimentan un nivel desproporcionado de ansiedad cuando se enfrentan a la perspectiva de estar solos, manifestándose incluso en síntomas físicos como palpitaciones, sudoración excesiva, temblores y dificultad para respirar.

Para comprender este trastorno, se debe partir del entendimiento que el ser humano necesita del contacto social para sobrevivir, ya que éste resulta de gran importancia en el desarrollo del sujeto en sus diferentes etapas de la vida.

Para algunas personas, la idea de la ausencia del contacto con el otro puede provocar cierto malestar y angustia. En algunos sujetos, este malestar se acrecienta desarrollando fobia o pánico desproporcionado con solo imaginar la idea de la soledad, aunque sea en periodos cortos. Esto mismo es lo que se denomina eremofobia. Este miedo puede afectar al sujeto en su vida diaria, causando síntomas físicos, como dolor de cabeza, sudoración excesiva, ahogo, respiración agitada, taquicardia o enrojecimiento; síntomas psíquicos como ansiedad y pensamientos negativos recurrentes; síntomas conductuales con tendencia a la evitación y la búsqueda constante de cualquier alternativa que garantice el acompañamiento permanente.

La persona vive este miedo tan intenso que el hecho de enfrentarse al estímulo fóbico o el solo pensar en hacerlo le provoca ansiedad.

En estos casos, suele aparecer rumiaciones y pensamientos de tipo obsesivo con la posibilidad de quedarse solo, se nubla la capacidad de un juicio racional, provocando en ellos evitar los momentos de soledad, precisando la persona una compañía constante, limitando así en gran medida su funcionamiento diario y cotidiano.

El contacto social con su entorno (amigos, pareja, familia, compañeros) puede llegar a deteriorarse debido a que la persona afectada evitará en todo momento quedarse solo, llegando a crear una dependencia física y emocional de la compañía ajena.

En casos extremos, el sujeto provocará comportamientos histriónicos, manipulará con enfermedades o comportamientos con el fin de evitar la soledad y provocar la compañía del otro. Sin embargo, cuando el entorno detecta este comportamiento, por lo general, tiende a tomar distancia del sujeto.

POSIBLES CAUSAS. Se han elaborado varias hipótesis de las causas por las que puede generarse estas fobias. En un primer momento, es necesario aclarar que el miedo a la soledad es algo frecuente en el ser humano. Sin embargo, es necesario distinguir el miedo a un miedo excesivo de una fobia.

Explorar la raíz de la eremofobia implica sumergirse en la complejidad de factores biológicos, psicológicos y sociales. Desde una perspectiva neurobiológica, se ha observado una posible conexión entre la eremofobia y la actividad anormal en ciertas regiones del cerebro relacionadas con la respuesta al miedo y la regulación emocional. Además, los patrones de crianza, las experiencias traumáticas y la genética también se postulan como influencias cruciales en el desarrollo de esta fobia.

A TENER EN CUENTA. El sujeto necesitará explorar, con ayuda de psicoterapia, qué es lo que le provoca el miedo excesivo a la soledad o a las ideas que tiene de ésta. Indagar por qué necesita la compañía constante de un otro. En qué momento comenzó este miedo. A la vez, será de gran utilidad una terapia enfocada en la gestión del manejo del estrés, gestionar habilidades sociales y resolución de problemas.

Es importante buscar la ayuda de un profesional de la salud mental si se experimenta síntomas de eremofobia para obtener el apoyo necesario con el objetivo de aliviar esta sintomatología logrando progresivamente su restablecimiento para que el sujeto pueda desarrollar actividades diarias sin la necesidad de una compañía constante.

La clave fundamental para resolver el temor a quedarse solo es trabajar sobre su origen y aprender a gestionar emocionalmente la situación que ocasiona la fobia.

La colaboración entre psicólogos clínicos, psiquiatras y otros profesionales de la salud mental es esencial para un enfoque holístico. Instrumentos de evaluación estandarizados y entrevistas clínicas pueden ayudar a establecer un diagnóstico preciso y orientar el plan de tratamiento.

(*) Es una institución especializada en el tratamiento de las patologías que comprenden el amplio espectro de la salud mental con un abordaje multidisciplinario.

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