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viernes, julio 1, 2022
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    Mariano Montero, un referente del softbol, con hambre de gloria

    El reciente campeón Panamericano y vigente campeón del mundo, repasó su carrera y dejó en claro sus próximos desafíos. “Jamás imaginé tener esta carrera, pero estoy motivado para seguir haciendo historia”, manifestó el paranaense a MUY.

     

    KEVIN RIVERO / c[email protected]

     

    Mariano Montero es una referencia del softbol a nivel mundial. Campeón del Mundo (en República Checa 2019), de Juegos Panamericanos y Sudamericanos con la Selección Argentina, entre otros logros y distinciones de índole individual, el paranaense de 36 años, que continúa con sólidos propósitos de seguir escribiendo su historia, ya dejó un legado que supera el deporte y trasciende fronteras.

     

    Fue hace más de tres décadas cuando pisó por primera vez una cancha de softbol. Hijo de César y Claudia, menor de tres hermanos, forma parte de una tradición familiar “softbolera” que se transmite de generación en generación. Hoy, reflexivo y maduro, en un diálogo con MUY, recordó: “El Estadio Mundialista (Ingeniero Nafaldo Cargnel, en Paraná) era mucho más chico, tenía menos tribunas y era más despejado -desliza entre risas-. Mi viejo me llevaba a jugar, junto a mi mamá y mis hermanos, porque vengo de una familia muy relacionada con esta disciplina. Mi papá se dedicó a enseñar y me transmitió muchos valores que trato de reflejar en la cancha. Fueron momentos hermosos en los cuales compartí el tiempo con amigos de la infancia en el Club Atlético Patronato, que aún sigo viendo o viviendo nuevas aventuras en la Selección Argentina”.

    “Me acuerdo de algunos domingos a la mañana en la cancha, con una camiseta manga larga debajo para afrontar el frío que hacía en ese momento, así como también se me vienen imágenes a la cabeza cuando jugábamos desde niños con Bruno (Motroni) y Federico (Eder), y es increíble que todavía seguimos viviendo momentos muy lindos desde grandes. Es emocionante”, agregó el reciente campeón de la 11ª edición del Torneo Panamericano.

    -¿Cuáles fueron las claves de tu carrera?

    -El deseo de representar a la Selección Argentina por sobre todas las cosas me llevó a ser una persona disciplinada, a hacer todo lo posible para poder estar. Mi hermano, Pablo (dilatada trayectoria en el seleccionado argentino, consiguió dos medallas de bronce en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003 y Toronto 2015), fue una gran inspiración, traté de seguir sus pasos y en gran parte llegué a la Selección Argentina por tenerlo de guía, por aprender y adquirir ese sueño de representar a mi país.

    Siempre me movió vestir la camiseta celeste y blanca. Eso me llevó a ser un deportista, ser disciplinado y entrenar mucho, hasta cuando no tenés ganas o tenés otros compromisos. Se me pudo dar por primera vez en 2008, pasaron muchos años, torneos y altibajos, pero el softbol me terminó devolviendo todo el esfuerzo que hice y en este momento me siento en deuda con el deporte por todo lo que me ha dado.

    -¿Qué significa ser capitán de la Selección Argentina?

    -Era algo totalmente impensado para mí porque siempre compartí el equipo con Bruno (Motroni) y nunca se me ocurrió que me podía tocar. En mi carrera llegaron cosas impensadas y si algunos años atrás me decían que me iban a pasar muchas cosas que luego sucedieron, no lo iba a creer. En mi casa, por ejemplo, crecí con un póster de Nueva Zelanda campeón del mundo y tuve la suerte de hablar con esos jugadores idolatrados. Me felicitaron por ser campeón del mundo y fue algo que jamás imaginé.

     

    -¿Qué lugar ocupa en tu carrera el Campeonato Panamericano ganado en Paraná?

    -Para mí fue muy emotivo. Soy uno de los más grandes en el plantel y, en mi caso, fue mi último torneo en mi ciudad, en mi casa, en mi estadio. Recuerdo el primer día de competencia que estaba colmado de autos cerca del estadio, era impresionante la cantidad de personas que había y me emocioné un poco porque se me atravesaron muchas cosas en la cabeza. Recordé sacrificios o cosas que dejé de lado para estar ahí y es emocionante ver que la gente llega a apoyarte, brindando su tiempo y sus ganas a esto que hacemos nosotros.

    -Por último, ¿cuáles son tus próximos objetivos?

    -Tengo la cabeza puesta en la Selección Argentina porque me encuentro bien físicamente. Jugar un Mundial en Nueva Zelanda me motiva mucho porque será la primera vez que jugaremos siendo campeones mundiales y lo tomo como una experiencia nueva. Además, haber ganado el torneo en Paraná indica que estamos haciendo las cosas bien; por lo tanto, haremos una buena puesta a punto y estamos seguros que podemos tener una mejor versión.

    Después del Mundial analizaré mi situación, cómo se dieron las cosas y qué puedo aportar al equipo. Es un punto muy importante en el momento de tomar la decisión de seguir o dar un paso al costado. Mientras pueda aportar al equipo voy a continuar la pelea.

     

    TRADICIÓN FAMILIAR

    La familia Montero está marcada a fuego por el softbol. Sin imaginárselo, César y Claudia comenzaron una cadena que se expandió notablemente en sus hijos que dejaron una huella en la historia del deporte argentino.

    Pablo y Mariano se convirtieron en grandes referentes de la disciplina a nivel nacional, con destacadas participaciones en los equipos masculinos; mientras que Natalia hizo lo propio durante varios años en el representativo femenino.

    Hoy, los hijos del actual capitán de la Selección Argentina, Faustino (14), Carmela (10) y Benicio (7), siguen el mismo camino en las categorías juveniles del Club Atlético Patronato. “Son fanáticos del softbol y me pone muy contento porque seguimos el legado familiar. Siempre trato de ir a la cancha para acompañarlos y doy la vida por ellos. Intento que estén orgullosos de un papá que le pueda transmitir con el deporte, el sacrificio que hay que hacer para lograr los objetivos que uno se propone, tanto en el deporte como en la vida. Todos tenemos aciertos y errores, pero tratamos de compartir esto que nos gusta”, expresó el paranaense.

     

     

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