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lunes, julio 4, 2022
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    Un día, llegó a Entre Ríos “la danza de la fortuna”

    Los juegos de azar son una para algunos una prueba de la existencia de un designio que ordena las existencias. Para otros no es más que un vicio aborrecible que hace perder los estribos a quien no lo sabe o no lo puede controlar. Para regular la actividad y limitar las intervenciones abusivas de los prestamistas, el Estado intervino, con distintas propuestas, que fueron cambiando con los tiempos.

     

    Rubén I. Bourlot

    [email protected]

     

    Una crónica cuenta que en otros tiempos el sorteo de la Lotería, y en particular los llamados premios “gordos” -de Navidad, Año Nuevo y Reyes-, concitaban la atención de multitudes.

    Desde una sala, los niños cantores, vestidos con guardapolvos, sacaban los números ganadores. Los sorteos en realidad se realizaban semanalmente y el universo del juego se componía de cuarenta millares. Los empleados tenían que separar una por una las bolillas de madera. Los extractos eran certificados por un escribano e impresos para ser repartidos entre los agentes que daban a conocer los resultados.

    La institucionalización de estas prácticas tiene su historia. En Entre Ríos la Lotería como tal llegó en 1934 durante el gobierno de Luis L. Etchevehere, cuando se creó por Ley la “Caja de Asistencia Social y Sanitaria de la Provincia de Entre Ríos”, para recaudar fondos destinados a promover la acción social, casi nula hasta ese momento. Cabe recordar que desde 1893 el juego venía siendo monopolizado por Lotería Nacional.

    La recaudación de esta caja provincial se destinaría a combatir enfermedades, mejorar salas de hospitales, crear talleres, y colaborar con fundaciones que trabajaban en la provincia, entre otras actividades.

    El primer sorteo de la Lotería Provincial se realizó el 24 de mayo de 1934, utilizando el extracto de la Lotería Nacional.

     

    Expectativa

    Si bien los sorteos eran semanales, con la llegada de las tradicionales fiestas de fin de año, cada diciembre, era cuando el sorteo del “Gordo de Navidad” paralizaba al país. Nadie quería quedarse afuera. La gente recorría distintas agencias para buscar el número elegido, esa corazonada que le decía al jugador que ese sería el coronado por la Diosa Fortuna. Los más empedernidos jugaban sus billetes semanalmente a un número fijo y esperaban por años a la esquiva suerte. En las oficinas de trabajo se hacían vaquitas para adquirir el “entero”; es decir, las tres o cuatro fracciones en que estaba dividido el billete. Los sorteos más importantes eran seguidos atentamente por la radio donde hizo su fama Luis Roberto González Rivero, popularmente conocido como “Riverito”, y su Danza de la fortuna.

    En paralelo a la lotería, los comercios, y en particular los almacenes de campo, tenían la costumbre obsequiar a los clientes, junto al tradicional calendario, un número para el sorteo de una canasta navideña colmada de atractivos productos, que en general utilizaban las dos cifras finales del sorteo de la lotería para definir al agraciado o agraciada.

     

    Loterías bíblicas

    La historia de la lotería hunde sus raíces en los lejanos pagos bíblicos. Algunos analistas sostienen que en el capítulo XXVI del Libro de los Números está presente el azar, base de la lotería. En ese pasaje Dios sugiere a Moisés cómo llevar a cabo la división de la tierra prometida entre las tribus. La solución fue poner los nombres de las doce tribus en doce piedras, y los nombres de las doce zonas en que se dividió el país en otras doce.

    El encargado de emparejar una piedra de la caja de los nombres con otra de la caja de las comarcas sería la suerte. El destino del pueblo escogido se dejó así en manos del destino.

    La lotería está presente también en el Libro del Levítico, en cuyo capítulo 16 la suerte se confía al azar. Se escribían dos papeles alusivos a sendos animales, uno destinado a ser sacrificado a Dios y otro a ser mandado al diablo, representadas ambas opciones por sendos machos cabríos.

    Algunos consideran que esta forma de dejar las cosas a la fortuna busca en última instancia la justicia suprema, ya que es Dios quien dispone. Y ya en la tradición cristiana primitiva la suerte era una forma de intervención divina: el azar es la mano de Dios.

    Un juego

    Jorge Luis Borges se refiere a este juego en su cuento La lotería de Babilonia. “Mi padre refería que antiguamente ¿cuestión de siglos, de años? la lotería en Babilonia era un juego de carácter plebeyo. Refería (ignoro si con verdad) que los barberos despachaban por monedas de cobre rectángulos de hueso o de pergamino adornados de símbolos. En pleno día se verificaba un sorteo: los agraciados recibían, sin otra corroboración del azar, monedas acuñadas de plata. El procedimiento era elemental, como ven ustedes.

    “Naturalmente, esas «loterías» fracasaron. Su virtud moral era nula. No se dirigían a todas las facultades del hombre: únicamente a su esperanza.”

    Por cierto, también en la Roma clásica existía ese juego de azar que recompensaba con premios y trofeos. En cambio, la lotería moderna, más afín a la actual, nació en el siglo XVI en Francia de donde se difundió a Europa y luego a América.

     

    El gordo de los números

    La denominación de “Gordo” para los premios más voluminosos, en particular el sorteo de Navidad, tiene su origen en la España del Siglo XVIII a partir de una caricatura denominada “El Fanático por la Lotería” o “El Enano afortunado” que se hizo en un primer momento como una publicidad para promocionar los sorteos de la lotería. “De alegría y de dinero, este Enano afortunado, si le estudias con esmero, te enseñará alborozado, de la fortuna el sendero”, decía una de las inscripciones junto a la que aparecía el personaje de cuerpo bajo y gordinflón que llevaba por ropa las ya legendarias bolas del sorteo con un sinfín de números.

    En nuestros pagos, lo que fuera la Caja de Asistencia Social creada en 1935, se convirtió en el Instituto de Ayuda Financiera a la Acción Social, por un decreto-ley del gobernador de facto Brigadier Ricardo Favre, en el año 1972. Pero los sorteos se seguían realizando en base al extracto de la Lotería Nacional hasta que en 1985 comenzaron a realizarse en las propias instalaciones del IAFAS.

    Hay cientos de historias de afortunados y de infortunios desplegados al calor de la esperanza de salir favorecido por la suerte.

    Lo importante es que hoy por hoy el tradicional billete de Lotería desapareció de la programación de los juegos de azar de nuestro país, sustituido por otras apuestas más atractivas para los cabuleros.

     

    Para seguir leyendo

    – Borges, J. L. La lotería de Babilonia, cuento incluido en su libro Ficciones.

    – Más temas sobre nuestra región en la revista digital Ramos Generales, disponible en http://lasolapaentrerriana.blogspot.com/

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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