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lunes, julio 4, 2022
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    Chamarrita en Sauce de Luna

    Ocurrió una mañana de invierno, en Sauce de Luna, cerca del rancho criollo de Roque Mario Erazun, cuando un cencerrito del campo, recién amanecido, traía el despertar risueño de las suaves cuchillas.

     

    Roberto Romani / [email protected]

     

    Entonces decidí hablar con la chamarrita, en nombre de todos los hijos agradecidos que cantamos junto a su caricia maternal: “En la primavera que tu cadencia iluminada irrumpió en mi provincia de ríos, la brisa de los montieles se hizo dulce y nostalgiosa. Comenzamos a decir canciones y evocar colores en la lluvia de tu ritmo, mientras la sangre de la entrerrianía brotaba por los seis caminos de la vida y se mojaba de cielo en mis manos.

    Los abuelos dormidos despertaron la lanza federal. Los maestros del arado surcaron de felices palabras la tenue acuarela del otoño costero. Y los gurises, con el alma plena de pájaros libres, salieron con tu misterio a cuestas a buscar el sol. Dios estaba entre nosotros y bendijo la danza. También la esperanza de la gente humilde, que encuentra en tu sencilla belleza la razón de su alegría”.

    Linares Cardozo nos contó alguna vez: “Mi infancia fue arrullada por los compases de la chamarrita entrerriana, revivida por los músicos de tropa y los cantores de la costa del río Feliciano. Están presentes aquellas reuniones familiares, donde no faltaba un acordeonista acompañado de guitarra; a solicitud de mis padres desgranaban el alegre y melodioso contrapunto de la chamarra”.

    Mario Alarcón Muñiz expresa que “es el ritmo musical autóctono que representa a los entrerrianos, pero su origen se encuentra muy lejos de nuestra tierra”, mientras que el oriental Fernando de Assuncao afirma: “La chamarrrita azoriana, la chimarrita riograndense, la simarrita uruguaya y la chamarrrita entrerriana, tienen un origen común; son en sus principios la misma cosa”.

    Carlos Vega, Clara Passafari, Florencio López, Aníbal Sampayo, Fermín Chávez, Evaristo Mosqueda, Paixao Cortés y Barbosa Lessa, entre otros investigadores, siguieron su itinerario de tradición, desde las Islas Azores, en Portugal, hasta Río Grande do Sul; y desde los fogones orientales hasta las almas del Montiel, donde la chamarrita decidió quedarse, al amparo de aquellos nobles paisanos que sintieron su abrazo de macachines y su ternura niña.

    Hoy, cuando el mundo asiste temeroso a la violencia que anula y a la indiferencia que mata, con las guitarras nobles de los Hermanos Benítez Ríos levantamos, desde nuestra colina esperanzada, una chamarrita de paz y de amor.

    Así reunimos, en torno a su florecida gracia, a todos los hombres y mujeres que aún maduran en su corazón sensible el eterno sueño de una patria universal de armonía y canto.

     

     

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