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viernes, mayo 20, 2022
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    Puerto Viejo recuerda el impacto de las inundaciones

    La ciudad de Paraná no porta un nombre de río en vano. La relación con semejante curso de agua la define y determina, tanto durante las sequías y bajantes como en las crecientes. En esta nota se repasa lo ocurrido entre finales de 1982 y la primera parte de 1983, en Puerto Viejo, donde todo empezó.

     

    Griselda De Paoli / [email protected]

    En una nota que compartimos en noviembre de 2021 decíamos que, hasta hacía poco, con angustia, veíamos aparecer el fondo del río y una boya y viejas embarcaciones hundidas, mientras la dársena estaba en seco y con pasto creciendo.

    Era increíble, sin esfuerzo se podía cruzar a la isla a pie. Esta vez era el río el que se alejó de la ciudad y nos golpeó de diversas formas y en cuestiones vitales: el agua, la pesca, la navegación, los deportes. Modelaba entonces – y lo hace frecuentemente- no solo el paisaje sino el carácter mismo de las comunidades que vivimos a sus orillas. Sus ausencias nos preocupan tanto como sus presencias exageradas. En ese temperamento cambiante de crecientes y bajantes ha logrado conmocionar a la ciudad de Paraná, como a otras, a lo largo de su historia.

    Hoy, la prolongada bajante, es tan angustiante como la que nos generó aquella creciente de 1983 que, en realidad, ya se mostraba en su explosiva dimensión, en diciembre del 82. Inmejorable el testimonio periodístico que nos brinda EL DIARIO del 24 de diciembre de ese año, en su página 5, bajo el título “En Puerto Viejo las aguas han causado serios problemas”, en el que se funden la mirada del periodista, la del fotógrafo y la voz de los vecinos afectados, habitantes de un espacio cargado de historia y engarzado a los orígenes de nuestra ciudad, aspecto al que volveremos en algún artículo próximo.

    Las fotos incluidas en la nota son claras en torno al impacto de las inundaciones.

    Referencias

    La nota, que no lleva firma, abre con un copete que ubica lugar y protagonistas: “Un sector que siempre se ve seriamente afectado por las crecientes del río Paraná, en nuestra zona, es el barrio ‘Puerto Viejo’. Actualmente hay 15 familias evacuadas, integradas por aproximadamente 60 personas que se ‘refugian’ en la Escuela ‘Mariano Moreno’ de nuestra capital”. Aparecen después las referencias a otras crecientes que pudieron señalar la necesidad de algunas soluciones; de darse, hubieran evitado o disminuido los niveles increíbles que la de la fecha citada alcanzó. Y dice el relator: “El problema data de mucho tiempo y en una época no se permitió habitar la zona”. La nota continúa.

    “La creciente de1959, si bien no figura entre las más grandes del siglo, llegó a devastar la zona y mucha gente concurría hasta la Costanera para apreciar las secuelas dejadas por la misma a los vecinos del Club de Pescadores.

    “Quien escribe esto era niño, pero nunca podré borrar la imagen de muebles flotando, enseres domésticos arruinados y hasta animales abandonados a su suerte.

    “Eso motivó la construcción del primer barrio denominado ‘Anacleto Medina’, y también cabe recordar una anécdota que fue solo eso, en donde muchos de los residentes de las inundaciones se resistían a abandonar el lugar porque ‘era un negocio’, decían algunos con no claras intenciones y otros, los más benévolos, argumentaban que ‘si no están allí tienen que recorrer media ciudad para ir a explotar el negocio de la pesca en canoas’, en fin, sólo eran comentarios.

    “También en 1966, las aguas hicieron sus destrozos, no de la magnitud del de hoy pero afectó a innumerable cantidad de familias en cuyas casas el agua llegó hasta la mitad de la construcción.

    “Ahora y fundamentalmente detrás del negocio gastronómico, popularmente conocido como ‘El Faro’, lindando con el arroyo Antoñico, que se encuentra en parte bajo agua, algunos evacuados se han alojado allí”.

    Invasión

    La crónica sobre la inundación en Puerto Vejo continúa.

    “Los vecinos esta vez quieren que se les dé la posibilidad de anotarse en un barrio de viviendas, ‘de esos que se están haciendo ahora’, nos acotó uno de los más activos en la zona, en tanto otro nos aclaró que ‘aquí casi nadie es propietario y algunos terrenos son municipales, inclusive’.

    “No solo las viviendas fueron afectadas al invadirlas el agua, sino todos los sectores aledaños imprescindibles para el funcionamiento del barrio y esencialmente, la vida cotidiana de las personas, en la que confluían una gran cantidad de riesgos a los que en los que hace no mucho se sumó el deslizamiento de parte de las barrancas. Aquella fue la mayor crecida del siglo XX, dicen los especialistas, prolongada en el tiempo, con picos intensos que no dieron tregua, con antecedentes que tienen registros anclados en 1878 cuando Puerto Viejo era un motor esencial para la ciudad.

    “En la costanera, mientras tanto, el agua lamía la vereda y solo se veían los techos de las instalaciones de los clubes sobre la costa”.

    Como ya hemos dicho, el río y la ciudad son términos de una misma ecuación. No se puede pensar a Paraná sin el río, ni al río sin Paraná, la historia nos lo muestra. Necesitamos sostener esa ecuación y proteger la relación que implica de manera responsable, todos los días, con cada intervención que hacemos, con cada proyecto que emprendemos. Esa ecuación es nuestra esencia paranaense.

    Muchos años atrás, en 1927, Alcides D´Orbigny compartió una acuarela, que completa lo señalado. “Un puertecito donde cargaban varios barcos, así como toda la costa, tenía un aspecto tan vivo que rompió, para mí, la monotonía de tantas largas jornadas en las que no había visto otros hombres que mis compañeros de viaje. A lo largo de la escarpada barranca advertía, a diversos niveles, hornos de cal, que proveen parcialmente al consumo de Buenos Aires”.

    En fin, en la memoria las evocaciones se pliegan y, por momentos, las dimensiones de lo pasado y lo presente se yuxtaponen.

    El artículo periodístico reclamaba la presencia preventiva del Estado.

    AL MARGEN

    Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected], [email protected] y/o [email protected].

     

     

     

     

     

     

     

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