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    Las visitas de Almafuerte, un autodidacta singular

    Cuando Almafuerte visitara Paraná en 1915 fue recibido como la algarabía con que hoy se recibiría a un personaje destacado del deporte, un youtuber o un influencer. Lo mismo ocurrió en Gualeguaychú. Tras ese reconocimiento, se despliega una vida honorable, ejercida desde oficios insignes aunque no siempre bien pagos. Como premio a su obra y trayectoria, una neurálgica avenida lleva su nombre en la capital entrerriana.

     

    Rubén I. Bourlot / [email protected]

    Una extensa avenida, de las más prolongadas de la ciudad, que es la vía de ingreso desde el Este a Paraná lleva el nombre del ilustre poeta que en 1915 visitara la capital entrerriana en medio de eufóricos homenajes. Pedro B. Palacios más conocido por su seudónimo de Almafuerte venía en el marco de una gira que en ese año incluyó a la poética Gualeguaychú. En esa ciudad el autor de los Sonetos medicinales fue recibido por una multitud en el puerto y luego actuó en el histórico Teatro Gualeguaychú.

    En Paraná, en los primeros días de mayo, la recepción tuvo también ribetes epopéyicos. En aquellos tiempos, se recibía a un poeta como hoy se suelen recibir a los ídolos deportivos o a algún cantante exitoso. Para esa altura Almafuerte ya había producido gran parte de la obra que lo hizo popular como los reconocidos Piu avanti y Molto piu avanti.

    No te des por vencido, ni aun vencido,
    no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
    trémulo de pavor, piénsate bravo,
    y arremete feroz, ya mal herido.

     

    Nutrida concurrencia

    Ofelia Sors señaló que Almafuerte fue recibido en el puerto por una comisión vecinal que lo acompañó hasta la plaza Alvear donde cerca de 500 personas lo esperaron para luego dirigirse en columna acompañándolo hasta la plaza 1º de Mayo, en cuya esquina de calle Urquiza y Monte Caseros una Comisión Estudiantil había levantado una tribuna para que el poeta se dirigiera al público.

    El diario La Provincia relataba, en un amplio despliegue en su primera plana, las actividades del “cantor de la chusma”, tal como solía identificárselo. En la edición del 8 de mayo publicaba una nota con los detalles de lo que sería la llegada de Almafuerte ilustrada con una fotografía del poeta. “Mañana será honrado Paraná con la visita de un poeta insigne que, acudiendo a insistentes pedidos de un núcleo de admiradores, viene a deleitarnos con la música sonora de sus versos y las vibraciones rítmicas de sus Evangelios”.

    A la noche se realizó un acto en el teatro 3 de Febrero donde el profesor Maximio S. Victoria, director de la Escuela Normal, lo presentó. Almafuerte, por su parte, pronunció un discurso y recitó algunas de sus poesías, entre otras “Evangélicas”, “La sombra de la patria” y “Sonetos medicinales”, que merecieron el aplauso entusiasta del numeroso auditorio. Al otro día visitó algunos establecimientos educacionales.

    Unos meses antes, el 30 de marzo de 1915, el diario El Censor de Paraná había publicado -como anticipo de la visita- el poema Serenata:

    Nocturno canto de amor
    que ondulas en mis pesares,
    como en los negros pinares
    las notas del ruiseñor.

     

    El poeta de la chusma

    Almafuerte había nacido como Pedro Bonifacio Palacios en San Justo (Buenos Aires) en 1854. Fue periodista y poeta. También ejerció la docencia. Era de una familia muy humilde. Fue abandonado por su padre y luego perdió a su madre.

    Se destacó por su oratoria impetuosa y transgresora que reivindicaba a los sectores humildes. “La chusma de mis amores”, les decía. Esta predilección le costó duras críticas por parte de la intelectualidad de la época. Se lo acusaba de prosaico y superficial en respuesta al deprecio que expresaba Almafuerte hacia los escritores consagrados por el orden conservador, a los que acusaba de “modernistas decadentes”. Tanto en su obra literaria como en sus escritos periodísticos bregaba por la implantación de una justicia social basada en la moral cristiana, cuando el país se vanagloriaba de ser el granero del mundo y los que se caían del sistema permanecían invisibles.

    El maestro malogrado

    Sin contar con una formación profesional -era un autodidacta en todos los sentidos- se inició en la docencia dictando clases en escuelas perdidas en medio de las pampas bonaerenses donde pocos se atrevían a llevar la cultura letrada: Mercedes, Salto y Trenque Lauquen. Ante una invitación de Domingo Faustino Sarmiento para que se trasladara a ejercer a la ciudad de Buenos Aires se negó alegando que “yo me quedo en el desierto; y cuando se haya poblado, me iré de maestro al Chubut”. Fue su forma de ganarse la vida dignamente. Años después (1896) fue separado de la docencia por carecer de título oficial, que solo pareció ser una simple excusa para separar a un elemento polémico que no rendía pleitesía a los gobernantes de turno.

    Laura Graciela Rodríguez dice al respecto que “en la Ley de Educación (1420) estaba previsto que los ayudantes o cualquier aspirante que no pudiese cursar en la Escuela Normal, adquiriese el título de maestro previa aprobación de un examen ante las autoridades del Consejo General de Educación. El control sobre las personas que ejercían sin título se hizo cada vez más estricto y hubo casos resonantes, como el del poeta y escritor Pedro B. Palacios, más conocido como “Almafuerte”, a quien las autoridades dejaron cesante después de haber trabajado como maestro durante 20 años.” Más sobre este tema puede buscarse en “Maestro, inspector e intelectual: la biografía de Juan Francisco Jáuregui (1870-1960)”, en “Intelectuales de la educación y el Estado: maestros, médicos y arquitectos”, compilado por Flavia Fiorucci y Laura Graciela Rodríguez, publicado por la Universidad Nacional de Quilmes.

     

    Trascender

    Esa circunstancia deshonrosa lo afectó anímicamente y en su economía. Al año siguiente inició su labor periodística en el diario El Pueblo de La Plata.

    En el nuevo siglo comienza a recoger los frutos de su obra poética. En 1906 edita “Lamentaciones”, que es continuada por una sucesión de publicaciones que se prolongan más allá de su pronta muerte en 1917. Incomprendido en su momento, las generaciones posteriores, en particular el denominado “grupo de Boedo”, lo reconocen como uno de los precursores del vanguardismo (Jorge Luis Borges, Evaristo Carriego, Roberto Arlt, entre otros). Para algunos críticos uno de sus modelos fue Olegario V. Andrade, el gran poeta de “La vuelta al hogar”, vinculado con Gualeguaychú. No fue casual entonces que en su visita a la ciudad del sur entrerriano “una multitud esperaba en el puerto la entrada del vapor Golondrina –cuenta una crónica- que transportaba al señor Pedro Bonifacio Palacios, conocido por su seudónimo Almafuerte. La banda de música del regimiento 10 saludó con diferentes acordes la feliz llegada del distinguido viajero.”
    Tras su muerte, en Paraná por una ordenanza del 7 de diciembre de 1917 se nombra Avenida Almafuerte al “camino a los corrales”.

     

    Para seguir leyendo

    – El día que Almafuerte visitó Gualeguaychú en https://historiasdeentrerios.blogspot.com/2006/01/el-dia-que-almafuerte-visito.html

    – Más temas sobre nuestra región en la revista digital Ramos Generales, disponible en http://lasolapaentrerriana.blogspot.com/

     

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