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    Favaloro, una figura que engrandece con los años

    El origen trabajador del que emergió, y su primera experiencia laboral en un pueblito olvidado de La Pampa, revistió al cardiólogo René Favaloro de un sentido social que ubicó por encima de su desarrollo personal. Su esfuerzo y dedicación le permitieron destacarse a nivel mundial con el desarrollo del bypass aortocoronario.

     

    Sylvia Mayer / [email protected]

    René Gerónimo Favaloro nació el 12 de julio de 1923 en La Plata en un barrio pobre, conocido como El Mondongo. Casi 44 años después su nombre se convertiría en una referencia a nivel mundial: tras cinco años de investigación y práctica, el 9 de mayo de 1967 Favaloro hizo el primer bypass aortocoronario del mundo en una mujer de 51 años.

    Para tomar dimensión del desarrollo, puede señalarse que la técnica sigue siendo utilizada hasta el presente.

    Lo que no es muy conocido es que Favaloro cuando era niño ayudaba a Juan, su padre, en la carpintería; y que Ida, su mamá, era modista. A la familia la completaba su hermano Juan José. Es probable que esa atmósfera laboriosa, con aroma a madera en transformación, y el sonido de la máquina de coser como fondo, le hubiera permitido advertir a Favaloro que el esfuerzo persistente suele traducirse en la concreción de algunos sueños. En busca del suyo, concurrió a una pequeña escuela primaria, y luego al Colegio Nacional de La Plata.

    La visita frecuente al consultorio de su tío evidenciaba sus deseos de dedicarse a la medicina. Para materializar esa vocación Ingresó en la Facultad de Ciencias Médicas de La Plata.

    Cuentan que pasaba largas horas en el hospital y que, a poco de andar, se interesó por las operaciones cardiovasculares. Se graduó en 1949. Su destino fue marcado por la carta de un tío que vivía en una pequeña localidad pampeana, en medio de una inmensidad de arenisca y vientos implacables. El pueblo se llamaba Jacinto Aráuz, y por entonces tenía unos 3.500 habitantes. Allí se estableció Favaloro, recién recibido.

    El doctor René Favaloro era sumamente manso, bondadoso, y firme en sus convicciones.

    Eduardo Galeano escribió un cuento donde describe a la perfección la figura de este joven médico rural. “René Favaloro, el único médico de la comarca, también era un todero. Con los pocos instrumentos que tenía y los remedios que encontraba, oficiaba de cardiólogo, cirujano, partero, psicólogo y especialista en todo lo que se necesitara componer”, caracterizó.

    Su hermano médico, también se instaló en Jacinto Aráuz y juntos lucharon contra la desnutrición y mortalidad infantil. Pronto, la miseria del pueblo comenzó a disiparse.

    En paralelo, Favaloro viajaba con frecuencia a La Plata para continuar un perfeccionamiento en cirugía cardiovascular. Así, un día, tras 12 años de medicina rural y a pesar de su escaso dominio del inglés, logró establecerse en Cleveland, Estados Unidos. Una década duró aquella aventura. Allá, como parte de un equipo de cirugía dedicado a intervenciones cardiovasculares, empezó a imaginar lo que luego se llamó bypass aortocoronario.

    El aporte fue de tal magnitud que, desde ese momento, el procedimiento se aplicó en millones de operaciones en distintas partes del mundo.

    Compromiso

    Por cierto, Favaloro pudo haberse radicado definitivamente en Estados Unidos. Ofertas laborales no le faltaron, pero resolvió volver a la Argentina, donde escribió decenas de tratados y libros.

    En la saga de eventos destacados aparece que en 1975 creó una Fundación sin fines de lucro, dedicada a facilitar el acceso de las personas a las intervenciones cardíacas; y que en 1998 completó el proyecto con la creación de una universidad que lleva su nombre. “El acto médico debe estar rodeado de dignidad, piedad cristiana, sacrificio y renunciamiento”, proclamaba Favaloro, al completar con una sentencia inequívoca: “Sin compromiso social, mejor no vivir”.

    Y entonces, en el punto más alto de su reconocimiento social, este hombre sencillo advirtió que la tarea de extender la vida de los seres humanos, que padecían problemas de salud, se completaba si existían políticas públicas que, en un sentido integral, procuraran los mismos objetivos.

    Así, en lugar de disfrutar las ventajas del éxito profesional, Favaloro aprovechó cada ocasión que tuvo ante los medios de comunicación para desplegar una perspectiva crítica hacia los efectos de la desigualdad social, la pobreza y la violencia, en Argentina y en América Latina.

    “No puede haber democracia sin educación”, decía. “El hombre cuanto más libre y educado, más democrático será”, proclamaba. Se podían advertir en esas opiniones que su experiencia familiar y su paso por Jacinto Arauz no habían sido en vano.

    Una de las personas que disfrutó de su amistad fue el narrador costumbrista y humorista Luis Landriscina. En más de una ocasión, Landriscina homenajeó a Favaloro. “Me decía el doctor que su abuela le había enseñado a ver vida y belleza hasta en una rama seca”. La caracterización ayuda a hacerse una mejor idea del prestigioso cardiólogo.

    Crisis

    Con los años, la estructura de la Fundación Favaloro fue aumentando; y con ella, sus gastos fijos. Este crecimiento se convirtió en una trampa, apenas la economía argentina entró en una de sus tantas crisis. Favaloro buscó respuestas en el gobierno de turno, pero no las encontró. El 29 de julio del año 2000, los medios de comunicación informaban que se había quitado la vida.

    Por fuera de la triste noticia, quedó para la historia su obra, su ejemplo, y la fascinación que sintió por el General San Martín. Dos libros escribió en honor al Libertador: ¿Conoce usted a San Martín?, en 1987; y La memoria de Guayaquil, en 1991, sobre la entrevista que mantuvo con Simón Bolívar.

    En referencia a San Martín, dijo Favaloro: “Su vida fue, sin ninguna duda, la demostración más acabada de que todo, absolutamente todo aquello que queremos y pretendemos alcanzar y desarrollar, se consigue a través del esfuerzo”.

    Es destacable que una persona cuya vida y trayectoria ha sido estudiada por miles, tenga en lo más profundo de su corazón la inquietud de investigar sobre otro referente; en este caso, José de San Martín. Acaso este dato sea la comprobación de que, por un lado, todos necesitamos una guía, una especie de faro en medio de la travesía; y, por el otro, la demostración de que el doctor Favaloro, pese a su renombre, estaba despojado de vanidad y prefería inscribir sus prácticas no en la autorreferencia sino en una figura sublime como la de San Martín.

    Hacer memoria

    La autora produjo esta pieza en el marco del Taller de Producción Radiofónica del Departamento de la Mediana y Tercera Edad, que funciona en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Uner.

    El objetivo de los trabajos fue recuperar hechos, lugares y personajes significativos para las talleristas que, ante una propuesta de EL DIARIO, accedieron a adaptar sus producciones para que pudieran ser publicadas en un nuevo formato.

    EL DIARIO considera que la puesta en valor de estos relatos es una forma de construir ciudadanía, mientras colabora con la tarea de resignificar la historia nuestra.

     

     

     

     

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