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    La producción de alimentos, desde la mirada decolonial

    La incorporación de una perspectiva filosófica desde donde abordar la producción de alimentos enriquece la formación ingenieril tradicional, muchas veces circunscripta a cuestiones técnicas e instrumentales. Así, la reflexión sobre las implicancias locales de postulados como la soberanía alimentaria, contextualiza mejor los procesos y jerarquiza las decisiones de las personas, las comunidades y los gobiernos sobre semejante asunto.

     

     

    Redacción EL DIARIO / [email protected]

    Con la bandera en alto de la soberanía alimentaria, la Facultad de Ciencias de la Alimentación de la UNER, viene desarrollando una serie de acciones tendientes a revalorizar la producción de cercanía.

    En ese sentido, la Secretaría de Extensión Universitaria de esta unidad académica ubicada en Concordia, alentó la organización de una charla abierta a la comunidad en la que el tema fue abordado de un modo particular. Efectivamente, la actividad se enfocó en aristas vinculadas al pensamiento crítico latinoamericano, y el derecho ambiental, sin perder de vista la relación entre los hombres y el medio ambiente en general, con la producción y consumo de alimentos en particular.

    El profesor de Letras, Mauricio Amiel, fue uno de los que estuvo detrás de esta iniciativa. Él se desempeña como docente en la Escuela Secundaria Técnica que depende de la Facultad. Hace unos 10 años integra un colectivo dedicado al estudio y difusión de la Filosofía latinoamericana.

    A partir de su incorporación en ese espacio interdisciplinario surgido en la UBA, Amiel constituyó otro, que se llama “Pensar desde acá”. Con un grupo de colegas de diversas disciplinas y profesiones, organizaron estas primeras charlas referidas a los alimentos que se consumen a diario, desde “una perspectiva decolonial y ambiental”.

    EL DIARIO lo entrevistó porque quiso saber cuáles son los principales lineamientos de esta perspectiva. “La Facultad tiene una escuela secundaria técnica, donde soy profesor desde que se fundó, en 2016”, dijo Amiel, al detallar que presentó un proyecto a la Secretaría de Extensión, sobre la soberanía alimentaria y fue bien recibido. “Realizamos este ciclo de charlas en conjunto con Gabriela Pérez, abogada especializada en Derecho Ambiental, y además especializada en mediación familiar, comunitaria y ambiental”, comentó el entrevistado.

    La UNER habilita el debate sobre la alimentación, los modos de producir y de vincularnos con la naturaleza.

    Matriz

    Al ser consultado sobre los fundamentos de su enfoque, el docente explicó: “la perspectiva de la decolonialidad sirve para pensar lo que se llama el sur global y las cuestiones políticas, sociales e históricas de Latinoamérica y del mundo que, de diferentes formas, plantea que el relato moderno europeo está atravesado por la oscura experiencia de la colonialidad”. Luego, completó al decir que “ese vendría a ser el fundamento por el cual la modernidad funciona, lo que implica la supresión de las diferencias”.

    En ese sentido agregó que, desde su grupo de referencia, siguen la producción teórica del antropólogo y filósofo argentino Rodolfo Kusch que, entre otras cosas, “se propuso encontrar las características de un pensamiento auténticamente americano”. Amiel, aprovechó para recordar que “en 2022 se cumplen 100 años del nacimiento de Kusch, que realizara profundas investigaciones de campo sobre el pensamiento indígena y popular americano, como base de su reflexión filosófica”.

    Con la charla abierta intentaron echar luz sobre “cómo esa matriz moderna colonial atraviesa la producción de alimentos y nuestra relación con la naturaleza”. Para ello debieron desplegar y delinear una serie de aspectos como “la colonialidad del poder, la colonialidad del saber, así como la del ser y la de la naturaleza”.

    Modelos

    En ese recorrido, el entrevistado comentó que la mirada colonial del poder “tiene que ver con la división internacional del trabajo en la que los blancos ocupan un lugar de jerarquía por sobre los afros e indígenas. Eso a su vez está íntimamente relacionado con la colonialidad del saber porque esas entidades subalternizadas son descalificadas en sus conocimientos y ahí se instala el discurso de la ciencia como legitimante de lo que es un conocimiento válido o no”.

    Ante una pregunta, indicó que “en cuanto a la colonialidad del ser, aparece la descalificación de las ontologías diferentes de esa matriz ligada al ser moderno, blanco, racional, varón, y heterosexual”. Para el especialista, “cualquier ser que esté por fuera de esa norma, sufre consecuencias y las más graves son los genocidios. La colonización de América, fue el más grande de todos”.

    Luego brindó más detalles sobre la concepción de la naturaleza heredada de la modernidad. Fue entonces cuando explicó que, “implica un modo de relacionarse con la totalidad del mundo desde la superioridad del humano, no desde un vínculo de relacionalidad, como planteaba casi la totalidad de las culturas ancestrales”.

    Desde esta cosmovisión, “el hombre forma parte de la naturaleza y está convidado a vivir en armonía con ella”. Por el contrario, la mirada moderna impone la idea de que “el humano está en un lugar de dominación y la naturaleza es objeto de su poderío, perspectiva que está llevando a la devastación de la Tierra”.

    Durante la charla, abundaron los intercambios entre docentes y asistentes. En una de las intervenciones se llamó la atención sobre “la cuestión de la alimentación, la propia relación con la naturaleza y en cómo la producción de alimentos en la actualidad está pensada desde una perspectiva mercantilizada y no desde la satisfacción de una necesidad y de un derecho”.  En el ir y venir de impresiones, se compartió una observación inquietante: “hoy se producen toneladas de alimentos que tienen más valor de commodity o mercancía, que de uso”.

    Los laboratorios de la universidad, abiertos a las inquietudes de la sociedad.

    Prácticas alternativas

    Al cuestionamiento al modelo hegemónico de producción, el entrevistado contrapuso un par de alternativas que desde la Facultad se vienen promoviendo, y a las cuales valoró. En efecto, desde Ciencias de la Alimentación fomentan y buscan fortalecer las cadenas de producción más cercanas, el comercio justo, las economías populares, las ferias agroecológicas, los mercados populares y la creación de cooperativas de pescadores.

    Precisamente, este tipo de charlas no son habituales en la formación de ingenieros en Alimentos o en Mecatrónica, algunas de las carreras que se dictan en aquella unidad académica. Por ello, tal vez, fue muy bien recibida por los estudiantes. Es que la formación que prima “es más bien técnica y no hay tantos espacios para pensar presupuestos filosóficos y éticos detrás de la producción de alimentos”, resaltó Amiel, al tiempo que dijo que piensan darle continuidad a estos conversatorios.

    Hay aportes de las culturas ancestrales que pueden enriquecer la perspectiva sobre la producción de alimentos.

    Revalorizar lo nativo

    Una de las tantas iniciativas de la Facultad de Ciencias de la Alimentación -junto con la de Bromatología, de Gualeguaychú-, que pone el ojo en la producción local, es el proyecto que busca aprovechar y poner en valor el fruto de la palmera Butia yatay que abunda en la costa del río Uruguay.

    Se trata de una propuesta, financiada por el plan nacional Ciencia y Tecnología contra el Hambre, que está abocada a generar alimentos e ingredientes que impulsen la vinculación del sector científico-tecnológico con las localidades de las márgenes del río Uruguay. Para esto, desde Ciencias de la Alimentación y Bromatología, se está trabajando en diferentes talleres y actividades para la obtención de jugo y pulpa de frutos de la palmera para elaborar bebidas, buscando fortalecer las economías regionales, implementando tecnologías sustentables de producción de alimentos y aplicando el concepto de economía circular.

    Cabe añadir que el fruto de la palmera Butia yatay que hay en aquella región, es de sabor ácido-dulce e intenso, con diversos compuestos como polifenoles, carotenos, vitaminas y minerales. A diferencia del que se obtiene en otros países, es muy fibroso, por lo que es necesario tratarlo previamente para diversificar los productos que hoy se elaboran.

    Hace poco se hizo un encuentro con el objetivo de poner en común técnicas apropiadas para una cuidada y eficiente obtención de jugo y pulpa de este fruto nativo, que posee importantes características nutricionales para el desarrollo de alimentos.

    Entre los actores involucrados, se encuentran: el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria Concordia, la Red Palmar Argentina, el Parque Nacional El Palmar, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, la Cooperativa El Colmenar, representantes de Ubajay y del proyecto de adaptación al cambio climático Río Uruguay.

    Las actividades se llevan a cabo en el marco de los Proyectos de Investigación y Desarrollo “Valorización del fruto nativo Butia Yatay para el desarrollo de ingredientes y alimentos dulces alternativos, contribuyendo al crecimiento económico de la provincia de Entre Ríos”, y que pertenece a la convocatoria: Ciencia y Tecnología contra el Hambre, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, (MINCyT), y el Proyecto de Tecnología para la Inclusión Social, “Ahora yatay: Innovación técnica y organizacional en el buen uso de la palmera Butia yatay”, obtenido por la Cooperativa El Colmenar.

    Con el fruto de Butia yatay, se están desarrollando jugos, dulces y también harinas.

    Sello local con garantías

    La infraestructura de laboratorios de última generación instalada en la Facultad de Ciencias de la Alimentación, suele ser aprovechada al máximo por esta institución, también poniendo en práctica y atendiendo los presupuestos de lo local. Desde el proyecto denominado “Aportes al Sistema Participativo de Garantías para la Producción Frutihortícola de Concordia”, y de las actividades que viene realizando el Consejo Asesor Agroecológico Municipal, del cual esta unidad académica forma parte, se empezaron a hacer análisis microbiológicos en hortalizas, agua y de residuos de pesticidas a productores agroecológicos de Concordia.

    Los análisis, que comenzaron en 2021 de la mano el Laboratorio de Microbiología y Biotecnología de Alimentos de la Facultad, apuntan a recolectar diferentes resultados de modo que productores y consumidores puedan diferenciar de manera fehaciente, a través de un sello de calidad, los alimentos cultivados por representantes de la agricultura familiar local, sin agroquímicos y respetando el medio ambiente.

    Herramienta

    En este contexto, estudiantes y docentes de la Tecnicatura Superior en Tecnología de Alimentos, visitaron distintas unidades productivas y tomaron muestras de hortalizas agroecológicas de la ciudad para analizarlas microbiológicamente. Estas visitas y análisis, vale reseñar, forman parte de trabajos prácticos, con el fin de curricularizar la extensión, es decir, que las actividades formen parte del plan de estudios de las carreras.

    A su vez, el proyecto de articulación territorial se conecta con el Sistema de Garantías Participativas, que está enmarcado en la Ordenanza Municipal N° 36.909 de Fomento a la Producción Agroecológica y Sustentable Rural y Urbana aprobada en 2019 por el Concejo Deliberante de Concordia.

    El sistema en sí constituye un potencial instrumento para certificar las producciones agroecológicas de la región ya que los productores locales tras cumplimentar una serie de pasos, adhieren al registro y pueden obtener el sello de calidad, seguridad alimentaria y garantía de lo que ofrecen.

     

     

     

     

     

     

     

     

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