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    La conjura y salvaje asesinato de Cipriano J. de Urquiza

    Entre los sucesos que los estudiosos no han logrado dilucidar aún, se encuentra el complot y asesinato de quien ejercía como gobernador delegado, Cipriano de Urquiza, hace 178 años. Se conocen sí las circunstancias inmediatas y los ejecutores directos, pero no los instigadores ni se ha logrado precisar en qué plan se inscribía el magnicidio.

     

    Rubén I. Bourlot / [email protected]

     

    A las dos de la tarde del 26 de enero de 1844, una partida de cincuenta desertores capitaneada por Pedro Martínez (a) Rodas, atacó la casa en que residía accidentalmente el gobernador delegado Cipriano J. de Urquiza, ubicada frente a la plaza principal de Nogoyá.

    Después de defenderse y de ser herido, Urquiza logró huir hacia la calle en donde fue alcanzado por los asesinos que lo acribillaron balazos y hachazos, y finalmente terminaron ahorcándolo.

    Eran tiempos convulsionados en Entre Ríos. El gobernador propietario Justo José de Urquiza había delegado en su hermano mayor los asuntos de gobierno, ni bien asumió para reemplazar a Pascual Echagüe, puesto que los asuntos de la guerra contra el bando unitario lo tenía ocupado.

    A fines de 1843 el gobernador comisionó a Cipriano para que se trasladara a Nogoyá con el objetivo de reclutar tropas, entre otras una partida de desertores que habían negociado un indulto. Hasta allá partió con una pequeña escolta de 25 hombres. Se instaló en una casa de azotea cercana a la plaza con solo dos habitaciones, una acondicionada como dormitorio y la otra para el despacho.

    El desertor Pedro Martínez, apodado Rodas, se arrimó a Nogoyá luego de entrevistarse con Justo José de Urquiza y recibir el indulto. En el lugar hizo buenas migas con los miembros de la escolta para, luego se supo, planificar el atentado con la ayuda de algunos efectivos de la guardia que se habían unido al complot.

     

    El asesinato

    El 26 de enero a la mañana la calma veraniega se había apoderado del pueblo de 2.000 habitantes que emergía en medio de los montes del Montiel. Cipriano estaba en su despacho ocupado en los quehaceres burocráticos. Confiado había licenciado a parte de su guardia. Pero en los alrededores, en la espesura de los montes circundantes, había una actividad febril. Tras el almuerzo sucedió la siesta obligada para sortear los avatares veraniegos de la Solapa. De pronto todo estalló. Desde los montes una partida comandada por Martínez en compañía de Celestino Pereyra, José Antúnez, Quintín Niz, José Rueda y otros ingresó desde la espesura y se dirigió a la residencia del gobernador delegado. Cuando escuchó la estampida de jinetes que ingresaba por los fondos de la residencia Cipriano llamó a los pocos escoltas que lo acompañaban y tomó su espada dispuesto a defenderse.

    La policía local, unos seis efectivos al mando de Francisco Candioti, solo atinaron a ponerse a salvo huyendo a los montes. Los salteadores ingresaron y capturaron a varios de los moradores, en tanto Rodas desde la calle reclamó la presencia de Urquiza con la promesa de respetarle la vida. Confiado en su palabra Cipriano se apersonó ante el jefe de la partida quién no dudó en atacarlo a balazos y herirlo. Ante esto corrió para intentar refugiarse en la iglesia perseguido por Tomás Pereyra y Aniceto Álvarez que con sus manos y un hacha lo ultimaron.

    En el panteón de la familia de Ruiz Moreno, en Concepción del Uruguay, yacen los restos de Cipriano de Urquiza.

     

    Cipriano, el hermano mayor

    Cipriano era el hijo primogénito de José de Urquiza y hermano de Justo José. Había nacido en la estancia La Centella en 1789. Se destacó como un eficiente administrador, además de sus conocimientos de leyes, que colaboró con las primeras gestiones de gobierno de la provincia de Entre Ríos. En 1816 ocupó la Administración General de Entre Ríos en tiempos de la hegemonía de Artigas y continuó cuando Francisco Ramírez asumió la Comandancia General en 1818.

    Tras la ruptura con Artigas y la creación de la República de Entre Ríos por parte de Ramírez, Cipriano de Urquiza fue el comisionado para redactar el reglamento del orden económico y luego ocupó la cartera de Hacienda (Ministro General) de la efímera República. También fue redactor de la Gaceta Federal, el primer periódico que circuló en la provincia editado por la imprenta que había traído el chileno José Miguel Carrera.

    Tras la muerte de Ramírez, el gobernador Lucio N. Mansilla inició una persecución artera contra los partidarios del caudillo, y contra Cipriano le imputó varios delitos por administración fraudulenta que finalmente resultaron falsas. En esas circunstancias los ramiristas pasaron a la resistencia protagonizando varios levantamientos contra el gobernador que consideraban un intruso manipulado por los gobiernos de Buenos Aires y Santa Fe. Varios de los complotados fueron apresados y otros debieron partir al exilio en Santa Fe y Paysandú; uno de ellos era Cipriano de Urquiza. Reivindicado tras la finalización de los gobiernos de Mansilla ocupó varios cargos legislativos.

    En tanto en 1829 contrajo matrimonio en primeras nupcias con María Teresa López Jordán, media hermana de Ramírez.

    En 1840 el entonces gobernador Pascual Echagüe lo nombró como su delegado, cargo que volverá a ocupar a partir de 1842 cuando asumió la gobernación su hermano.

     

    Los motivos del magnicidio

    Este luctuoso suceso nunca fue aclarado totalmente. Los autores materiales fueron apresados, juzgados y condenados a muerte. El propio gobernador se hizo cargo de la ejecución de los penados menos uno. El cabecilla llamado Rodas logró salvar el pellejo exiliándose en Santa Fe.

    Respecto a los motivos del hecho Martín Ruiz Moreno, en su “Contribución a la Historia de Entre Ríos”, se pregunta: “¿Quién fue el principal autor de esa conspiración y asesinato?”, para responderse: “Hasta hoy no hemos podido hallar la prueba, que no deje lugar a ninguna duda”.

    El general Urquiza acusó -hoy podríamos decir “mediáticamente”- del hecho al entonces gobernador de Santa Fe que había sido su antecesor en la provincia, Pascual Echagüe, y al gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas. En tanto los diarios porteños partidarios de Rosas difundieron la hipótesis de que la autoría del hecho fue maquinada por los hermanos correntinos Juan y Joaquín Madariaga, que habían invadido la provincia.

    Tres décadas después idéntico destino tuvo su hermano Justo José.

    Una placa en la esquina de Nogoyá donde cayó muerto y una sala del Archivo general de Entre Ríos lo recuerdan. Su dilatada y fructífera trayectoria merecerían una mayor visibilidad. Su bisnieto Eduardo de Urquiza (murió en 1944), en su libro Antecedentes biográficos de Don Cipriano de Urquiza, se lamentaba que “a la fecha, ningún sitio público, ninguna escuela recuerda su nombre. Las autoridades públicas lo han olvidado”. Hoy sigue más o menos igual.

     

    Para seguir leyendo

    Bibliografía a consultar

    Bascourleguy, et. Al (2007). Federales olvidados, Ediciones del Clé, Paraná.

    – Más temas sobre nuestra región en la revista digital Ramos Generales, disponible en http://lasolapaentrerriana.blogspot.com/

     

     

     

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