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    Chacho Manauta en las tierras blancas

    El escritor entrerriano nació en Gualeguay, el 14 de diciembre de 1919. Es autor de la novela “Las tierras blancas” que fue llevada al cine por Hugo del Carril (1959). También publicó “La mujer de silencio” (1944) y “Los aventados” (1952), entre otros libros.

     

    Roberto Romani / [email protected]

    El 9 de diciembre de 2008, Juan José Manauta le contó a Silvina Friera, de Página 12: “Nací en una escuela; mi madre era directora de una escuela infantil suburbana. Todos los días tenía en mi casa treinta o cuarenta chicos a la mañana y otro tanto a la tarde con los cuales convivía. Eran chicos de las tierras blancas, del suburbio, a los que había que darles de comer… Los chicos que vivíamos en el pueblo íbamos a jugar al fútbol con los chicos que vivían en ese rancherío. Ellos jugaban descalzos”.

    Nacido en Gualeguay, el 14 de diciembre de 1919, antes de cumplir los 20 años se radicó en La Plata, y obtuvo en 1942 el título de profesor en Letras.

    Trabajó en una imprenta, en un aserradero, fue corrector de pruebas y periodista. Decía que las primeras evocaciones de su pueblo natal estaban ligadas al “empedrado infernal de sus calles. Unas cuatro o cinco cuadras de granitullo. Recuerdo bien la Plaza San Martín. Cerca de esa plaza vivían mis abuelos. Pero el gran recuerdo es el río”.

    Yo accedí a “Las tierras blancas” (1956) cuando tenía 15 años, y desde entonces me conmueven sus personajes.

    “La niña y Odiseo traspusieron la puerta falsa del regimiento y salieron hacia la calle ancha. Salieron, en silencio, a la hora ardiente de la siesta, ensoñada en la quejumbrosa melancolía de las palomas, cuyo canto sólo de dos notas en contrapunto, repetido hasta la monotonía, colmaba el aire quieto y era el único signo viviente de un contorno a muchas cuadras a la redonda”.

    Antes de esta novela, llevada al cine por Hugo del Carril (1959), Chacho Manauta había publicado “La mujer de silencio” (1944) y “Los aventados” (1952).

    Posteriormente, vieron la luz “Papá José” (1958), “Cuentos para doña Dolorida” (1961), “Los degolladores” (1980), “Disparos en la calle” (1985), “Mayo del 69” (1985), “Colinas de octubre” (1995), “El llevador de almas” (Antología, 1998) y “Cuentos completos” (2006), publicado por la Editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos, institución que además lo declaró Doctor Honoris Causa, en 2012.

    Eternidades

    Distinguido por la Sociedad Argentina de Escritores, le confió a Horacio Palma (El Día de Gualeguay), en abril de 2007: “Siempre pienso en la muerte como algo natural de la vida. Todo lo que nace tendrá que morir. Antes de nacer hubo una muerte. Vivimos entre dos eternidades, esa en la maravilla de los seres vivos. Yo no le tengo miedo a la muerte, mi miedo es que la muerte me encuentre con un cuento a medio terminar”.

    En 1948, Juan Laurentino Ortiz sintió que la elegía de Manauta estaba “en el drama silencioso de los desheredados. Pero es una elegía viril y cruzada de esperanza”.

    Siempre me emocionó leerlo y escucharlo. Dos veces pude decirle que lo admiraba profundamente.

    Murió en Buenos Aires, el 23 de abril de 2013, a los 93 años. El sábado 4 de mayo, familiares y amigos esparcieron sus cenizas sobre el río Gualeguay, desde el viejo Puente Pellegrini.

    Su hija, Leticia, dijo entonces: “Mi padre vivió mucho y vivió bien, rodeado de cariño. Él quería descansar en el río, que está absolutamente presente en su obra. Mi padre quiso volver al río, que es como volver a la vida”.

     

     

     

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