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viernes, mayo 20, 2022
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    Pensar en política, a través de un viaje para explorar las fuentes

    A contrapelo de las modas que desdeñan lo pasado, Celomar Argachá comparte el resultado de un trabajo minucioso de documentación con el que construyó una memoria del radicalismo entrerriano hasta 1914. Orgulloso exponente de “La Histórica”, el investigador cuenta con una obra por cierto respetable. Además, ha sido diputado provincial y presidente del CGE.

     

    Redacción EL DIARIO

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    Las tres décadas que siguieron a la sanción de la Ley Sáenz Peña (la que consagró el voto universal, secreto y obligatorio) significaron para Entre Ríos un período de consolidación, modernización y despegue, a través de la incorporación de instituciones públicas aún vigentes y la sanción de una constitución considerada brillante en los aspectos doctrinales, avanzada para la época.

    Ese lapso fue estudiado y analizado con fervor por investigadores renombrados, en virtud de que, en un contexto general de fraude patriótico y administraciones conservadoras y corrompidas, Entre Ríos se comportó como una verdadera isla.

    Pero los equipos y dirigentes que dominaron la escena política provincial por entonces, no surgieron de manera espontánea o azarosa, sino que se consolidaron desde una identidad partidaria clara: la Unión Cívica Radical. He allí el primer mérito de la obra de Celomar Argachá, “Origen, fundación y evolución de la UCR hasta 1914”: rearmar el mosaico del que emergió la cultura política que precedió a los elogiados gobiernos del ciclo 1914-1943, a partir de investigaciones puntuales previas, de documentos comiteriles, de papeles guardados en recónditos rincones familiares y de amarillentas publicaciones en diarios (muchos de los cuales ya no circulan).

    La reciente edición que ha estado presentando durante 2021 es una ampliación de una indagación también suya sobre la historia del partido radical y sus dirigencias hasta 1891. “Ahora el objetivo fue ampliar ese trabajo original y llevarlo hasta 1914, que es cuando llega por primera vez el partido radical al gobierno de la provincia con Laurencena”, le dijo Argachá a EL DIARIO.

    El segundo atractivo de la investigación es que se produce en un momento en que se ha vuelto moneda corriente condenar a la actividad política en general y a los partidos en particular, acusándolos de ser responsables de los males del país. En períodos convulsionados, nada mejor que un regreso a las fuentes para ver desde aquellas coyunturas caminos posibles para reconstruir lo que parece en ruinas: la actividad de los partidos en tanto formadores de los grupos dirigentes.

    A continuación, el resultado del intercambio de preguntas y respuestas.

    –¿A qué se debe el interés suyo por contar esta parte de la historia del radicalismo de Entre Ríos?

    –Mi interés se despertó originalmente en un Congreso organizado por la Academia Nacional de la Historia en Santa Fe y Paraná donde un expositor, cuyo nombre no recuerdo, señaló que hay numerosos trabajos sobre la historia de los partidos políticos nacionales, como el radicalismo, el socialismo, el peronismo o el conservadorismo y escasos o nulos sobre el origen, evolución, primeros dirigentes y comités de partidos políticos provinciales, dependientes incluso de esos mismos partidos a nivel nacional.

    Sabemos que existen algunas investigaciones de ciertas agrupaciones regionales de distintas jurisdicciones del país, por ejemplo, del Bloquismo, lo que no modifica el diagnóstico general.

    Sobre el radicalismo entrerriano en su evolución histórica como tal no hay investigaciones de estas características, pero destacamos algunos trabajos dentro de la bibliografía de nuestra obra, realizada por algunos estudiosos que resaltan aspectos puntuales o parciales del partido dentro de la historia general, más allá de que no sea asumida en su totalidad.

    –¿Por ejemplo?

    –Debo nombrar a Filiberto Reula en “Historia de Entre Ríos”, con sus tres tomos; Beatriz Bosch en su “Historia de Entre Ríos” y también trabajos de Griselda Liliana De Paoli de Bellmann Eguiguren, Enrique Pereira e Isidoro Ruiz Moreno, entre muchos otros.

    Todo eso me llevó a tratar de encarar esta labor, que tiene algo de artesanal, por cierto, ya que se trata de reunir partes que hasta ahora estuvieron disgregadas.

    Quiero aclarar que esta vacancia en cuanto a investigaciones integrales sobre la historia del radicalismo entrerriano no se debió a falta de interés de nuestros intelectuales o historiadores en particular, sino que no ha sido en general una preocupación de los militantes, porque los partidos en Argentina son pocos y apenas superan los 100 años de vida.

    Además, debe existir cierta proyección histórica para realizar trabajos con objetividad y eso sólo lo suele otorgar el paso del tiempo.

     

    POR CAPAS

    –De a poco se fue construyendo el libro…

    –Arrancamos de estas investigaciones ya citadas. La ardua tarea consistió en integrarlas y organizarlas desde la perspectiva de la evolución específica del partido en Entre Ríos. Para decirlo claramente, la documentación requerida estaba un tanto dispersa y a la vez resultó originalmente escasa.

    Por supuesto, siempre es mejor ese escenario que partir absolutamente de cero. Se fue armando una peculiar bola de nieve, como suele ocurrir en estos casos: en base a algunas referencias y datos, fui tomando nota y, después, decidí encarar la parte de la investigación más profunda. Fue allí, en realidad, donde encontré problemas, que traté de subsanar para dar coherencia al trabajo en el espacio y en el tiempo.

    –¿Fue sencillo encontrar las fuentes documentales?

    –Las fuentes documentales partidarias son pobres, diría pobrísimas. Visité numerosos comités de los distintos departamentos y realmente me encontré con un vacío extraordinario en este sentido.

    No hay bibliotecas, no hay libros de actas sobre la fundación del partido ni de las reuniones o de las opiniones de sus dirigentes. Al preguntar sobre ese aspecto en general recibí casi la misma respuesta: los reiterados golpes militares obligaban a militantes y directivos partidarios a llevar toda la documentación a sus domicilios. Lo que sucedía es que los partidos eran intervenidos, las Fuerzas Armadas allanaban los locales, retiraban los libros y documento, que luego naturalmente nadie regresaba.

    También los militantes, temerosos de ser arrestados, repartían dichos libros de actas en varias viviendas, sin otro criterio que sea encontrar el sitio más seguro en un contexto de persecución lisa y llana. Cuando volvía la normalidad democrática, siempre regresaban menos documentos: algunos se extraviaban; en otros casos, sus familiares, desconociendo la importancia de lo que contenía, los daban de baja.

    Es triste, pero forma parte de un ciclo histórico del que no siempre se tiene claridad, sobre todo entre aquellos que nacieron luego de 1983. De manera que el trabajo, más allá de lo formal, fue también de restitución de una memoria que estaba condenada al olvido.

    CRITERIOS

    –¿Cómo realizó la investigación como tal?

    –Me resultó de fundamental importancia -para rearmar los primeros momentos del partido y la creación de las primeras agrupaciones y comités- los diarios, periódicos, revistas, y suplementos culturales de algunos órganos provinciales. A partir de allí, comencé a narrar los primeros 25 años del radicalismo.

    Por supuesto que, más allá del aporte que intenta hacer, considero que mi trabajo aún es incompleto. Es sólo el inicio. Espero, francamente, que en el futuro se conforme un grupo interdisciplinario que trabaje en dicho sentido, porque hacerlo en soledad es tedioso, leyendo diarios de hace cien años y después de meses de lecturas apenas encontrar algún dato de interés.

    He investigado también en distintos repositorios, museos y archivos públicos y privados que son señalados en la bibliografía y la documentación a la que hemos accedido oportunamente, y que se pueden ver en la obra publicada.

    –¿Lo hallado fue corroborando impresiones que ya tenía o encontró aspectos novedosos?

    –Realmente me pareció todo novedoso porque había poco material al respecto. Lo que me sorprendió, algunas veces, fue leer los nombres de algunos personajes de los primeros tiempos, que abrazaron el Partido Radical y que luego se apartaron, conformando otros partidos para volver después a las filas que abandonaron; y además otros dirigentes que ocuparon cargos expectables en el conservadorismo y luego dentro del radicalismo. Prefiero no dar nombres. Debemos recordar que fue el primer partido político de la Argentina y su dirigencia surgió como la oposición a los gobiernos corruptos, fraudulentos y nepotes que habían caracterizado especialmente las décadas precedentes en la Nación y en la Provincia.

    Aportes

    –¿Qué utilidad histórica y política cree que tiene escribir sobre el origen y evolución de la UCR entrerriana hasta 1914?

    –Creo que todo militante y afiliado a un partido debe conocer su historia y espero que este primer peldaño sirva a ese objetivo. A través de su lectura se puede ver con cierta claridad la ideología del radicalismo, las causas de su origen, las luchas de las que participó, y también sus avances y retrocesos.

    He tomado la evolución del partido hasta 1914 por una razón sencilla. Desde ese año el radicalismo llega al poder y varios historiadores con mucha capacidad, conocimiento, estadísticas y acceso a una gran documentación han realizado trabajos importantes sobre los gobiernos radicales desde 1914 a 1943. Pero sobre el contexto preliminar estaba casi todo por hacer.

    Respecto de la contribución del radicalismo a la historia de esta provincia, recordemos que Beatriz Bosch llama a ese período histórico de la política entrerriana como “el lirio blanco” de la república por cuanto se respetó el sistema republicano del poder, hubo elecciones libres cada 4 años, sin fraude ni proscripciones, con absoluta libertad de prensa, sin persecuciones, etc.

    Mientras, en el país reinaba el “fraude patriótico”, con el slogan “se vota mal pero se elige bien”, sentencia que fue repetida y aplicada en muchas provincias.

    En perspectiva

    –¿Cómo inscribe este libro en la panorámica de su producción investigativa?

    –Asumo que puede ser llamativo que alguien escriba sobre la política, los políticos, sus ideas, etc., en una época donde está muy devaluada esta práctica en el interés de la gente. Creo que debemos recuperar rápidamente la convicción de agruparse y luchar por una sociedad mejor porque el hombre es un animal político y no puede existir un país sin actores políticos y sobre todo sin partidos políticos.

    Incluso algunos están poniendo en duda a la democracia como forma de gobierno y miran a las autocracias como modelo, abandonando nuestra formación cultural y las más nobles tradiciones que le han permitido progresar a las mayorías.

    Lo novedoso es también que alguien decida publicar lo que se escribe al respecto. Por ello debo agradecer a Fabián Dulio Rogel, no sólo por interesarse sobre el tema sino por imprimirlo y por escribir un prólogo lleno de mensajes y alertas políticas que enriquecen la lectura.

    También aprovecho para agradecer profundamente a Griselda Liliana De Paoli de Bellmann por su interés y generoso elogio. Sin dudas, sus consejos me permitieron mejorar la publicación final.

    Repercusiones

    –¿Ha tenido devoluciones de los lectores?

    –Sobre las repercusiones no puedo y no quiero hacer el papel de un comentarista. Puedo decir que en las distintas presentaciones que se hicieron en la provincia la obra despertó mucho interés y una numerosa asistencia de amigos, afiliados, militantes y público interesado.

    Casi todo se hizo con los recaudos necesarios dentro de la pandemia que aún soportamos. En Concepción del Uruguay se presentó en la Universidad de dicha ciudad, con asistencia de mucho público y he recibido numerosas muestras de interés sobre algo poco conocido.

    He escrito muchas hojas sobre un tema específico dentro de la historia del radicalismo entrerriano. Lo enuncio simplemente, aquí. Es habitual que el partido sea presentado como un sucedáneo del jordanismo y, contra la opinión de la mayoría de los estudiosos del tema, trato de mostrar y demostrar que no es así.

    Finalizo el trabajo con varias biografías de algunos dirigentes y entre ellas debo destacar una, que puede ser el origen de ese error. Me refiero a la de Ricardo Salvador López Jordán Puig (nieto).

    Sólo me queda expresar mi enorme agradecimiento por esta entrevista y por el interés por la cultura entrerriana que El Diario ha demostrado a través de más de cien años.

     

     

     

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