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    Alameda: El nombre de una calle porta códigos de identidad

    Las idas y vueltas que nombraron en distintos períodos a una misma calle como Avenida Rivadavia o Alameda de la Federación sirven para reflexionar sobre las historias que encierran detalles en apariencia simples, instrumentales, como las denominaciones.

     

     

    Griselda De Paoli / [email protected]

     

    Las calles son uno de los detalles más representativos de una ciudad, piezas ajustadas de un gran rompecabezas que describen un trozo de historia y también son los escenarios de nuestra vida. Paseando, transitando al trabajo, esperando a un amigo, mirando vidrieras, más de una vez nos hemos preguntado cuál es el origen del nombre de esa calle.

    La calle donde nacimos o vivimos, por ejemplo, adquiere el significado grande de lo pequeño, tiene el misterio profundo del sentido de pertenencia, en fin, aquello que empieza a definir nuestra identidad.

    Las calles de un pueblo, de una ciudad, son como páginas de un libro de historia y sus nombres reflejan la manera de ver el mundo de la sociedad que se los ha ido dando.

    Esos nombres recuerdan a viejos vecinos, a próceres, hechos o lugares, y responden a la necesidad de la historia de ir dejando sus marcas. Es la “apropiación” de la memoria que se juega justo en plena calle, al decir de la especialista en Historia oral, Liliana Barela.

    Vinculados los antiguos recuerdos de la vida y de la historia urbana, a los nombres y designaciones de plazas y paseos, hacerlos desaparecer o cambiarlos por otros importa tanto como renunciar a ellos, repudiarlos o desjerarquizarlos. Entonces, evitar que se cambien y recuperar los originales es algo deseable.

    Unir puntos

    Desde el extremo noroeste de la plaza Echagüe (hoy, Plaza Alvear) que se dispuso formar en 1836, en un terreno de Juan Garrigó, conocido como “El Molino”, debía arrancar un camino en línea recta, hasta el puerto principal (Puerto Viejo): se lo llamó “Alameda de la Federación”.

    Pérez Colman da algunos detalles del acto de inicio de los trabajos. “Leídos los bandos por el pregonero y fijado el último de ellos en el centro del lugar elegido para plaza, se procedió a demarcar la calle mediante el instrumento visual fijado en el punto de donde debía arrancar la misma, frente al pórtico del edificio inicial de la Iglesia San Miguel (1822), con dirección a los cuarenta y nueve grados, doce minutos noroeste y a la bandera encarnada que se divisaba entre la arboleda.”

    “A una orden, las hachas comenzaron la dura tarea del desmonte, principiando por una frondosa higuera y siguiendo a lo largo de la nueva vía de comunicación señalada por banderolas, hasta dejarla ‘lisa y limpia’ con la amplitud de veinticuatro varas establecida por la ley.” Su delineamiento estuvo a cargo del ingeniero de la provincia don Juan Bautista André.

     

    Ante los visitantes

    Esta vía pública, se trazó sobre el sendero que abrieron naturalmente las carretas que se trasladaban desde el puerto a la ciudad. Lo decía a su manera Alcides Dorbigny, en su paso por Paraná en 1928. “Ascendí a la cima de la barranca por un camino tortuoso en estado bastante bueno, y una vez en campo raso, vi la ciudad de la Bajada, situada sobre los mismos terrenos llanos y arcillosos, ligeramente inclinados hacia el río, a medio cuarto del río.” Agregamos a esta descripción, la de Woodbine Hinckliff que pasó por aquí más de treinta años después, a fines de 1861. “Subimos a una carreta con bueyes y ascendimos serpeando por la barranca con su acostumbrada lentitud, nos divertíamos charlando con el carretero. Después de llegar a la parte alta, anduvimos de un lado a otro más de una milla sobre un camino muy blanco y cubierto de polvo.”

    La apertura

    La apertura de Alameda de la Federación requirió cuidado y control. Para ello se designó celador a don Miguel Antigue con atribuciones policiales que involucraban, además, el cuidado de la arboleda que es complementada en 1872 con la plantación de ocho cuadras de paraísos a lo que se suma el proyecto de arbolar las cuadras restantes hasta el Puerto. Por este camino se habilitó la circulación del primer tramway de Paraná desde la Plaza Alvear hasta el puerto, en el que un par de años antes se había habilitado un muelle.

    Transformada ya para fines de la década de 1870 en un importante y hermoso paseo público se plantaron eucaliptus, acacias y aromos, complementándose con bancos de madera y hierro.

     

    Mejoramientos

    Esta avenida, vital para la ciudad, tuvo siempre la atención de las distintas corporaciones municipales, razón por la cual, instalada la primera de ellas fue incorporada como prioritaria en el proyecto de empedrado y macadamización de varias calles de la ciudad y en el de alumbrado que se lograría finalizar en la década de 1890. El asfalto llegó para la avenida en 1923 y fueron eliminados los canteros centrales.

     

    Los cambios de nombre

    Fue en plena acción de la república liberal (1888), cuando se cambió, por primera vez, el nombre de la Alameda de la Federación por el de Avenida Rivadavia, nombre que le fue devuelto por la gestión del intendente Juan Carlos Esparza en el año 1975 (ordenanza Nº 5.986 /75). Pero este cambio duró solo un año ya que la dictadura emitió el decreto nº 289 el l 17 de mayo de 1976, restituyendo la nominación de Rivadavia.

    Recién en agosto de 2010, esta importantísima y antigua avenida de la ciudad de Paraná, retomó su denominación histórica y plena de significado para Entre Ríos que ha hecho enormes aportes para el logro y defensa del régimen federal: Alameda de la Federación.

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